Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
El Evangelio de hoy nos propone la parábola evangélica de los dos hijos enviados por el padre a trabajar en su viña. El Papa Benedicto XVI nos comenta dicho pasaje evangélico en la homilia dada el 25 de septiembre de 2011 y añade en su meditación un tercer hijo, presentándonos así el proceder de Jesucristo tan distinto a estos dos hijos: “El primer hijo dice no, pero después hace lo que se le ordena. El segundo dice sí, pero no cumple la voluntad del padre. El tercero dice “sí” y hace lo que se le ordena. Este tercer hijo es el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo, que nos ha reunido a todos aquí. Jesús, entrando en el mundo, dijo: “He aquí que vengo… para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad”. Este “sí”, no solamente lo pronunció, sino que también lo cumplió y lo sufrió hasta en la muerte. […] Jesús ha cumplido la voluntad del Padre en humildad y obediencia, ha muerto en la cruz por sus hermanos y hermanas – por nosotros – y nos ha redimido de nuestra soberbia y obstinación. Démosle gracias por su sacrificio, doblemos las rodillas ante su Nombre y proclamemos junto con los discípulos de la primera generación: “Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.
La vida cristiana debe medirse continuamente con Cristo: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”, escribe san Pablo en la introducción al himno cristológico. Y algunos versículos antes, él ya nos exhorta: “Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir”. Así como Cristo estaba totalmente unido al Padre y le obedecía, así sus discípulos deben obedecer a Dios y tener entre ellos un mismo sentir. Queridos amigos, con Pablo me atrevo a exhortaros: Dadme esta gran alegría estando firmemente unidos a Cristo. […] Pablo une la llamada a la humildad con la exhortación a la unidad. Y dice: “No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás”. La vida cristiana es una pro-existencia: un ser para el otro, un compromiso humilde para con el prójimo y con el bien común. Queridos fieles, la humildad es una virtud que en el mundo de hoy y, en general, de todos los tiempos, no goza de gran estima, pero los discípulos del Señor saben que esta virtud es, por decirlo así, el aceite que hace fecundos los procesos de diálogo, posible la colaboración y cordial la unidad.”
En este pasaje evangélico es fácil verse reflejado en cualquiera de los dos hermanos, ya que a veces con nuestros labios solemos decir si al Señor pero después, nuestra vida y nuestras acciones, lo desdicen; también tenemos algo del otro hermano porque en un principio nos sale nuestra mundanidad, nuestras quejas, nuestras pegas… pero, después, nuestra conciencia nos zarandea y terminamos realizando lo que a Dios le agrada. – algunas veces, no todas las que me gustaria- . Si algo nos expresa el pasaje de hoy es que lo importante es hacer la voluntad de Dios en nuestra vida y mucho más importante el que nuestras acciones sean las que expresen que obedecemos y queremos ser fieles a lo que Dios nos pide, no basta que se quede en buenas intenciones, “obras son amores y no buenas razones”, como expresa nuestro refranero.
Hay otra cuestión que quizás no me lo termino de creer y es que perfecto solo es Dios, y que tengo que comenzar a quererme con mis debilidades, fragilidades, incoherencias… incluso pecados, Dios me ama, sin ningun merito por mi parte, – no estoy justificando el pecado, estoy tomando conciencia que “pecador me concibió mi madre” y es el amor gratuito, bondadoso y desinteresado de Dios, el que me puede capacitar a hacer salir de mi pecado, y lograr el buscar corresponderle, a dejarme transformar por Él, que perfecto es Dios y yo no soy Dios, es verdad, que en la medida que vea mis faltas podré comenzar a no pasar factura a las faltas de mis prójimos, son tan limitados como yo, e intentar no juzgar, aceptarlos, y Dios quiera que pueda amarlos como son amados por Él.
Es el día del Señor, es domingo, día de la Resurrección, día de la victoria, del triunfo del bien sobre el mal, día consagrado a Ntro. Dios.