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EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 9-13: Misericordia quiero.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 9-13: Misericordia quiero.

Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la fiesta del apóstol y evangelista San Mateo. Acudo a la homilía, del Papa Francisco, realizada en su viaje apostólico a Cuba, el 21 de septiembre de 2015: “Celebramos la historia de una conversión. Él mismo, en su evangelio, nos cuenta cómo fue el encuentro que marcó su vida, él nos introduce en un “juego de miradas” que es capaz de transformar la historia. Un día, como otro cualquiera, mientras estaba sentado en la mesa de recaudación de los impuestos, Jesús pasaba, lo vio, se acercó y le dijo: “Sígueme”. Y él, levantándose, lo siguió. Jesús lo miró. Qué fuerza de amor tuvo la mirada de Jesús para movilizar a Mateo como lo hizo; qué fuerza han de haber tenido esos ojos para levantarlo.[…] Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero […] Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. […] Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado.[…] Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús[…] dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida. Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: “Sígueme”. Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó.[…] Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira. Comportamos su ternura y su misericordia con los enfermos, los presos, los ancianos, las familias en dificultad. Una y otra vez somos llamados a aprender de Jesús que mira siempre lo más autentico que vive en cada persona, que es precisamente la imagen de su Padre”.

Otro acento que nos destaca el pasaje evangélico de hoy es su predilección por los necesitados, necesitados de toda índole, que ha venido a sanar a los enfermos, a todos los que tienen la necesidad de ser curados: “he venido a llamar a los pecadores”. Podemos contemplar como para Dios nadie se queda en la cuneta, no deja a nadie sin solución, y en la medida que nos acercamos a Él vamos descubriendo las graves heridas que el pecado nos esta provocando. Es verdad que todos andamos heridos por el mal, y todos tenemos necesidad de su ayuda, de su gracia, para poder enfrentarnos, luchar y combatir el mal en nosotros.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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