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EVANGELIO DEL DÍA Lc 10, 21-24: ¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 10, 21-24: ¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!

En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio nos destaca la actitud de acción de gracias realizada por el Señor, con su manera de proceder nos esta invitando a nosotros a detenernos un momento y nos hará bien entrar en la actitud del agradecimiento para con Dios, para con mi prójimo y para con nosotros mismos: Gracias, Señor, por… y gracias de nuevo por… recoger cada día la multitud de pequeños detalles, acciones, situaciones por las que agradecérselas al Señor. La acción de Gracias de Jesús nace de contemplar la acción que esta haciendo el Padre en el corazón de los hombres. Cuando uno descubre, lo grande que ha estado y está, el Señor con uno, le viene a la mente el Salmo: “¿cómo pagare al Señor todo el bien que me ha hecho?”, y lo único que quiere y desea, es corresponder a su amor.

También hoy nos destaca la sencillez. El sencillo es el que lucha contra la soberbia, combate la autosuficiencia. El sencillo aprende a hacerse pequeño, entra en la espiritualidad de hacerse niño, se sabe que por sus propias fuerzas no puede nada, “sin Mí no podéis hacer nada”, – me has advertido y yo no me lo termino de creer- . En la vida cristiana hay siempre dos elementos: la gracia de Dios y mi correspondencia.

En la Audiencia General del 7 de diciembre de 2011, el Papa Benedicto XVI, profundiza en esta expresión: “Pero, ¿qué significa «ser pequeños», sencillos? ¿Cuál es «la pequeñez» que abre al hombre a la intimidad filial con Dios y a aceptar su voluntad? ¿Cuál debe ser la actitud de fondo de nuestra oración? Miremos el «Sermón de la montaña», donde Jesús afirma: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». Es la pureza del corazón la que permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; es tener un corazón sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se cierra en sí mismo, pensando que no tiene necesidad de nadie, ni siquiera de Dios.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu) sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 8, 5-11: Señor, no soy digno.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 8, 5-11: Señor, no soy digno.

Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos;

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro del Señor con un centurión que pide por su criado, nos plantea el gran valor de la oración y concretamente, el poder de la oración de intercesión, son muchos los ejemplos que nos propone la Sagrada Escritura: Abraham intercede por los habitantes de Sodoma y Gomorra, desde la amistad con Dios media a favor del pueblo encomendado, pide la salvación de los inocentes, y va menguando el numero de los inocentes apelando a la bondad y misericordia de Dios; Moises, también aparece mediando entre Dios e Israel… pero Jesucristo es el único intercesor ante el Padre, acudimos al catecismo de la Iglesia Católica para acercarnos a este tipo de oración, miramos los puntos: “[2634] La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular. [2635] Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca “no su propio interés sino […] el de los demás”. [2636] La intercesión de los cristianos no conoce fronteras: “por todos los hombres, por […] por la salvación de los que rechazan el Evangelio.”

En el pasaje evangélico podemos apreciar que el centurión no pide para él, le presenta al Señor la necesidad de otro, y lo hace con mucha humildad, viéndose indigno, pecador, no merecedor de tal gracia y sin embargo, con gran confianza en el poder del Señor, “Di una sola palabra y mi siervo sanará”, el Señor queda admirado por su proceder y elogia sus palabras: “no he encontrado en nadie tanta fe”. El Señor valora la fe, la confianza.

El Papa Francisco en el ángelus del 6 de octubre de 2019 aborda el don de la fe: “«Auméntanos la fe». Una hermosa oración, que deberíamos rezar tanto durante el día: «¡Señor, auméntame la fe!». […] la fe, aunque sea pequeña, puede tener la fuerza […] nada es imposible para los que tienen fe, porque no se apoyan en sus propias fuerzas, sino en Dios, que lo puede todo.[…] ¿Cómo podemos entender si realmente tenemos fe, es decir, si nuestra fe, aunque minúscula, es genuina, pura y directa? Jesús nos lo explica indicando cuál es la medida de la fe: el servicio. […] se refleja en la alegría de estar al servicio de los demás, encontrando ya en esto nuestra propia recompensa y no en los premios y las ganancias que de ello se pueden derivar. […] el servicio humilde, cuyo ejemplo nos dio Jesús, lavando los pies a los discípulos. Que la Virgen María, mujer de fe, nos ayude a andar por esta senda.”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 24,37-44: Estad también vosotros preparados.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 24,37-44: Estad también vosotros preparados.

Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos invita a estar vigilantes, en espera de la última venida de Cristo. Empezamos un nuevo tiempo litúrgico, iniciamos el tiempo de Adviento, es un tiempo especialmente cargado de Esperanza y cada uno podemos preguntarnos: ¿yo qué espero? ¿a qué tiende mi corazón? Qué estamos anhelando para que nuestra vida recupere su orientación correcta, hacia el rostro de Dios.

Vuelvo a acercarme a la catequesis realizada por el Papa Francisco en el ángelus del 1 de diciembre de 2019:

“Hoy, primer domingo de Adviento, comienza un nuevo año litúrgico. En estas cuatro semanas de Adviento, la liturgia nos lleva a celebrar el nacimiento de Jesús, mientras nos recuerda que Él viene todos los días en nuestras vidas, y que regresará gloriosamente al final de los tiempos. Esta certeza nos lleva a mirar al futuro con confianza, como nos invita el profeta Isaías, que con su voz inspirada acompaña todo el camino del Adviento.

[…] El Adviento es el tiempo para acoger la venida de Jesús, que viene como mensajero de paz para mostrarnos los caminos de Dios.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos exhorta a estar preparados para su venida: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor». Velar no significa tener los ojos materialmente abiertos, sino tener el corazón libre y orientado en la dirección correcta, es decir, dispuesto a dar y servir. ¡Eso es velar! El sueño del que debemos despertar está constituido por la indiferencia, por la vanidad, por la incapacidad de establecer relaciones verdaderamente humanas, por la incapacidad de hacerse cargo de nuestro hermano aislado, abandonado o enfermo. La espera de la venida de Jesús debe traducirse, por tanto, en un compromiso de vigilancia. Se trata sobre todo de maravillarse de la acción de Dios, de sus sorpresas y de darle primacía. Vigilancia significa también, concretamente, estar atento al prójimo en dificultades, dejarse interpelar por sus necesidades, sin esperar a que nos pida ayuda, sino aprendiendo a prevenir, a anticipar, como Dios siempre hace con nosotros.

Que María, Virgen vigilante y Madre de la esperanza, nos guía en este camino, ayudándonos a dirigir la mirada hacia el “monte del Señor”, imagen de Jesucristo, que atrae a todos los hombres y todos los pueblos.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21, 34-36: Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21, 34-36: Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

PISTAS PARA LA MEDITACION:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la conclusión del discurso escatológico según la versión del evangelista San Lucas y acaba también el año litúrgico, en las celebraciones de esta tarde comenzamos el adviento.

En el pasaje evangélico continuamos con la exhortación a la vigilancia y está, muy unida a la oración, “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza” es la única manera de poder vencer la tentación. El Papa Benedicto XVI en el ángelus del 2 de diciembre de 2012 comenta este pasaje: “A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguir para estar preparados para la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a los discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y la inquietudes de la vida… Estad despiertos en todo tiempo, rogando». Por lo tanto, sobriedad y oración. […] extender un poco su reino de amor, de justicia y de paz.”

Se nos hace una llamada a estar despiertos, velando en oración y pidiendo a Dios fuerzas para perseverar hasta el final. El Señor vendrá en nuestra ayuda, si nuestra vida la intentamos construir en Él. Un modelo para nosotros es la Santísima Virgen María, hoy sábado día dedicado de una manera especial a Ella, podemos aprender con su HAGASE, buscando siempre lo que Dios quiere y queriendo aquello que agrada a Dios, no buscar ya mi realización sino llegar a esa realización siendo instrumento en las manos de quien tanto me ama.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21, 29-33: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21, 29-33: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el evangelio de hoy, con la parábola de la higuera realiza una invitación al discernimiento evangélico y a la espera vigilante del Señor. Podríamos decir que dos llamadas son las que nos realiza hoy:

La primera, en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos. Y la segunda llamada, es la esperanza, fundada en la firmeza de la palabra del Señor, que expulsa el miedo y la desesperanza. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. La palabra del Señor es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice acaecerá!, su palabra se cumple, se realiza.

La primera actitud ante los anuncios escatológicos, es… ¡la esperanza! La segunda actitud, es… ¡la confianza! La certeza de que Dios cumple sus promesas. Cree y confía. Las palabras finales del Evangelio son esperanzadoras, todo se puede venir abajo, puede parecer que nos hundimos, pero sus Palabras permanecen y nos sostienen, allí tenemos que acudir y encontrar la fuente que nos da la vida eterna. “Mis Palabras no pasaran”. Su Palabra eterna fundamenta nuestra espera, así como la esperanza confiada que elimina toda duda y el miedo.

El Papa Francisco comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 15 de noviembre de 2015: “La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria», que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo. […] También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21, 20-28: Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21, 20-28: Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Y cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción. Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son días de venganza para que se cumpla todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, continuamos con el lenguaje apocalíptico de esta última semana del tiempo ordinario. La primera parte del texto se refiere a la destrucción de Jerusalén, y la segunda parte, se refiere a la manifestación del Hijo del Hombre. Aquí se cumple la profecía de Daniel. Antes de la venida del Señor, el discurso nos describe una conmoción cósmica que precederá dicha venida. Sin embargo se nos advierte: “Cuando empiece a suceder estas cosas, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”. Una llamada a la esperanza. La esperanza del cristiano no es engañosa, pero no deja que la angustia y la desesperación arraigue en él. Vivamos apoyados en el amor de quien ha vencido y nos espera en la casa del Padre.

El Evangelio concluye con un grito de consuelo y de esperanza. No son la desgracia, la catástrofe y la muerte quienes tienen la última palabra, sino la gracia, la dicha y la vida, porque Cristo resucitado ha vencido a la muerte, el amor termina triunfando, se acerca nuestra liberación, que es ya realidad presente en Cristo Vivo y no mera promesa para el más allá. Quien tiene esperanza, vive de otra manera.

Aunque pasemos por dificultades, debemos “levantar la cabeza” y no permitamos que nos roben la alegría, porque hemos sido redimidos, ¡somos muy amados por Dios!. Este es uno de los pilares más fuertes que sostiene al creyente en medio de la adversidad.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21, 12-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21, 12-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy, nos recuerda una de las bienaventuranzas: “Dichosos cuando os persigan por mi causa, estad alegres y contentos”. No podemos ser ingenuos, tenemos que contar con la oposición, con las contrariedades que se irán presentando. ¡Animo!

La actitud a la que se nos invita es a la perseverancia, perseverar en los momentos difíciles. Ninguno es más que el Señor, si a Él lo persiguieron, en nuestro seguimiento a Él, tenemos que contar que tarde o temprano aparecerá en nuestras vidas, al entrar en contradicción con los valores de nuestra cultura, con la mundanidad tan reinante, es muy fácil que nos toque ir contracorriente, el seguidor de Cristo muchas veces entra en contraposición con los valores, pensamientos y actitudes del mundo: esta es la causa de los problemas. Ser seguidor de Cristo en un mundo de injusticia, de violencia, de deshonestidad, etc., no es sencillo y por lo general es la causa de la persecución o del rechazo de aquellos a los que el estilo de vida del Señor les resulta incomodo. ¡Ánimo! Hoy más que nunca, necesitamos ser valientes y mostrarnos al mundo como verdaderos discípulos del Señor. Él ha prometido ayudarnos y estar con nosotros. Seamos fieles hasta el final.

El Papa Francisco nos presenta toda una catequesis sobre la perseverancia, en el ángelus del 13 de noviembre de 2022: “Cristo lo revela en la última frase del Evangelio, cuando dice: «Con su perseverancia salvarán su vida». La perseverancia. ¿Qué cosa es esto? La palabra indica ser “muy severos”; pero ¿severos en qué sentido? […] Jesús nos pide que seamos “severos”, disciplinados, persistentes en lo que a Él le importa, en lo que importa. Porque, lo que realmente importa, muchas veces no coincide con lo que atrae nuestro interés: […] Jesús dice que nos centremos en lo que permanece, que evitemos dedicar nuestra vida a construir algo que luego se destruirá, […] de construir sobre su palabra, sobre el amor, sobre el bien. Ser perseverantes, ser severos y decididos para edificar aquello que no pasa.

Esto es, entonces, la perseverancia: es construir el bien cada día. Perseverar es permanecer constantes en el bien, especialmente cuando la realidad circundante empuja a hacer otra cosa. […] Perseverar, en cambio, es permanecer en el bien. […] Si perseveramos —nos recuerda Jesús— no tenemos nada que temer, ni siquiera en los acontecimientos tristes y difíciles de la vida, ni siquiera en el mal que vemos a nuestro alrededor, porque permanecemos anclados en el bien. Dostoievski escribió: “No tengas miedo de los pecados de los hombres, ama al hombre incluso con su pecado, porque este reflejo del amor divino es el culmen del amor en la tierra”. La perseverancia es el reflejo del amor de Dios en el mundo, porque el amor de Dios es fiel, es perseverante, nunca cambia.

Que la Virgen, sierva del Señor perseverante en la oración, fortalezca nuestra constancia.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 21,5-11: Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 21,5-11: Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, recientemente escuchado, hace dos domingos, nos anuncia la ruina del templo de Jerusalén, a pesar de su imponente belleza, el templo será arrasado hasta no quedar piedra sobre piedra, habrá guerras, violencia, terremotos, hambre… nos encontramos con todo una realidad desoladora, fatalista, derrotista: “no quedará piedra sobre piedra”, pero junto a este mensaje catastrofista, nos resuena también las palabras del Señor: “cielo y tierra pasaran, pero mis Palabras, se cumplirán”. Es posible que todo se tambalee pero no así la Palabra de Dios, que se cumple y se realiza. Por eso ante las malas noticias, no debemos dejarnos llevar del miedo, ni del pánico, que nadie os robe la esperanza – nos recuerda el Papa Francisco- , Dios siempre nos invita a la esperanza. Y puede ser un reto para dar testimonio, una oportunidad que se nos brinda para una mayor entrega, para poner mayor amor.

El Papa Francisco comenta este pasaje en el ángelus del 17 de noviembre de 2019: “El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico nos presenta el discurso de Jesús sobre el fin de los tiempos. […] Se sirve de dos imágenes aparentemente opuestas: la primera es una serie de acontecimientos aterradores: catástrofes, guerras, hambrunas, revoluciones y persecuciones; la segunda es tranquilizadora: «No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza». En primer lugar, una mirada realista a la historia, marcada por las calamidades y también por la violencia, por los traumas que hieren la creación, […] La segunda imagen, envuelta en la seguridad de Jesús, nos muestra la actitud que el cristiano debe adoptar al vivir esta historia, caracterizada por la violencia y la adversidad.

¿Y cuál es la actitud del cristiano? Es la actitud de esperanza en Dios, que nos permite no dejarnos abrumar por acontecimientos trágicos. En efecto, «esto os sucederá para que deis testimonio». Los discípulos de Cristo no pueden permanecer esclavos de los temores y de las angustias, sino que están llamados a vivir la historia, a detener la fuerza destructiva del mal, con la certeza de que la ternura providencial y tranquilizadora del Señor acompaña siempre su acción de bien. Esta es la señal elocuente de que el Reino de Dios viene a nosotros, es decir, que la realización del mundo se acerca como Dios quiere. Es Él, el Señor, quien dirige nuestras vidas y conoce el propósito último de las cosas y los acontecimientos.

El Señor nos llama a colaborar en la construcción de la historia, convirtiéndonos, junto a Él, en pacificadores y testigos de esperanza en un futuro de salvación y resurrección. La fe nos hace caminar con Jesús por las sendas de este mundo, muchas veces tortuosas, con la certeza de que el poder de Su Espíritu doblegará las fuerzas del mal, sometiéndolas al poder del amor de Dios. El amor es superior, el amor es más poderoso, porque es Dios: Dios es amor. […] Este es el tesoro más preciado que se nos ha dado y el testimonio más eficaz que podemos dar a nuestros contemporáneos, respondiendo al odio con amor, a la ofensa con el perdón. Incluso en nuestra vida diaria: cuando recibimos una ofensa, sentimos dolor; pero debemos perdonar de corazón. Cuando nos sintamos odiados, recemos con amor por la persona que nos odia. Que la Virgen María, por su intercesión maternal, nos sustente en nuestro camino cotidiano de fe, siguiendo al Señor que guía la historia.”

También hoy hacemos memoria de una mártir de la primitiva iglesia, Santa Cecilia, su nombre figura en el canon romano, consiguió la doble palma. Una tradición dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma. Se le propuso que renunciara a su fe y ella declaro que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Antes de morir repartió todos sus bienes entre los pobres y pidió al Papa Urbano que convirtiera su casa en un templo para orar.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 21, 1-4: Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 21, 1-4: Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas.

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con el desprendimiento que encarna la viuda y que el Señor resalta. Ella entrega a Dios todo lo que tiene. Nos recuerda la experiencia del Arzobispo Vietnamita, Van Thuan, después de una vida muy activa de Arzobispo por la persecución religiosa fue a parar en la cárcel, allí, su vida se vio muy modificada, y lo que más tenia era tiempo, cuando creía que apenas podía hacer nada por el Señor, fue cuando descubrió algo que le marco muchísimo: : “Dios me quiere a mí, no mis cosas”. La conducta de esta viuda nos enseña a dar con generosidad, aprendamos del mismo testimonio de Ntro. Señor, que no se guarda nada para sí, nos entrega su propia vida, nadie ama más que aquel que da su vida, y la da como un acto supremo de amor. Generosidad es compartir nuestro tiempo, cualidades, bienes… todo lo que somos. El Señor ve el grado de amor con que nos dedicamos a Él, a su servicio, a los demás.

El Papa Francisco comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 8 de noviembre de 2015: “ Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción y humildad, ha echado «todo lo que tenía para vivir»; por ello —dice Jesús— ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere ir a la mitad con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué bonito ejemplo esa viejecita!

Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro para juzgar no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Pensad esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud. No es cosa de billetera, sino de corazón. Hay diferencia entre billetera y corazón… Hay enfermedades cardíacas que hacen que el corazón se baje hasta la billetera… ¡Y esto no va bien! Amar a Dios «con todo el corazón» significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres, sin esperar nada a cambio.

[…]Pidamos al Señor que nos admita en la escuela de esta pobre viuda, que Jesús, con el desconcierto de los discípulos, hace subir a la cátedra y presenta como maestra de Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita.”

Celebramos hoy la Presentación de la Santísima Virgen al templo, fiesta dedicada a María donde se nos invita a hacer de nuestra vida una ofrenda al Señor. En este día queremos honrar a Nuestra Madre María. Según S. Agustín en la Anunciación, el ángel: “no la llama por su nombre terreno, María, sino por su nombre divino, tal como Dios la ve y la califica desde siempre: «Llena de gracia (gratia plena)», que si acudimos a la traducción del original griego sería:  «amada» por Dios.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 23, 35-43: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 23, 35-43: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Nos encontramos en el último domingo del año litúrgico y celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Pero el titulo de “Rey” referido al Señor, presenta muchos matices. En el Evangelio de hoy nos presenta la realeza de Jesús en el momento de la crucifixión. Desde el trono de la Cruz, acoge a todos los hombres con misericordia infinita. La Cruz es el signo de su realeza, ofreciéndose el Señor a sí mismo se convierte en el Rey del universo. ¿Cuándo Jesús se ha revelado rey? ¡En el evento de la Cruz! Quien mira la Cruz de Cristo no puede no ver la sorprendente gratuidad del amor. En ella vemos el poder del amor, que sabe sacar bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa.

La realeza a la que nos invita es muy distinta a como la entiende el mundo. No desde la lógica mundana que se apoya en la ambición, la competición, la ostentación, el poder, más bien, desde la lógica del evangelio, es decir desde la lógica del Señor, que se expresa en la entrega, la humildad, el servicio, la gratuidad, que se afirma silenciosamente pero eficazmente en la fuerza de la verdad. No es poder mundano, sino amor que sirve. Su reino no se ha de confundir en absoluto con ningún reino político. “Mi reino no es de este mundo… no es de aquí”.

Acudo a unos subrayados de la homilía del Papa Francisco del 20 de noviembre de 2016: “El Evangelio presenta la realeza de Jesús al culmen de su obra de salvación, y lo hace de una manera sorprendente. «El Mesías de Dios, el Elegido, el Rey» se muestra sin poder y sin gloria: está en la cruz, donde parece más un vencido que un vencedor. Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, pero sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas.

Verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo […]la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. […] Jesús se ha hecho el Rey de los siglos, el Señor de la historia: con la sola omnipotencia del amor, que es la naturaleza de Dios, su misma vida, y que no pasará nunca. Compartimos con alegría la belleza de tener a Jesús como nuestro rey; su señorío de amor transforma el pecado en gracia, la muerte en resurrección, el miedo en confianza.
En primer lugar, el pueblo: el Evangelio dice que «estaba mirando»: ninguno dice una palabra, ninguno se acerca. El pueblo esta lejos, observando qué sucede. […]

Hay un segundo grupo, que incluye diversos personajes: los jefes del pueblo, los soldados y un malhechor. Todos ellos se burlaban de Jesús. Le dirigen la misma provocación: «Sálvate a ti mismo». […] Cuántas veces hemos sido tentados a bajar de la cruz. La fuerza de atracción del poder y del éxito se presenta como un camino fácil y rápido para difundir el Evangelio, olvidando rápidamente el reino de Dios como obra. […]
En el Evangelio aparece otro personaje, más cercano a Jesús, el malhechor que le ruega diciendo: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Esta persona, mirando simplemente a Jesús, creyó en su reino. Y no se encerró en sí mismo, sino que con sus errores, sus pecados y sus dificultades se dirigió a Jesús.

Feliz día del Señor, feliz domingo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.