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EVANGELIO DEL DÍA Lc 5, 17-26: Se marchó a su casa dando gloria a Dios.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 5, 17-26: Se marchó a su casa dando gloria a Dios.

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta la curación de un paralítico que necesita le intervención de otros para poder llegar al encuentro con el Señor.

Propongo un punto para nuestra reflexión el fijarnos en esos hombres que tienen que superar muchos obstáculos para poder llegar y llevar al encuentro con Cristo al enfermo. Estos hombres del Evangelio nos dan la gran lección de superar muchas dificultades, tienen poco de conformistas. Son los medios para llevar al encuentro con quien puede sanarle. Que grandioso todas las personas de las que se ha valido el Señor para que pudiéramos encontrarnos con Él. Un motivo más para agradecer hoy a tantas personas, con nombre y apellidos, que han sido un instrumento del Señor para nosotros, gracias a cada uno y en cada momento han sido todo un estimulo para acoger el regalo de la fe.

Otro de los temas para nuestra meditación es el mismo encuentro con el paralítico. Después se dio una gran transformación en su vida, supero su postración. El pecado nos hace vivir como inertes, atados al egoísmo. El paralítico viéndose curado, se convirtió en un testigo del Señor. Daba gloria a Dios. Sólo si dejamos que el Señor actué podremos ser apóstoles. Es importante tener experiencia de la acción de Dios en nuestra vida para poder testimoniar lo grande que ha estado el Señor con nosotros. Solo el que esta convencido puede convencer. Es necesario ver la acción de Dios en nuestras vidas, que mejor anuncio que lo que el Señor ha hecho y sigue haciendo en nuestra existencia. Lo grande que es el Señor. Gloria y alabanza siempre a Él.

Concluyo para centrar el pasaje evangélico con la reflexión del Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 19 de febrero de 2006: “El paralítico es imagen de todo ser humano al que el pecado impide moverse libremente, caminar por la senda del bien, dar lo mejor de sí. En efecto, el mal, anidando en el alma, ata al hombre con los lazos de la mentira, la ira, la envidia y los demás pecados, y poco a poco lo paraliza. Por eso Jesús, suscitando el escándalo de los escribas presentes, dice primero:  «Tus pecados quedan perdonados», y sólo después, para demostrar la autoridad que le confirió Dios de perdonar los pecados, añade:  «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa», y lo sana completamente. El mensaje es claro:  el hombre, paralizado por el pecado, necesita la misericordia de Dios, que Cristo vino a darle, para que, sanado en el corazón, toda su existencia pueda renovarse. […] Sólo el amor de Dios puede renovar el corazón del hombre, y la humanidad paralizada sólo puede levantarse y caminar si sana en el corazón. El amor de Dios es la verdadera fuerza que renueva al mundo”.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 3,1-6: Juan, hijo de Zacarías,… recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 3,1-6: Juan, hijo de Zacarías,… recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, S. Lucas nos presenta dos invitaciones: La conversión como crecimiento en el amor y la llamada a preparar el camino del Señor.

Nos pone como modelo a Juan el Bautista, que fue el precursor del Mesías. Juan recorría toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El Bautista es una figura importante, -el mayor de los profetas-. Podría ayudarnos acercarnos a la personalidad de Juan Bautista y aprender de él a vivir este tiempo de preparación para el Señor. A Juan Bautista le costo la vida su fidelidad a la verdad, murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y Herodías, uno suele afrontar la muerte como vive, la verdad marcó toda su existencia, Cristo es la Verdad, todo el que es de la verdad escucha la voz del Señor.

Otra característica: la austeridad, vivió en el desierto con gran penitencia, ayunos y predicando. Reconoció al que tenía que venir, y llevó al encuentro con el Mesías a sus discípulos: “Este es el Cordero de Dios”, tenía muy claro que quien tenia que crecer era el Salvador, y su misión era de disminuir, buscando la gloria de Dios. Hizo de su vida un servicio, acercando a todas las personas que entraban en contacto con él a la búsqueda de la voluntad de Dios, ayudó a iniciar procesos de conversión, ¿en mi situación, qué es lo que me esta pidiendo el Señor? ¿Cómo puedo agradar a Dios en este momento? ¿Cual es su voluntad? ¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Cómo puedo colaborar en su realización?.

En el pasaje de hoy nos muestra el camino de conversión: Hay que preparar el camino, allanar los senderos, elevar los valles, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso.

ALLANAR, tenemos que realizar una gran poda en nuestra vida, para nivelar y quitar todo lo que nos sobra de orgullo, de ira, de egoísmo, de abajar los humos, de prepotencia, de autosuficiencia,… son tantas cosas que se tienen que invertir para iniciarse en el camino de la humildad, de la pequeñez.
ELEVAR nuestra dignidad de hijos de Dios, crecer en amor, fe y esperanza. Nos falta tanto para poder decir como los santos: es Cristo quien vive en mí. Para que nuestra vida se encauce en los caminos del Señor, y querer lo que Dios quiera, cuando Él quiera y como Él quiera. Vivir en ese deseo de búsqueda de su voluntad y hacerla nuestra. ¡Cuánto tiene que ayudarnos el Señor con su gracia!

ENDEREZAR, volver a coger el rumbo, dejarnos guiar por el Espíritu Santo, buscar la voluntad de Dios en nuestra vida, ver el cambio como bueno, la transformación de nuestro corazón, mentalidad y conducta. En definitiva, comenzar por detectar el pecado en nuestras vidas y plantarle cara, se libra un gran combate, una gran lucha entre el pecado y la gracia, sabiendo que el pecado nos pasa factura y nos roba el gozo y la alegría, incapacitándonos para amar, y en cambio, la vida de gracia nos lleva a la plenitud produciendo frutos de santidad. Lo bueno es comenzar esta transformación y no retrasarla mas, saber como dice nuestro refranero que nunca es tarde si la dicha es buena, y este camino nos aporta multitud de beneficios.

Es domingo, día del Señor, que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DIA Mt 9,35-10,1.6-8: Se compadecía porque estaban «como ovejas que no tienen pastor».

EVANGELIO DEL DIA
Mt 9,35-10,1.6-8: Se compadecía porque estaban «como ovejas que no tienen pastor».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy aparece la actividad misionera del Señor. La jornada era muy intensa, muy cargada: “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia”.

El Anuncio del Reino impregna toda la persona, no se limita solo a enseñar, no solo anuncia la Buena Noticia sino que transforma la existencia de quien acoge el anuncio y también es curado de toda dolencia. Por eso el Evangelio ha ido acompañado siempre por los frutos de las acciones, no se ha quedado en el mundo de las ideas, sino que si se acoge el “Kerigma” el transformara nuestras vidas, por sus frutos los conoceréis y el mismo anuncio ira realizando la conversión en cada uno de nosotros, nos enviara a amar incluso a los que no nos aman, por eso anuncio y caridad van unidos.

En el pasaje de hoy se nos revela una vez más las entrañas de misericordia de Nuestro Señor, nos recuerda lo necesario que es un corazón compasivo. Le duele tremendamente encontrar a su gente tan desorientada, lo expresa con la imagen “de ovejas sin pastor”. ¡Cuantos viviendo una vida sin sentido!, sin saber que es bueno para ellos, desconociendo que les hace bien, tantos agobiados, cargados de tanto sufrimiento por la situación en la que se encuentran, cuantos privados de un futuro por la inmensidad de los problemas que les aborda. El Señor pone la compasión y no el juicio para poder ayudar. Compasión quiero viene a decirnos, aprender a unirnos al sufrimiento de los que nos rodean, no pasar de largo, resuena la imagen del buen samaritano tan necesaria para nuestro mundo, para nuestra gente.

Que tengas un buen día, encomiéndate de una manera especial hoy a la Santísima Virgen, y contémplala, siempre te ayudara a seguir y amar a su Hijo. Que tengas un buen día en el Señor.
J.A.M. (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 27-31: ¿Creéis que puedo hacerlo?

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 27-31: ¿Creéis que puedo hacerlo?

Cuando Jesús salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David». Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?». Contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!». Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy, nos presenta a dos ciegos que seguían a Cristo, pidiéndole a gritos su curación: “Ten compasión de nosotros”. El Papa Francisco en la Audiencia General del 27 de abril de 2016 profundiza sobre la compasión: “la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué quiere decir? Sufre con nosotros y nuestros sufrimientos Él los siente. Compasión significa «padecer con». El verbo indica que las entrañas se mueven y tiemblan ante el mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Nos está cerca y no nos abandona nunca. Cada uno de nosotros, que se haga la pregunta y responda en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con muchos problemas y tantas cosas?». Pensad en esto, y la respuesta es: «¡Sí!». Pero cada uno tiene que mirar en el corazón si tiene fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: es paciente y está siempre a nuestro lado.”

El Señor antes de actuar les pregunta: “¿Creéis que puedo hacerlo?”. Lo primero que les pide el Señor es que confíen en Él. Les invita a creer. Creer, pues no es sólo una forma de pensar, o una idea. Creer quiere decir acoger la Palabra de Dios hecha carne en Jesús y vivir de ella. Dejando que actué. El Señor procede uniendo el milagro a nuestra respuesta: “Que os suceda conforme a vuestra fe”. Me llama mucho la atención que siempre el Señor para obrar solicite la colaboración, varias veces en los evangelios aparece, recordar como corrigió a S. Pedro, cuando le invito a andar sobre las aguas y le dijo: ¿Por qué has dudado?, y varias veces los discípulos experimentaron esta corrección, como a tantos que sanó: “Se haga según tu fe”. Siempre lo une a la confianza en Él. En definitiva el Señor estará grande en nuestras vidas, si le dejamos obrar, si nos abandonamos a Él, si nos fiamos de Él, todo se reduce a confiar. ¡Ojala! Podamos decir como S. Pablo: Sé de quién me he fiado, y experimentemos como le ocurrió a él y escuchemos de parte de Nuestro Señor: “Te basta mi Gracia”.

También hoy celebramos la memoria de San Francisco Javier, un gran misionero español. –patrono de los misioneros-. Nació el 7 de abril de 1506 en el Castillo de Javier, Navarra. Fue el más pequeño de cuatro hermanos: Magdalena, Ana, Miguel y Juan, y fue su madre quién desde pequeño le enseño a rezar, acudiendo todos los días con él a la capilla del Castillo. Cursó estudios en París, donde conoció a quien sería después San Ignacio de Loyola, su vida le interrogo y le cuestiono la pregunta del Evangelio: ¿De que le vale a uno ganar todo si pierde su alma? Esta pregunta le cambio su forma de ser, lo que antes aspiraba a tener honores y fama pasa a otro orden. Fue ordenado sacerdote y parte hacia Lisboa. Propagó la fe cristiana como misionero por la India, Oceanía, Japón y China. En su último viaje, salió de la India con intención de llegar a China, pero cayó enfermo y falleció el 3 de diciembre de 1552, en la isla de Sancian.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 7, 21.24-27: El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 7, 21.24-27: El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy Nuestro Señor purifica la religiosidad de su tiempo. No basta decir “¡Señor, Señor!” Lo importante no es lo externo, ni unas ideas bonicas, ni siquiera decir unas bonitas palabras sobre Dios, esto no quiere decir que no sea importante la oración, hemos visto lo fundamental que es la oración en la vida de Cristo y para el cristiano es súper necesaria, pero será verdadera oración cuando transforme nuestras vidas, buscando la voluntad de Dios, queriendo estar en sintonía con su Espíritu.
¿qué es lo importante?
Lo importante es buscar la voluntad de Dios y que no se quede solo en buenos propósitos. Cuando uno descubre como es amado por Dios, eso mismo nos lleva a querer responder con amor a su gran Amor. Quien escucha y practica la palabra construye la casa sobre roca. ¿qué quiere decir eso? Que tiene cimientos, y eso tiene que ver que cuando lleguen las dificultades que pondrán a prueba la solidez de la edificación. Es lo que el Señor aviso a los discípulos que cuando vengan esos momentos difíciles tendremos ocasión para dar testimonio, para mostrar nuestro amor al Señor, amor a su Reino, amor a la iglesia, por eso, lo que aparentemente parece que es un mal o malo, puede transformarse en una ocasión para mostrar nuestro amor, puede ser una ocasión para un “plus” de amor, de entrega, de ofrecimiento, con lo cual, puede transformarse en un bien.

Tenemos la dicha de contar con el comentario del Papa Francisco sobre este pasaje evangélico, dado en la homilia del 26 noviembre de 2015, comenta: «Todos conocemos bien la parábola de Jesús sobre aquel hombre que edificó su casa sobre arena, en vez de hacerlo sobre roca. Cuando soplaron los vientos, se derrumbó, y su ruina fue grande. Dios es la roca sobre la que estamos llamados a construir. […]Él, el Hijo de Dios, es la roca. No hay otro fuera de Él. Como único Salvador de la humanidad, quiere atraer hacia sí a los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, para poder llevarlos al Padre. Él quiere que todos nosotros construyamos nuestra vida sobre el cimiento firme de su palabra. Este es el encargo que el Señor nos da a cada uno de nosotros. Nos pide que seamos discípulos misioneros, hombres y mujeres que irradien la verdad, la belleza y el poder del Evangelio, que transforma la vida. Hombres y mujeres que sean canales de la gracia de Dios, que permitan que la misericordia, la bondad y la verdad divinas sean los elementos para construir una casa sólida. Una casa que sea hogar, en la que los hermanos y hermanas puedan, por fin, vivir en armonía y respeto mutuo, en obediencia a la voluntad del verdadero Dios, que nos ha mostrado en Jesús el camino hacia la libertad y la paz que todo corazón ansía. Que Jesús, el Buen Pastor, la roca sobre la que construimos nuestras vidas, los guíe a ustedes y a sus familias por el camino de la bondad y la misericordia, todos los días de sus vidas.[…]«Estén firmes en la fe. No tengan miedo». «Porque ustedes pertenecen al Señor»

Jesús, ¿qué quieres que haga? Esta es la gran pregunta que he de ir contestando día a día. Ayúdame a no buscar justificaciones. Quiero dejarme transformar por ti, Señor, quiero seguirte. Deseo buscar lo qué esperas hoy de mí para aprovechar bien el regalo que me haces con este nuevo día, para vivirlo según tu voluntad.
Ayúdame, Señor.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 15, 29-37: Siento compasión de la gente.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 15, 29-37: Siento compasión de la gente.

Desde allí Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Los discípulos le dijeron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?». Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y algunos peces». Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos a Ntro. Señor conmoviendose ante las personas que le llevan con múltiples necesidades de curación y se “los ponían a sus pies”, los llevaban al encuentro de quien podía sanar sus enfermedades, aquel que podía sanar las heridas que padecían, lo acercaban a Él, posibilitaban el encuentro con quien podía curarlos. Aquellos discípulos estaban convencidos del poder de su maestro, no escatimaban esfuerzos, los estimaban por bien empleados, si lograban, que se encontraran con Él. He aquí una de la labor del discípulo, facilitar el encuentro con su Señor, hacer de medio con quien puede salvarlos. Son conscientes que solo son medios, que el que sana, el que cura, el que salva es el Señor.

Otro aspecto importante que nos muestra el corazón de Dios es como se compadece de la gente, “me da lastima”, “siento compasión” nos muestra su gran bondad, como ningún sufrimiento le es ajeno, no se desentiende de ningún dolor. Nos esta mostrando con su gran amor como debe ser nuestra manera de proceder y actuar. Nos esta invitando a la cercanía, difícilmente se puede percibir el sufrimiento de los otros, imposible conmoverse ante el dolor, desde la distancia, desde la lejanía, quedándonos de espectadores, el corazón se vuelve insensible, parece que no va conmigo, no nos afecta. Tenemos que aprender de su gran misericordia. El Señor que viene a salvar al que estaba perdido, no deja a nadie sin solución, viene a cargar con nuestras miserias para salvarnos.

Otro punto para nuestra meditación, es que cuenta con sus discípulos, como los implica en su misión: “¿Cuántos panes tenéis?” para el Señor no es poco lo que podamos entregarle, es verdad, que el milagro lo hace Él, pero agradece que le entreguemos nuestros panes y peces, es verdad que es muy poco, nuestra limitación es tan grande que uno experimenta la pequeñez para saciar la gran necesidad que hay, pero el Señor no mide con nuestras medidas, y por poco que le entreguemos, Él sigue haciendo el milagro. ¿Qué estas dispuesto a entregarle hoy al Señor?, ¿Tu tiempo?, ¿tus dones?, ¿tus talentos?, recuerda que lo poco lo hace grande y todo nos debe ayudar para crecer amando, como decía un santo muy nuestro: “En todo servir y amar”. El Señor te esta invitando a seguirle, a poder entregarle algo de ti.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 4, 18-22: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 4, 18-22: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro del Señor con Pedro y su hermano Andrés, nos relata la invitación al seguimiento y la misión dada a ellos de hacerles “pescadores de hombres”.

El Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del 14 de junio de 2006 nos acerca a la figura de San Andrés: “hoy hablamos del hermano de Simón Pedro, san Andrés, que también era uno de los Doce. La primera característica que impresiona en Andrés es el nombre:  no es hebreo, como se podría esperar, sino griego, signo notable de que su familia tenía cierta apertura cultural. Nos encontramos en Galilea, donde la lengua y la cultura griegas están bastante presentes. En las listas de los Doce, Andrés ocupa el segundo lugar, como sucede en Mateo y en Lucas, o el cuarto, como acontece en Marcos y en los Hechos de los Apóstoles . En cualquier caso, gozaba sin duda de gran prestigio dentro de las primeras comunidades cristianas.
El vínculo de sangre entre Pedro y Andrés, así como la llamada común que les dirigió Jesús, son mencionados expresamente en los Evangelios:  «Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos:  a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces les dijo:  «Seguidme, y os haré pescadores de hombres»». El cuarto evangelio nos revela otro detalle importante:  en un primer momento Andrés era discípulo de Juan Bautista; y esto nos muestra que era un hombre que buscaba, que compartía la esperanza de Israel, que quería conocer más de cerca la palabra del Señor, la realidad de la presencia del Señor.
Era verdaderamente un hombre de fe y de esperanza; y un día escuchó que Juan Bautista proclamaba a Jesús como «el cordero de Dios»; entonces, se interesó y, junto a otro discípulo cuyo nombre no se menciona, siguió a Jesús, a quien Juan llamó «cordero de Dios». El evangelista refiere:  «Vieron dónde vivía y se quedaron con él».
Así pues, Andrés disfrutó de momentos extraordinarios de intimidad con Jesús. La narración continúa con una observación significativa:  «Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Encontró él luego a su hermano Simón, y le dijo:  «Hemos hallado al Mesías», que quiere decir el Cristo, y lo condujo a Jesús», demostrando inmediatamente un espíritu apostólico fuera de lo común.
Andrés, por tanto, fue el primero de los Apóstoles en ser llamado a seguir a Jesús. Por este motivo la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de «Protóklitos», que significa precisamente «el primer llamado». Y no cabe duda de que por la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten entre sí de modo especial como Iglesias hermanas. Para subrayar esta relación, mi predecesor el Papa Pablo VI, en 1964, restituyó la insigne reliquia de san Andrés, hasta entonces conservada en la basílica vaticana, al obispo metropolita ortodoxo de la ciudad de Patrás, en Grecia, donde, según la tradición, fue crucificado el Apóstol.
Las tradiciones evangélicas mencionan particularmente el nombre de Andrés en otras tres ocasiones, que nos permiten conocer algo más de este hombre. La primera es la de la multiplicación de los panes en Galilea, cuando en aquel aprieto Andrés indicó a Jesús que había allí un muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos peces:  muy poco —constató— para tanta gente como se había congregado en aquel lugar. Conviene subrayar el realismo de Andrés:  notó al muchacho —por tanto, ya había planteado la pregunta:  «Pero, ¿qué es esto para tanta gente?»— y se dio cuenta de que los recursos no bastaban. Jesús, sin embargo, supo hacer que fueran suficientes para la multitud de personas que habían ido a escucharlo.
La segunda ocasión fue en Jerusalén. Al salir de la ciudad, un discípulo le mostró a Jesús el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente:  dijo que de esos muros no quedaría piedra sobre piedra. Entonces Andrés, juntamente con Pedro, Santiago y Juan, le preguntó:  «Dinos cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse». Como respuesta a esta pregunta, Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el fin del mundo, invitando a sus discípulos a leer con atención los signos del tiempo y a mantener siempre una actitud de vigilancia. De este episodio podemos deducir que no debemos tener miedo de plantear preguntas a Jesús, pero, a la vez, debemos estar dispuestos a acoger las enseñanzas, a veces sorprendentes y difíciles, que él nos da.

Los Evangelios nos presentan, por último, una tercera iniciativa de Andrés. El escenario es también Jerusalén, poco antes de la Pasión. Con motivo de la fiesta de la Pascua —narra san Juan— habían ido a la ciudad santa también algunos griegos, probablemente prosélitos o personas que tenían temor de Dios, para adorar al Dios de Israel en la fiesta de la Pascua. Andrés y Felipe, los dos Apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este pequeño grupo de griegos ante Jesús. La respuesta del Señor a su pregunta parece enigmática, como sucede con frecuencia en el evangelio de Juan, pero precisamente así se revela llena de significado. Jesús dice a los dos discípulos y, a través de ellos, al mundo griego:  «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo:  si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto». […] Andrés, fue el apóstol del mundo griego: así, tanto en la vida como en la muerte, se presentan como auténticos hermanos; una fraternidad que se expresa simbólicamente en la relación especial de las sedes de Roma y Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas.

Una tradición sucesiva, a la que he aludido, narra la muerte de Andrés en Patrás, donde también él sufrió el suplicio de la crucifixión. Ahora bien, en aquel momento supremo, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz distinta de la de Jesús. En su caso se trató de una cruz en forma de aspa, es decir, con los dos maderos cruzados en diagonal, que por eso se llama «cruz de san Andrés».

Según un relato antiguo —inicios del siglo VI—, titulado «Pasión de Andrés», en esa ocasión el Apóstol habría pronunciado las siguientes palabras:  «¡Salve, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo, que te has convertido en adorno de sus miembros, como si fueran perlas preciosas! Antes de que el Señor subiera a ti, provocabas un miedo terreno. Ahora, en cambio, dotada de un amor celestial, te has convertido en un don. Los creyentes saben cuánta alegría posees, cuántos regalos tienes preparados. Por tanto, seguro y lleno de alegría, vengo a ti para que también tú me recibas exultante como discípulo de quien fue colgado de ti… ¡Oh cruz bienaventurada, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor!… Tómame y llévame lejos de los hombres y entrégame a mi Maestro para que a través de ti me reciba quien por medio de ti me redimió. ¡Salve, oh cruz! Sí, verdaderamente, ¡salve!».

Como se puede ver, hay aquí una espiritualidad cristiana muy profunda que, en vez de considerar la cruz como un instrumento de tortura, la ve como el medio incomparable para asemejarse plenamente al Redentor, grano de trigo que cayó en tierra. Debemos aprender aquí una lección muy importante:  nuestras cruces adquieren valor si las consideramos y aceptamos como parte de la cruz de Cristo, si las toca el reflejo de su luz. Sólo gracias a esa cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y adquieren su verdadero sentido.

Así pues, que el apóstol Andrés nos enseñe a seguir a Jesús con prontitud , a hablar con entusiasmo de él a aquellos con los que nos encontremos, y sobre todo a cultivar con él una relación de auténtica familiaridad, conscientes de que sólo en él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.”

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

Centurión

EVANGELIO DEL DÍA Mt 8, 5-11: No he encontrado en nadie tanta fe.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 8, 5-11: No he encontrado en nadie tanta fe.

Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó: «Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy tenemos el encuentro del Señor con un militar, hombre de disciplina, un centurión, un hombre de mando, llevaban a su cargo una centuria, en torno a unos ochenta hombres. El encuentro con Jesús esta motivado por una petición de ayuda, no pide para él, nos encontramos con la petición de intercesión, le presenta el sufrimiento de su criado. ¡Cuanto bien podemos hacer por los demás!, no parece que sea difícil, simplemente con presentarle al Señor sus necesidades, parece fácil, pero nuestras preocupaciones a veces nos incapacitan para salir de nosotros mismos, para hablarle al Señor de los que nos rodean, para ver sus carencias, para ponernos en la piel del otro.

El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta del 15 de marzo de 2018 habla de la oración de intercesión e insiste que ella involucra, y requiere paciencia: “«es necesaria paciencia: nosotros no podemos prometer a alguien rezar por él y después terminar la cosa con un Padre Nuestro y un Ave María e irnos. No. Si tú dices que vas a rezar por otro, debes ir por este camino. Y es necesaria paciencia». […]«para la oración de intercesión se necesitan dos cosas: coraje, es decir, parresia, coraje y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche algo que le pido, debo ir, e ir, e ir, llamar a la puerta y llamo al corazón de Dios», y hacerlo «porque mi corazón está involucrado con ello. Pero si mi corazón no se involucra con esa necesidad, con esa persona por la que debo rezar, no será capaz ni siquiera del coraje ni de la paciencia».[…]el «camino de la oración de intercesión» está bien claro: «involúcrate; lucha; ve adelante; ayuna; piensa en David, cuando el niño se enfermó: ayuno, oración, para obtener la gracia de la sanación del niño. Luchó con Dios, no pudo ganar, pero su corazón estaba tranquilo: se jugó su propia vida por el hijo».[…]Es necesario, por lo tanto, concluyó el Papa, pedir al Señor «la gracia de rezar frente a Dios con libertad, como hijos; rezar con insistencia, rezar con paciencia. Pero sobre todo, rezar sabiendo que yo hablo con mi Padre y mi Padre me escuchará».

Continuando con el pasaje, destacar como diría S. Agustín, en su sermón 62 en la humildad: “La humildad. No soy digno de que entres bajo mi techo. Eso alabó, y porque eso alabó, esa era la puerta por la que el Señor entró. La humildad del centurión era la puerta para el Señor, que entraba a poseer más plenamente a quien ya poseía”.
Contemplando a Ntro. Señor vemos que redimió la humanidad por medio de su actitud de obediencia y humillación, el camino fue el del anonadamiento. Nos invita a aprender de él que es manso y humilde para encontrar nuestro descanso. Esto si es ir contracorriente, Dice la santa, Teresa de Jesús, “Aparecer ante los demás como humildes es relativamente fácil. Serlo de veras, matar el amor propio, enterrarlo bien enterrado muchos metros bajo la tierra, sobrepuja las humanas posibilidades”. Es necesario que pidamos a Dios este don tan importante. Adviento , este tiempo de gracia que acabamos de comenzar es todo un trayecto para el anonadamiento, para descubrir la grandeza de la pequeñez, de hacernos pequeños, de entrar por este caminito – como diría Sta Teresita del Niño Jesús- , un camino para ir de la mano de Nuestra Madre, María, Ella que tiene mucho que enseñarnos de humildad, “ha mirado la humillación de su esclava”. Como bien proclama en la alabanza de la oración del magníficat, proclamando la grandeza de Dios, se ha fijado, me bendecirán pero quien ha estado grande ha sido Dios, toda la gloria para él. este militar, del pasaje evangélico se declara indigno, acostumbrado a ser obedecido reconoce en el Señor una autoridad, le pide solamente una palabra, al Señor le maravilla su actuación, se quedó admirado y resalta su fe, “no he encontrado en nadie tanta fe”. Una fe que cree sin ver, de un hombre que tiene su confianza en el Señor que no duda que tiene poder para hacer lo que le esta pidiendo, cree en su palabra que es viva y eficaz, creer es la seguridad de lo que no se ve y no necesita que se desplace ya que una sola palabra suya bastara para la sanación, para ser curado, para salvarle. Logra sorprender al Señor. ¡Que grande! El Señor se sorprende con nuestra capacidad de amor, cuando recorremos el camino de la humildad, -este soldado tenia plena conciencia de su indignidad, no era fingida- , ante el Señor todos somos mendigos, todos andamos faltos de sus dones, todos necesitamos su amor. Pero el Señor esta deseando saciarnos, el adviento despierta en nosotros el deseo que Dios venga a nuestras vidas y las transforme. ¡Ven, Señor Jesús!

Que tengas un buen día.
J.A.M (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 21,25-28.34-36: Verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 21,25-28.34-36: Verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Con el inicio del Adviento se abre una nueva etapa. Es un momento especial de gracia, tiempo favorable, tiempo de bendición. El Evangelio nos invita a vigilar, a estar atentos. El Señor nos habla del final de los tiempos pero nos invita a no tener miedo y quiere que tengamos esa misma actitud de atención, de cuidado, de vigilancia.

Cuantos santos han vivido y nos recomienda tomarnos nuestra vida en plenitud y para ello, nos puede ayudar el vivir cada cosa, cada acontecimiento, cada acción, como si fuera la última vez, sopesar cada cosa, nuestras acciones con este prisma de final.

El Evangelio de hoy nos presenta una serie de imágenes con las que el Señor exhorta a la vigilancia, en espera de su retorno. Él viene a librarnos del mal mortal que es el pecado. ¡Cristo viene! No es un Dios lejano, desinteresado de nosotros o de nuestras cosas, se trata de un Dios Amor, Padre misericordioso.

Éste es un tiempo espiritual de esperanza, es un período que se nos brinda que Dios nos regala. ¡Salgamos al encuentro del Señor! El Señor está cerca, no cesa de llamar a nuestra puerta y busca nuestra acogida. ¿Estamos dispuestos a recibir al Señor, a darle nuestro tiempo y nuestra vida? Éste es el sentido del Adviento: que el Señor no solo vino en el pasado, que el Señor vendrá en su gloria y que el Señor viene aquí y ahora, si en el principio se presento desde la humildad, la pequeñez y el anonadamiento y su venida será en la gloria, en el hoy su venida esta oculta en el otro, en el prójimo, en los acontecimientos, en nuestra historia, en su Palabra, “Yo estaré con vosotros siempre”. Tiempo para detectar su presencia y acogerlo, servirle y amarle.

Terminamos con unas palabras del Papa Benedicto XVI: “Así pues, comencemos este nuevo Adviento —tiempo que nos regala el Señor del tiempo— despertando en nuestros corazones la espera del Dios-que-viene y la esperanza de que su nombre sea santificado, de que venga su reino de justicia y de paz, y de que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo. En esta espera dejémonos guiar por la Virgen María, Madre del Dios-que-viene, Madre de la esperanza, a quien celebraremos dentro de unos días como Inmaculada. Que ella nos obtenga la gracia de ser santos e inmaculados en el amor cuando tenga lugar la venida de nuestro Señor Jesucristo, al cual, con el Padre y el Espíritu Santo, sea alabanza y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Homilía del 2 de diciembre del 2006)

Feliz domingo, feliz día del Señor.
Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21, 34-36: Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21, 34-36: Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

PISTAS PARA LA MEDITACION:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la conclusión del discurso escatológico según la versión del evangelista San Lucas y acaba también el año litúrgico, en las celebraciones de esta tarde comenzamos el adviento.

En el pasaje evangélico continuamos con la exhortación a la vigilancia y está, muy unida a la oración, “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza” es la única manera de poder vencer la tentación. El Papa Benedicto XVI en el ángelus del 2 de diciembre de 2012 comenta este pasaje: “A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguir para estar preparados para la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a los discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y la inquietudes de la vida… Estad despiertos en todo tiempo, rogando». Por lo tanto, sobriedad y oración. […] extender un poco su reino de amor, de justicia y de paz.”

Se nos hace una llamada a estar despiertos, velando en oración y pidiendo a Dios fuerzas para perseverar hasta el final. El Señor vendrá en nuestra ayuda, si nuestra vida la intentamos construir en Él. Un modelo para nosotros es la Santísima Virgen María, hoy sábado día dedicado de una manera especial a Ella, podemos aprender con su HAGASE, buscando siempre lo que Dios quiere y queriendo aquello que agrada a Dios, no buscar ya mi realización sino llegar a esa realización siendo instrumento en las manos de quien tanto me ama.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.