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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 9,1-8: ¿Por qué pensáis mal? …para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad…

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 9,1-8: ¿Por qué pensáis mal? …para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad…

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
–¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron:
–Este blasfema.
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
–¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados –dijo dirigiéndose al paralítico–:
–Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un paralítico, un enfermo que no puede valerse por si mismo, que necesita de los demás, que no puede moverse. De modo figurado esa parálisis es lo que hace el pecado en nosotros, nos paraliza, nos incapacita para el bien, termina pasándonos una alta factura, hasta lograr la muerte del pecador. Es de agradecer los que acercan a Jesús, los que llevan al paralítico, los que son instrumento para el encuentro con quien les podía sanar, no pasa desapercibido para el Señor, “viendo la fe que tenían”, logran sacarle un milagro mayor, no solo la curación del cuerpo, sino algo más grande: “tus pecados te son perdonados”, la liberación de otro tipo de parálisis que termina matando.

Una vez más acudo a la catequesis del Papa Benedicto XVI sobre este pasaje evangélico, dada en el ángelus del 19 de febrero de 2006: “un paralítico, al que cuatro personas llevan en una camilla a la presencia de Jesús, que, al ver su fe, dice al paralítico:  “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. Al obrar así, muestra que quiere sanar, ante todo, el espíritu. El paralítico es imagen de todo ser humano al que el pecado impide moverse libremente, caminar por la senda del bien, dar lo mejor de sí.

En efecto, el mal, anidando en el alma, ata al hombre con los lazos de la mentira, la ira, la envidia y los demás pecados, y poco a poco lo paraliza. Por eso Jesús, suscitando el escándalo de los escribas presentes, dice primero:  “Tus pecados quedan perdonados”, y sólo después, para demostrar la autoridad que le confirió Dios de perdonar los pecados, añade:  “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”, y lo sana completamente. El mensaje es claro:  el hombre, paralizado por el pecado, necesita la misericordia de Dios, que Cristo vino a darle, para que, sanado en el corazón, toda su existencia pueda renovarse. […] La palabra de Dios nos invita a tener una mirada de fe y a confiar, como las personas que llevaron al paralítico, a quien sólo Jesús puede curar verdaderamente. […] Sólo el amor de Dios puede renovar el corazón del hombre, y la humanidad paralizada sólo puede levantarse y caminar si sana en el corazón. El amor de Dios es la verdadera fuerza que renueva al mundo.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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