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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida.

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que un­gió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el en­fermo era su hermano Lázaro.
Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:
-«Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo:
-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos:
-«Vamos otra vez a Judea.»
Los discípulos le replican:
-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?»
Jesús contestó:
-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.»
Dicho esto, añadió:
-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»
Entonces le dijeron sus discípulos:
-«Señor, si duerme, se salvará.»
Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.
Entonces Jesús les replicó claramente:
-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.»
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
-«Vamos también nosotros y muramos con él.»
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Be­tania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros»; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará.»
Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siem­pre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
-«El Maestro está ahí y te llama.»
Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa conso­lándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adon­de estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acom­pañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:
-«¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron:
-«Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
-«¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron:
-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cu­bierta con una losa.
Dice Jesús:
-«Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice:
-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice:
-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado. »
Y dicho esto, gritó con voz potente:
-«Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo:
-«Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la vuelta a la vida de Lázaro. Lázaro ha muerto. La última palabra no la tiene el sepulcro, la muerte no es lo último. Muchos judíos están en casa de Marta y María para consolarlas por la pérdida del hermano. El Señor reta a Marta, no basta creer en la resurrección que tendrá lugar al final de los tiempos, no es cuestión de teoría, no se trata de tener buenos conocimientos, no se queda solo en el campo del intelecto sino que se debe creer que la Resurrección está ya presente hoy en la persona de Jesús. ¿Crees en mí? Nos dice el Señor: “Yo soy la resurrección y la vida”. Acoger al Señor es creer en la eternidad, es aspirar al cielo, es esperar, confiar, descansar en el Señor.

María llora, todos lloran. Jesús se conmueve. Muestra su gran humanidad sufriendo con el que sufre, conmoviéndose con los que lloran la perdida…, su corazón es sensible al dolor, muestra su amor abrazándose a la cruz, nos invita a morir para dar vida. ¡Que paradojas!

El Señor ordena quitar la piedra. – “Cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne”- Marta reacciona: «Señor, ya huele…pues lleva cuatro días». Humanamente imposible, tentados a tirar la toalla, ya no se puede hacer nada,… sin embargo el Señor nos muestra que Dios no deja a nadie sin su ayuda, para Dios nunca todo esta perdido, hasta los que están en el sepulcro pueden escuchar su voz, el que duerme puede ser despertado, nada nos separa del amor de Dios, ni siquiera la muerte. El amor es mas fuerte que la misma muerte. Llevamos semillas de eternidad, hemos sido marcados como propiedad del Señor desde nuestro bautismo. Una vez más Jesús desafía a Marta y da un paso más, llamándola de nuevo a la fe en la resurrección, que es ahora, como un signo de la gloria de Dios: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Quitaron la piedra. Ante el sepulcro abierto y ante la incredulidad de las personas, Jesús se dirige al Padre. En su plegaria, ante todo, da las gracias al Padre: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas». Después grita en alta voz: «¡Lázaro, sal fuera!» Lázaro salió fuera. También nosotros somos llamados por nuestro nombre para abandonar todo lo que nos lleva a la muerte, nos llama a dejar nuestros pecados; el Señor nos llama para estar con Él que nos da la vida, y la vida en plenitud. Es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la fe sobre la incredulidad.

Hoy es domingo, se nos recuerda la victoria sobre la muerte, se nos invita a renovar la esperanza en el amor del Señor. Feliz día del Señor. Feliz domingo.
Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 7,40-53: Jamás ha hablado nadie como ese hombre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 7,40-53: Jamás ha hablado nadie como ese hombre.

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
– «Éste es de verdad el profeta.»
Otros decían:
– «Éste es el Mesías.»
Pero otros decían:
– «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron:
– «¿Por qué no lo habéis traído?»
Los guardias respondieron:
– «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.»
Los fariseos les replicaron:
– «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
_«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»
Ellos le replicaron:
– «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.»
Y se volvieron cada uno a su casa.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos resalta como los hombres se admiraban de las palabras de Jesús: “Jamas ha hablado nadie como ese hombre”. Sin embargo hay división de pareceres: Hay gente sencilla que lo reconoce, pero los sabios y conocedores de la Escritura son precisamente los que mayores dificultades plantean para creer. Nos vuelve a aparecer el personaje de Nicodemo, que en otro tiempo tuvo un encuentro con Jesús, vemos que interviene a favor de Jesús, Nicodemo que antes contacto de noche y en secreto por miedo a los judíos, es ahora quien da la cara por Él. Su miedo se ha cambiado en valentía. El encuentro que produce el regalo de la fe transforma y lo que antes era prudencia, miedo ahora pasa a ser un testimonio valiente, el tomar partido por el evangelio, el dar la cara por Cristo y por los hermanos.

El Papa Emérito, Benedicto XVI, desde su primera Encíclica ya nos resaltaba la importancia del encuentro personal con el Dios vivo, en la homilía del 26 de marzo de 2006 nos resalta como dicho encuentro es crucial: “la cruz debe estar en el centro de nuestra meditación; en ella contemplamos la gloria del Señor que resplandece en el cuerpo martirizado de Jesús. Precisamente en esta entrega total de sí se manifiesta la grandeza de Dios, que es amor.

Todo cristiano está llamado a comprender, vivir y testimoniar con su existencia la gloria del Crucificado. La cruz —la entrega de sí mismo del Hijo de Dios— es, en definitiva, el «signo» por excelencia que se nos ha dado para comprender la verdad del hombre y la verdad de Dios:  todos hemos sido creados y redimidos por un Dios que por amor inmoló a su Hijo único. Por eso, como escribí en la encíclica Deus caritas est, en la cruz «se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo:  esto es amor en su forma más radical”.

¿Cómo responder a este amor radical del Señor? El evangelio nos presenta a un personaje de nombre Nicodemo, miembro del Sanedrín de Jerusalén, que de noche va a buscar a Jesús. Se trata de un hombre de bien, atraído por las palabras y el ejemplo del Señor, pero que tiene miedo de los demás, duda en dar el salto de la fe. Siente la fascinación de este Rabbí, tan diferente de los demás, pero no logra superar los condicionamientos del ambiente contrario a Jesús y titubea en el umbral de la fe.

¡Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la misericordia divina, y esperan un «signo» que toque su mente y su corazón! Hoy, como entonces, el evangelista nos recuerda que el único «signo» es Jesús elevado en la cruz:  Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. Este es el anuncio central de la Iglesia, que no cambia a lo largo de los siglos. Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado. De esta experiencia, que es individual y comunitaria, surge un nuevo modo de pensar y de actuar:  como testimonian los santos, nace una existencia marcada por el amor.

[…]  «A la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado le ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y suscita de nuevo la esperanza. Es un amor que convierte los corazones y da la paz». El Papa, -(se refiere a San Juan Pablo II)- en ese último texto, que es como un testamento, añadió:  «¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina!» (Regina Caeli, n. 2:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 8 de abril de 2005, p. 5).”

Que este sábado día especial mariano, día para contemplar a nuestra Madre y mostrarle un poco de nuestro agradecimiento.
Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 7,1-2.10.25-30: Se acercaba la fiesta judía de las tiendas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 7,1-2.10.25-30: Se acercaba la fiesta judía de las tiendas.

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
– «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
– «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El evangelista ya nos pone en alerta “los judíos trataban de matarlo” “tampoco sus hermanos creían en él” nos anticipa la persecución del justo, vemos el destino del Señor sufriendo el rechazo de sus contemporáneos, tuvo que subir a la fiesta escondiéndose, no abiertamente. Nos consuelan mucho las palabras del Salmo: “aunque el justo sufra muchos males, de todos los libra el Señor”. Pero duele ver como los suyos habiendo sido testigos de cantidad de obras en beneficio de las gentes, de haber oído sus enseñanzas y palabras, pero aun así, no lo conocían, porque cerraban su corazón a Él.

El Papa Benedicto XVI en su primera encíclica ya nos advertía que ser cristiano no se trata de saber mucho sobre Jesús, “no comienza uno a ser cristiano sabiendo muchas cosas sobre Jesús, sino teniendo un encuentro personal con el Dios vivo”. Este tiempo de cuaresma se nos esta invitando a acogerle, a escuchar su Palabra, a descubrir su cercanía, el Señor quiere colmar la sed de amor que anhela todo corazón, desea llenar de plenitud y vida nuestra existencia. En otras palabras, tiene sed de que correspondamos a su inmenso amor. ¡Que descubramos que nadie nos ama como Él!

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5,31-47: ¡y no queréis venir a mí para tener vida!

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 5,31-47: ¡y no queréis venir a mí para tener vida!

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta la dureza del corazón de los contemporáneos de Jesús, se resisten a creer: “no creéis” -les dice-, “¡Y no queréis venir a mí para tener vida!, “no me recibisteis”, sin embargo les dice: “No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre”. El Señor quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y se salven, busca el bien de sus interlocutores, no es el dolor de un corazón herido por el desprecio o el rechazo, es un corazón herido por amor a ellos, que deseándoles lo mejor, no lo ven, lo ignoran y con esa manera de proceder se están haciendo daño, y los mayores perjudicados son los que rehusan y se resisten a acoger su palabra y su mensaje, no son conscientes del mal tan grande que se están haciendo, por eso, el dolor del Señor es mayor, no por afán de proselitismo sino por desearles lo mejor y observar de lo que se están privando, su actitud le acarrea consecuencias en su día a día, con su ignorancia, desconocimiento y se están perdiendo una vida en plenitud.

Son muchos los que todavía no conocen el amor de Dios, es una tarea de todo cristiano no cruzarse de brazos y hacer todo lo que dependa de él para ser instrumento que pueda acercar a quien puede llenar nuestras vidas de plenitud, con nuestras acciones, con la entrega y ofrenda de nuestras vidas podremos interrogar y contagiar el gran don que hemos recibido y se nos ha entregado, llevamos un gran tesoro en vasijas de barro -como decía el apóstol, San Pablo- tenemos un gran reto: Muchos esperan sin saberlo, no son conscientes de lo que se están perdiendo, pero por amor y como respuesta al gran amor que Dios nos tiene , nos urge que puedan también acoger a quien va a saciar todas las hambres y sed de dicha, felicidad y amor.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,26-38: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,26-38: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
-«No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

La Iglesia celebra hoy el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios. Esta Solemnidad, es una fiesta del Señor. Sin embargo, los textos hacen referencia especialmente a la Virgen, y durante muchos siglos fue considerada como una fiesta mariana. La Tradición de la Iglesia reconoce un estrecho paralelismo entre Eva, madre de todos los vivientes, por quien con su desobediencia entró el pecado en el mundo, y María -nueva Eva-, Madre de la humanidad redimida, por la que vino la Vida del mundo: Jesucristo nuestro Señor.

El Evangelio de hoy, nos presenta la Anunciación, nos sorprende el dialogo del Ángel cuando comunica a la Santísima Virgen: «El Señor está contigo». Es llamada por el Ángel: “Llena de Gracia” y la gracia no es más que el amor de Dios, podríamos traducirlo por “amada” por Dios.

En María y con María, Dios dice a cada uno de nosotros, hoy, todavía una vez y para siempre: «Es bueno que tu existas. Yo te lleno de toda Gracia». La Señal verdadera es Su Hijo entre nosotros.

Tenemos la dicha de contar con la catequesis dada por el Papa Francisco al comentarnos este pasaje evangélico, en la homilia del 25 de marzo de 2017: “Acabamos de escuchar el anuncio más importante de nuestra historia: la anunciación a María. […] la alegría de la salvación comienza en la vida diaria de la casa de una joven de Nazaret. Dios mismo es el que toma la iniciativa y elige insertarse, como hizo con María, en nuestros hogares, en nuestras luchas diarias, llenas de ansias y al mismo tiempo de deseos. […] el anuncio más bello que podemos oír: «¡Alégrate, el Señor está contigo!». Una alegría que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en la forma en que miramos al futuro, en la actitud con la que miramos a los demás. Una alegría que se convierte en solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia todos. […] Lo primero que hace el ángel es evocar la memoria, abriendo así el presente de María a toda la historia de la salvación. Evoca la promesa hecha a David como fruto de la alianza con Jacob. María es la hija de la Alianza. […] La pertenencia al Pueblo de Dios.[…] Esta es una de nuestras riquezas. […] La posibilidad de lo imposible .«Nada es imposible para Dios»: así termina la respuesta del ángel a María. Parafraseando a san Ambrosio en su comentario sobre este pasaje, podemos decir: Dios sigue buscando corazones como el de María, dispuestos a creer incluso en condiciones absolutamente excepcionales. ¡Que el Señor aumente en nosotros esta fe y esperanza!”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5,1-3.5-16: ¿Quieres quedar sano?

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 5,1-3.5-16: ¿Quieres quedar sano?

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
– «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó:
– «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.»
Jesús le dice:
– «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
– «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó:
– «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron:
– «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
– «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta la escena de la curación del paralítico de la piscina de Betsaida. El Señor aprovecha las curaciones para mostrarnos que Él es el portador de una curación más profunda. El Señor le pregunta a aquel enfermo que llevaba tanto tiempo esperando poder quedar sano, ¿Quieres curarte? Es de suponer que le diría: Quiero, lo he deseado tanto tiempo, claro que si, sin embargo sorprende la respuesta, le presenta su dificultad, no tengo a nadie, no puedo, la respuesta es toda una dificultad, en el fondo de su alma se queja por la historia que le esta tocando llevar, la vida ha sido injusta conmigo, ya ni lo intento, me acostumbro a no poder. En cambio Ntro Señor le muestra su cercanía, le esta diciendo ¿qué quieres que haga por ti? ¿Qué es lo que verdaderamente necesitas? ¿Quieres curarte? Pues, colabora, sal de tu comodidad, levántate, ponte en camino, experimenta la alegría de la salvación.

También hoy el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros ¿quieres quedar sano? ¿En qué necesitas que el Señor venga en tu ayuda? ¿De qué está necesitado de curar, de sanar? Cuántas enfermedades nos acompañan y no todas son físicas, cuánta necesidad de vencer el mal, de ganarle la batalla al pecado. Necesitamos poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de los sacramentos (eucaristía y reconciliación), de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos, cuando dejamos que el pecado nos toque, ya que el pecado siempre nos paraliza y nos incapacita para amar. Tu vida puede cambiar si permites que Dios actué en ella.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 4,43-54: El hombre creyó en la palabra de Jesús.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 4,43-54: El hombre creyó en la palabra de Jesús.

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo:
– «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste:
– «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta:
– «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
– «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro con el funcionario real y como nos resalta que creyó él con toda su familia. La acción de Dios en su vida, el creer en la palabra dada por el Señor, el confiar, el esperar que se haría realidad hizo posible el milagro. En aquel padre intercediendo por su hijo, nos preguntamos: ¿Cómo sería su súplica? Le llevó al Señor su preocupación, su sufrimiento y dolores, y fue toda una oración de intercesión, pedía por otro, suplicaba por su hijo, el cual quería quizás más que a su propia vida, estaba presentando la enfermedad de su hijo y clamando por su sanación, vemos como el Señor no se desentiende de aquellos que les hacen participes de sus necesidades. La oración de intercesión la mueve el amor, el amor de aquel padre por su hijo, para ponerse en las manos del Señor, exige fe y siempre es fruto del amor. Difícilmente interpela uno al Señor sin fe, sin estar convencido que lo puede hacer posible, para orar es necesario tener aunque sea una pizca de fe, sino uno no sé pone, algo debería haberle llegado a aquel padre del poder de sanación del Señor, para ir a buscarlo, salirle a su encuentro y presentarle sus necesidades; la fe, la oración y la esperanza van muy unidas; a mayor oración, mayor confianza. El funcionario real hizo de la enfermedad de su hijo un motivo para orar y para creer en Jesús. En efecto, el sufrimiento es toda una escuela, y muchas veces logra ponernos delante de lo que es verdaderamente importante y de lo que es esencial. Presentemos hoy al Señor a todos los que son víctimas de esta epidemia del coronavirus, para que el Señor que todo lo puede, nos proteja, nos sane, nos cure ante esta enfermedad.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

Rezar 1

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Creo, Señor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Creo, Señor.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
El respondía:
-«Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
El contestó:
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy el cuarto domingo de cuaresma, denominado “Laetare”, es decir, toda una invitación a la Alegría, “alegraos” , nos invita a descubrir los motivos que tenemos para la alegría . ¿Cual es la razón profunda de esta alegría? Y se nos presenta la FE en la liturgia de la Palabra. Estamos cerca de la Pascua, de la victoria del Señor ante el mal, ante el pecado, y en el pasaje evangélico de hoy, nos habla de la fe del ciego de nacimiento que era viva y operante. ¡Qué ejemplo de fe nos da este hombre! ¿Qué tenía de especial el agua con la que se lavó? Nada. Pero el hombre cree. Pone por obra lo que le dice Jesús. Obedece. Se lava y vuelve con vista. Vemos en este ciego el proceso, comienza diciendo que ha sido un hombre que se llama Jesús, después lo cataloga como profeta y termina confesando su fe y postrándose ante Él: Yo Creo, Señor. Todo un camino de crecimiento adentrándose en lo que Dios ha obrado en Él.

En segundo lugar, este pasaje nos enseña que hemos de creer con tanta más fuerza cuanta mayores sean nuestras necesidades. No nos hemos de cansar de pedir, porque Jesús siempre nos escucha, Él no nos abandona. Pero hemos de aprender a pedir lo que es digno de Dios, no cosas superficiales o banales, buscando sobre todo cumplir su voluntad.

Por último, hemos de convertirnos, como aquel ciego de nacimiento, en testigos de Cristo, aunque todos querían acusar al Señor, él lo defiende y lo anuncia, incluso los interpela: “También queréis haceros discípulos de Él”. Anuncia al Señor que es la luz del mundo.

Feliz domingo, feliz día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 18,9-14: Parábola del fariseo y el publicano.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 18,9-14: Parábola del fariseo y el publicano.

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
-«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos pone delante la soberbia y la humildad. El fariseo orgulloso de sí mismo y el publicano que se siente indigno ante la presencia de Dios. Dos modelos, la Sagrada Escritura varias veces nos expresa que Dios detesta al soberbio y ensalza al humilde. Continuamente nos invita a aprender del Señor que es manso y humilde, y ese es el camino que nos llevará a la plenitud, todo lo contrario de la arrogancia, más bien, la humildad es una virtud indispensable, apetecible, estimada y buscada, disposición necesaria para capacitarnos para descubrir a Dios, es la que nos acerca al camino de ir decreciendo, reconocer ante Dios nuestra pequeñez, sentirnos pequeños ante el creador, ver los limites de lo que nos es propio y abrirnos a la Verdad más grande.

Comparto la Audiencia General del 1 de junio de 2016 donde el Papa Francisco nos ofrece toda una catequesis comentando el pasaje evangélico de hoy: “Hoy, con otra parábola, Jesús quiere enseñarnos cuál es la actitud correcta para rezar e invocar la misericordia del Padre; cómo se debe rezar; la actitud correcta para orar. Es la parábola del fariseo y del publicano.

Ambos protagonistas suben al templo para rezar, pero actúan de formas muy distintas, obteniendo resultados opuestos. El fariseo reza «de pie», y usa muchas palabras. Su oración es, sí, una oración de acción de gracias dirigida a Dios, pero en realidad es una exhibición de sus propios méritos, con sentido de superioridad hacia los «demás hombres», a los que califica como «ladrones, injustos, adúlteros», como, por ejemplo, —y señala al otro que estaba allí— «este publicano». Pero precisamente aquí está el problema: ese fariseo reza a Dios, pero en realidad se mira a sí mismo. ¡Reza a sí mismo! En lugar de tener ante sus ojos al Señor, tiene un espejo. Encontrándose incluso en el templo, no siente la necesidad de postrarse ante la majestad de Dios; está de pie, se siente seguro, casi como si fuese él el dueño del templo. Él enumera las buenas obras realizadas: es irreprensible, observante de la Ley más de lo debido, ayuna «dos veces por semana» y paga el «diezmo» de todo lo que posee. En definitiva, más que rezar, el fariseo se complace de la propia observancia de los preceptos. Pero sus actitudes y sus palabras están lejos del modo de obrar y de hablar de Dios, que ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores. Al contrario, ese fariseo desprecia a los pecadores, incluso cuando señala al otro que está allí. O sea, el fariseo, que se considera justo, descuida el mandamiento más importante: el amor a Dios y al prójimo.

No es suficiente, por lo tanto, preguntarnos cuánto rezamos, debemos preguntarnos también cómo rezamos, o mejor, cómo es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar arrogancia e hipocresía. Pero, pregunto: ¿se puede rezar con arrogancia? No. ¿Se puede rezar con hipocresía? No. Solamente debemos orar poniéndonos ante Dios así como somos. No como el fariseo que rezaba con arrogancia e hipocresía. Estamos todos atrapados por las prisas del ritmo cotidiano, a menudo dejándonos llevar por sensaciones, aturdidos, confusos. Es necesario aprender a encontrar de nuevo el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es allí donde Dios nos encuentra y nos habla. Sólo a partir de allí podemos, a su vez, encontrarnos con los demás y hablar con ellos. El fariseo se puso en camino hacia el templo, está seguro de sí, pero no se da cuenta de haber extraviado el camino de su corazón.

El publicano en cambio —el otro— se presenta en el templo con espíritu humilde y arrepentido: «manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho». Su oración es muy breve, no es tan larga como la del fariseo: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Nada más. ¡Hermosa oración! En efecto, los recaudadores de impuestos —llamados precisamente, «publicanos»— eran considerados personas impuras, sometidas a los dominadores extranjeros, eran mal vistos por la gente y en general se los asociaba con los «pecadores». La parábola enseña que se es justo o pecador no por pertenencia social, sino por el modo de relacionarse con Dios y por el modo de relacionarse con los hermanos. Los gestos de penitencia y las pocas y sencillas palabras del publicano testimonian su consciencia acerca de su mísera condición. Su oración es esencial. Se comporta como alguien humilde, seguro sólo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedía nada porque ya lo tenía todo, el publicano sólo puede mendigar la misericordia de Dios. Y esto es hermoso: mendigar la misericordia de Dios. Presentándose «con las manos vacías», con el corazón desnudo y reconociéndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final, precisamente él, así despreciado, se convierte en imagen del verdadero creyente.

Jesús concluye la parábola con una sentencia: «Os digo que este —o sea el publicano — bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado». De estos dos, ¿quién es el corrupto? El fariseo. El fariseo es precisamente la imagen del corrupto que finge rezar, pero sólo logra pavonearse ante un espejo. Es un corrupto y simula estar rezando. Así, en la vida quien se cree justo y juzga a los demás y los desprecia, es un corrupto y un hipócrita. La soberbia compromete toda acción buena, vacía la oración, aleja de Dios y de los demás. Si Dios prefiere la humildad no es para degradarnos: la humildad es más bien la condición necesaria para ser levantados de nuevo por Él, y experimentar así la misericordia que viene a colmar nuestros vacíos. Si la oración del soberbio no llega al corazón de Dios, la humildad del mísero lo abre de par en par. Dios tiene una debilidad: la debilidad por los humildes. Ante un corazón humilde, Dios abre totalmente su corazón. Es esta la humildad que la Virgen María expresa en el cántico del Magníficat: «Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. […] su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen» (Lc 1, 48.50). Que nos ayude ella, nuestra Madre, a rezar con corazón humilde. Y nosotros, repetimos tres veces, esas bonita oración: «Oh Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador»”.

Es sábado, día especial mariano, día consagrado a la Bienaventurada Virgen María, día para entrar en la escuela de María y aprender de Ella y con Ella.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 12,28b-34: Escucha…: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 12,28b-34: Escucha…: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
– «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús:
– «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó:
– «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
– «No estás lejos del reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos vuelve a poner delante el mandamiento nuevo, parte de la consulta realizada por un letrado al Señor: ¿Que mandamiento es el primero de todos? Ante la pregunta de lo fundamental, del mandamiento primero. Podía ser considerada una pregunta trampa ya que los doctores de la ley mosaica la desglosaban en más de 600 preceptos, de los cuales: 248 eran prescripciones positivas y 365 eran prohibiciones, había que cumplir todos los preceptos, pues constituían la Torá, no era cuestión baladí el saber qué mandamiento es el principal. El Señor nos dice cuál es el más importante de toda la Sagrada Escritura: es el amor. “Amaras al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con toda tu mente, con todo el ser”.

¿Es el amor la tarea primordial en nuestra vida?.

El primer mandamiento de la ley es amar a Dios. Quien experimenta el amor de Dios no desea otra cosa que corresponderle. Los mandamientos que Dios nos da, no coartan nuestra libertad. Por el contrario, nos indican el camino de la felicidad.

Ante las felicitaciones dadas por el escriba, ¡Que humildad más grande la que nos muestra Ntro Señor! dejarse evaluar por los maestros de la ley: “tienes razón cuando dices” . Sin embargo, el Señor destaca que en su contestación, hay mucho que nos une, que nos acerca, y eso es de valorar: “No estas lejos del reino de Dios”. Como cambia nuestras relaciones cuando sabemos ver lo bueno en los que nos rodean.

Nos encontramos ya a unas alturas de la cuaresma, en este tiempo de gracia, que es importante que profundicemos en nuestra conversión a Dios y al hermano, avanzando por el camino de la fe y del amor.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.