Lc 21, 29-33: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán

Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
El Evangelio de hoy es una invitación al discernimiento evangélico y a la espera vigilante del Señor. Con la parábola de la higuera esta solicitando a sus discípulos que aprendan a ver los “signos de los tiempos”, el Concilio Vaticano II insistió con fuerza en el tema de los “signos de los tiempos”: “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos. Es necesario comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones” (G.S. 4). Igual que la naturaleza nos presenta señales que nos muestran otros acontecimientos venideros, pide a sus seguidores,  que aprendan a ver las señales del reino, a leer los hechos con mirada de fe, a no perder la esperanza, a confiar con la certeza de que sus palabras se cumplen.
Concluye el pasaje evangélico con las palabras del Señor: “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. Palabras esperanzadoras, palabras que no fallan, palabras que aportan seguridad, palabras que nos ayudan a la fidelidad, palabras que nos invitan a tomarnos en serio toda Palabra que sale de la boca de Dios, palabras que nos hablan que tu Palabra es viva y eficaz, palabras que pueden llenar de sentido y plenitud toda una vida, palabras que nos invitan a reflexionar que nada perdura en el tiempo, sólo Él es eterno, sólo Dios permanece.
    El Papa Francisco comenta este pasaje evangélico, en la Misa matutina de Santa Marta ,el 29 noviembre de 2013: “El Evangelio es toda una invitación a «pensar en cristiano», porque «un cristiano no piensa sólo con la cabeza, piensa también con el corazón y con el espíritu que tiene dentro» […] el Señor «con ejemplos sencillos enseña a los discípulos a comprender lo que sucede». […] “pensar en cristiano”, para poder «comprender los signos de los tiempos». […] «el espíritu del mundo no quiere que nos preguntemos delante de Dios: ¿por qué sucede ésto?». Y para distraernos de las preguntas esenciales, «nos propone un pensamiento pret-à-porter, según nuestros gustos: yo pienso como me gusta».[…] «Jesús nos pide que pensemos libremente, pensar para comprender lo que sucede».[…] es precisamente el Espíritu quien nos dona «la inteligencia para comprender». Se trata de un regalo personal realizado a cada hombre, gracias al cual «yo debo comprender por qué me sucede esto a mí» y «cuál es el camino que el Señor quiere» para mi vida. De aquí la exhortación conclusiva a «pedir al Señor Jesús la gracia que nos envíe su espíritu de inteligencia», para que «no tengamos un pensamiento débil, un pensamiento uniforme, un pensamiento según nuestros gustos», para tener, en cambio, «sólo un pensamiento según Dios». Y «con este pensamiento —de mente, de corazón y de alma— que es don del Espíritu», buscar comprender «qué significan las cosas, comprender bien los signos de los tiempos».”
Jesús Aguilar Mondéjar
Jesús Aguilar Mondéjar

Consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Cartagena.

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