Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
En el Evangelio de hoy, -recientemente proclamado, concretamente el domingo VI Pascua-, al celebrar la fiesta del apóstol San Matías nos lo volvemos a encontrar, el acento lo pondremos en esta ocasión en la elección: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca “.
El Papa Benedicto XVI dedico la Audiencia General del 18 de octubre de 2006 para acercarnos a la figura de San Matías, un amigo del Señor, la cual comparto: “después de Pascua, fue elegido para ocupar el lugar del traidor. En la Iglesia de Jerusalén la comunidad presentó a dos discípulos; y después echaron suertes: «José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías”. Precisamente este último fue el escogido y de este modo «fue agregado al número de los doce Apóstoles». No sabemos nada más de él, salvo que fue testigo de la vida pública de Jesús, siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como para compensar su traición. De aquí sacamos una última lección: aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador”.
Para la elección de San Matías podemos señalar que las condiciones exigibles, -por así decir-, son que tenga experiencia de Jesus y testigo de su resurrección, es decir, experiencia del Dios vivo. Se pone de relieve la necesidad de que el nuevo elegido sea testigo ocular de la predicación y de los hechos de Jesús a lo largo de su vida pública, y de modo especial de la Resurrección.
La llamada de Matías nos recuerda que la vocación recibida es un don siempre inmerecido. No sois vosotros los que me habéis elegido -les recordará Jesús en la Ultima Cena, y hoy leemos en el Evangelio de la Misa-, sino Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. La llamada o invitación al seguimiento siempre nos desborda, no solo por la misión tan grande, nos sigue sorprendiendo, al ver qué porque a mí y como conociendo el Señor mi pequeñez, muchísimo mejor que yo, porque insiste y me ofrece la oportunidad de servirle. Es desconcertante y grandioso a la vez.
Nos encontramos con la iniciativa en la llamada por parte del Señor y como siempre llama a los que Él quiere, misterio de amor. Detente un momento durante el día a darle gracias a Dios , porque ha pensado en ti, no eres fruto de una casualidad y quiere que seas instrumento suyo para los demás. Un día especial para agradecerle al Señor su llamada, su invitación, el que quiera seguir contando contigo. ¡Grande es el Señor!