Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
En el Evangelio de hoy, contemplamos al Señor llorando, viendo la resistencia de aquella gente a aceptar su salvación: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”. Ve la frialdad de un pueblo endurecido que no reconoce la visita de Dios en la persona y palabra de su propio Hijo. Jerusalén adquiere la categoría de símbolo, no solo de pueblo elegido, sino también de todo hombre, persona, comunidad, que ignoran la presencia de Dios rechazando su llamada amorosa a la conversión. Jerusalén significa “ciudad de paz” y el Señor llora porque entre las consecuencias de no acoger al Hijo de Dios se encuentra el que no conocerán la paz.
¡Si comprendiéramos en este día lo que nos conduce a la paz! Aceptar a Cristo por la fe y seguirlo fielmente es conquistar la vida; rechazarlo por la incredulidad y el desamor es granjearse ruina. “La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar, pues bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre; otra persona, que pueda salvarnos.”
El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta del 30 de marzo de 2017 aborda este pasaje evangélico: “recordamos cuándo Jesús ve Jerusalén y llora por ella: Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido recoger a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas; y vosotros no habéis querido”». […] Es necesario preguntarse entonces: «¿Dios llora por mí? ¿Me he alejado del Señor?».[…] «pensemos hoy en esta decepción de Dios, que nos ha hecho por el amor», mientras «nosotros vamos a buscar amor, bienestar, diversión en otras partes y no en su amor: nos alejamos de este Dios que nos ha levantado».”