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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13,22-30: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,22-30: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
-Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
-Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados».
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar acerca de la salvación. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dios desea lo mejor para cada uno de nosotros, Dios quiere nuestra plenitud, quiere saciar la sed de dicha que anhela el corazón del hombre, sin embargo, Dios no impone la salvación, Dios la ofrece, pero necesita la respuesta positiva y la acogida del hombre. Ante la pregunta que le realizan de si son pocos los que se salven, el Señor no entra en responder a la cuestión si serán muchos o pocos quienes se salvaran, invita más bien a esforzarse, nos esta diciendo que no será un camino fácil, lleva esfuerzo, entrega, sacrificio… en palabras del Papa Francisco, ángelus del 21 de agosto de 2016: “Es el amor que salva, el amor que ya en la tierra es fuente de bienaventuranza de cuantos, en mansedumbre, en la paciencia y en la justicia, se olvidan de si mismos y se entregan a los demás, especialmente a los más débiles”. Otra llamada de atención del pasaje evangélico de este domingo esta en la posible respuesta dada por el Señor a los que se creen con derechos: “no sé quienes sois”, el hecho de salvarse o no, no depende de cumplir una serie de ritos, es peligroso considerarse con derecho a salvarse, depende de vivir en comunión con Dios, es imposible por uno mismo, es por pura gracia, es Dios quien salva y eso se manifiesta en el modo de vivir. En palabras del Papa emérito, Benedicto XVI: “La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir: se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación.”

Para la meditación de hoy, una vez más, acudo a las palabras del Papa Benedicto XVI, en el Angelus del 26 de agosto de 2007:

“También la liturgia de hoy nos propone unas palabras de Cristo iluminadoras y al mismo tiempo desconcertantes. Durante su última subida a Jerusalén, uno le pregunta:  “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Y Jesús le responde:  “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán”. ¿Qué significa esta “puerta estrecha”? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos?

Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual:  nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta:  todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es “estrecha”. No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es “estrecho” porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo.

Una vez más, como en los domingos pasados, el evangelio nos invita a considerar el futuro que nos espera y al que nos debemos preparar durante nuestra peregrinación en la tierra. La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal. Él es el único Redentor, e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero con una sola condición, igual para todos:  la de esforzarse por seguirlo e imitarlo, tomando sobre sí, como hizo él, la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos. Así pues, esta condición para entrar en la vida celestial es única y universal.

En el último día —recuerda también Jesús en el evangelio— no seremos juzgados según presuntos privilegios, sino según nuestras obras. Los “obradores de iniquidad” serán excluidos y, en cambio, serán acogidos todos los que hayan obrado el bien y buscado la justicia, a costa de sacrificios. Por tanto, no bastará declararse “amigos” de Cristo, jactándose de falsos méritos: “Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”. La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir:  se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación. Podríamos decir que este es el “carné de identidad” que nos distingue como sus “amigos” auténticos; es el “pasaporte” que nos permitirá entrar en la vida eterna.”

Es Domingo, día del Señor, día Consagrado al Señor, día de alabanza, día donde gustar anticipadamente el cielo, día eucarístico, día para vivir la acción de Gracias. ¡Feliz Domingo!

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 1,45-51: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 1,45-51: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice:
– «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó:
– «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
– «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
– «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta:
– «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
– «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó:
– «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió:
– «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos acercamos a un apóstol, Natanael (Bartolomé) su encuentro con Cristo podríamos catalogarlo de burlón: ¿puede salir algo bueno? Sin embargo el encuentro con el Señor le sorprende y le coloca delante de su vida, y el detalle de la higuera le toca el corazón, a partir de esas palabras dichas por el Señor, la actitud de Natanael es muy distinta, reconoce en el Señor a alguien muy especial, hasta hacer su propia confesión de fe. La importancia del encuentro personal para el seguimiento -importantísimo-, no solo basta con saber cosas sobre el Señor, vital, descubrir como actúa y transforma nuestras vidas.

Acudimos para nuestra meditación a las catequesis dedicadas a los apóstoles en las audiencias de los miércoles, por el Papa Emérito, Benedicto XVI, concretamente, en la audiencia general, del 4 de octubre de 2006:

«En la serie de los Apóstoles llamados por Jesús durante su vida terrena, hoy nuestra atención se centra en el apóstol Bartolomé… De Bartolomé no tenemos noticias relevantes; en efecto, su nombre aparece siempre y solamente dentro de las listas de los Doce… Pero tradicionalmente se lo identifica con Natanael: un nombre que significa “Dios ha dado”. Este Natanael provenía de Caná y, por consiguiente, es posible que haya sido testigo del gran “signo” realizado por Jesús en aquel lugar. La identificación de los dos personajes probablemente se deba al hecho de que este Natanael, en la escena de vocación narrada por el evangelio de S. Juan, está situado al lado de Felipe, es decir, en el lugar que tiene Bartolomé en las listas de los Apóstoles referidas por los otros evangelios. A este Natanael Felipe le comunicó que había encontrado a “ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret”. Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”… La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa: “Ven y lo veras”. Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva… Natanael se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús (-la escena evangélica del pasaje de hoy-), se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: “Rabbi, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”… Sus reliquias se veneran aquí, en Roma, en la iglesia dedicada a él en la isla Tiberina, adonde las habría llevado el emperador alemán Otón III en el año 983. Concluyendo, podemos decir que la figura de San Bartolomé, a pesar de la escasez de informaciones sobre él, de todos modos sigue estando ante nosotros para decirnos que la adhesión a Jesús puede vivirse y testimoniarse también sin la realización de obras sensacionales. Extraordinario es, y seguirá siendo, Jesús mismo, al que cada uno de nosotros está llamado a consagrarle su vida y su muerte ».

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El le dijo:
-«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
-«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el amor como el compendio de toda la Ley divina. Ante la pregunta del doctor de la ley: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” El Señor une el amor a Dios con el amor al prójimo, no se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios, el amor es la medida de la fe, nos ofrece el criterio fundamental sobre el que edificar la misma vida. Amar sin medida, siguiendo el amor de nuestro Señor. “A nadie debáis nada más que amor, porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley”, nunca se da por satisfecho, porque siempre puede crecer más. El amor es nuestra brújula, es lo primero y lo más grande.

El Papa Benedicto XVI, en la homilía del 26 de octubre de 2008, profundiza en este pasaje evangélico: “No era una pregunta fácil, si tenemos en cuenta que en la Ley de Moisés se contemplan 613 preceptos y prohibiciones. ¿Cómo discernir, entre todos ellos, el mayor? Pero Jesús no titubea y responde con prontitud:  “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento”. En su respuesta, Jesús cita el Shemá, la oración que el israelita piadoso reza varias veces al día, sobre todo por la mañana y por la tarde:  la proclamación del amor íntegro y total que se debe a Dios, como único Señor. […] Sin embargo, Jesús añade luego algo que, en verdad, el doctor de la ley no había pedido:  “El segundo es semejante a este:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El aspecto sorprendente de la respuesta de Jesús consiste en el hecho de que establece una relación de semejanza entre el primer mandamiento y el segundo, al que define también en esta ocasión con una fórmula bíblica tomada del código levítico de santidad. De esta forma, en la conclusión del pasaje los dos mandamientos se unen en el papel de principio fundamental en el que se apoya toda la Revelación bíblica:  “De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”.

La página evangélica sobre la que estamos meditando subraya que ser discípulos de Cristo es poner en práctica sus enseñanzas, que se resumen en el primero y mayor de los mandamientos de la Ley divina, el mandamiento del amor. […] Mucha gente está buscando, a veces incluso sin darse cuenta, el encuentro con Cristo y con su Evangelio; muchos sienten la necesidad de encontrar en él el sentido de su vida. Por tanto, dar un testimonio claro y compartido de una vida según la Palabra de Dios, atestiguada por Jesús, se convierte en un criterio indispensable de verificación de la misión de la Iglesia.

Las lecturas que la liturgia ofrece hoy a nuestra meditación nos recuerdan que la plenitud de la Ley, como la de todas las Escrituras divinas, es el amor. Por eso, quien cree haber comprendido las Escrituras, o por lo menos alguna parte de ellas, sin comprometerse a construir, mediante su inteligencia, el doble amor a Dios y al prójimo, demuestra en realidad que está todavía lejos de haber captado su sentido profundo. Pero, ¿cómo poner en práctica este mandamiento?”

Y el Papa Francisco, en el ángelus del 26 de octubre de 2014, también, comenta este pasaje evangélico: “El Evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. […] El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está en la cima de la lista de los mandamientos. Jesús no lo puso en el vértice, sino en el centro, porque es el corazón desde el cual todo debe partir y al cual todo debe regresar y hacer referencia. […] el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. Ya no podemos separar la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos. No podemos ya dividir la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la proximidad a su vida, especialmente a sus heridas. Recordad esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto amas tú? Y cada uno se da la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,26-38: No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,26-38: No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
-«No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Ponemos hoy la mirada en la Santísima Virgen María y celebramos una memoria obligatoria, bajo el título de Reina, el Papa Benedicto XVI, le dedicó una Audiencia General, la del 22 de agosto de 2012 y nos ofrece esta linda catequesis: “Es una fiesta de institución reciente, aunque es antiguo su origen y devoción: fue instituida por el venerable Pío XII, en 1954, al final del Año Mariano, fijando para su celebración la fecha del 31 de mayo. En esa circunstancia el Papa dijo que María es Reina más que cualquier otra criatura por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones recibidos. Ella no cesa de dispensar todos los tesoros de su amor y de sus cuidados a la humanidad. Ahora, después de la reforma posconciliar del calendario litúrgico, fue situada ocho días después de la solemnidad de la Asunción para poner de relieve la íntima relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma al lado de su Hijo. En la constitución del concilio Vaticano II sobre la Iglesia leemos: «María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo».

Este es el fundamento de la fiesta de hoy: María es Reina porque fue asociada a su Hijo de un modo único, tanto en el camino terreno como en la gloria del cielo. El gran santo de Siria, Efrén el siro, afirma, sobre la realeza de María, que deriva de su maternidad: ella es Madre del Señor, del Rey de los reyes y nos señala a Jesús como vida, salvación y esperanza nuestra. El siervo de Dios Pablo VI recordaba en su exhortación apostólica Marialis cultus: «En la Virgen María todo se halla referido a Cristo y todo depende de él: con vistas a él, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro».

Pero ahora nos preguntamos: ¿qué quiere decir María Reina? ¿Es sólo un título unido a otros? La corona, ¿es un ornamento junto a otros? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es esta realeza? Como ya hemos indicado, es una consecuencia de su unión con el Hijo, de estar en el cielo, es decir, en comunión con Dios. Ella participa en la responsabilidad de Dios respecto al mundo y en el amor de Dios por el mundo. Hay una idea vulgar, común, de rey o de reina: sería una persona con poder y riqueza. Pero este no es el tipo de realeza de Jesús y de María. Pensemos en el Señor: la realeza y el ser rey de Cristo está entretejido de humildad, servicio, amor: es sobre todo servir, ayudar, amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con esta inscripción escrita por Pilato: «rey de los judíos». En aquel momento sobre la cruz se muestra que él es rey. ¿De qué modo es rey? Sufriendo con nosotros, por nosotros, amando hasta el extremo, y así gobierna y crea verdad, amor, justicia. O pensemos también en otro momento: en la última Cena se abaja a lavar los pies de los suyos. Por lo tanto, la realeza de Jesús no tiene nada que ver con la de los poderosos de la tierra. Es un rey que sirve a sus servidores; así lo demostró durante toda su vida. Y lo mismo vale para María: es reina en el servicio a Dios en la humanidad; es reina del amor que vive la entrega de sí a Dios para entrar en el designio de la salvación del hombre. Al ángel responde: He aquí la esclava del Señor, y en el Magníficat canta: Dios ha mirado la humildad de su esclava. Nos ayuda. Es reina precisamente amándonos, ayudándonos en todas nuestras necesidades; es nuestra hermana, humilde esclava.

De este modo ya hemos llegado al punto fundamental: ¿Cómo ejerce María esta realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a ella en la oración, para agradecerle o para pedir su protección maternal y su ayuda celestial tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y complicadas vicisitudes de la vida. En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María confiando en su continua intercesión, para que nos obtenga de su Hijo todas las gracias y la misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo. Por medio de la Virgen María, nos dirigimos con confianza a Aquel que gobierna el mundo y que tiene en su mano el destino del universo. Ella, desde hace siglos, es invocada como celestial Reina de los cielos; ocho veces, después de la oración del santo Rosario, es implorada en las letanías lauretanas como Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, de todos los santos y de las familias.[…] El título de reina es, por lo tanto, un título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que la que tiene en parte el destino del mundo en su mano es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 20,1-16a: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 20,1-16a: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
-Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
-¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?
Le respondieron:
-Nadie nos ha contratado.
El les dijo:
-Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
-Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
-Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos:
-Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola de los obreros en la viña.

Contamos con la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI, en el ángelus, del 21 de septiembre de 2008: “Jesús cuenta precisamente la parábola del propietario de la viña que, en diversas horas del día, llama a jornaleros a trabajar en su viña. Y al atardecer da a todos el mismo jornal, un denario, suscitando la protesta de los de la primera hora. Es evidente que este denario representa la vida eterna, don que Dios reserva a todos. Más aún, precisamente aquellos a los que se considera “últimos”, si lo aceptan, se convierten en los “primeros”, mientras que los “primeros” pueden correr el riesgo de acabar “últimos”. Un primer mensaje de esta parábola es que el propietario no tolera, por decirlo así, el desempleo:  quiere que todos trabajen en su viña. Y, en realidad, ser llamados ya es la primera recompensa:  poder trabajar en la viña del Señor, ponerse a su servicio, colaborar en su obra, constituye de por sí un premio inestimable, que compensa por toda fatiga. Pero eso sólo lo comprende quien ama al Señor y su reino; por el contrario, quien trabaja únicamente por el jornal nunca se dará cuenta del valor de este inestimable tesoro.”

Y también tenemos la catequesis dada por el Papa Francisco, en el ángelus, del 24 de septiembre de 2017:”El dueño de un viñedo, que representa a Dios, sale al alba y contrata a un grupo de trabajadores, concordando con ellos el salario para una jornada. Después sale también en las horas sucesivas, hasta la tarde, para contratar a otros obreros que ve desocupados. Al finalizar la jornada, el dueño manda que se dé dinero a todos, también a los que habían trabajado pocas horas. Naturalmente, los obreros que fueron contratados al principio se quejan, porque ven que son pagados de igual modo que aquellos que han trabajado menos. Pero el jefe les recuerda que han recibido lo que había estado pactado; si después él quiere ser generoso con otros, ellos no deben ser envidiosos. […] el mensaje es éste: en el Reino de Dios no hay desocupados, todos están llamados a hacer su parte; y todos tendrán al final la compensación que viene de la justicia divina —no humana, ¡por fortuna!—, es decir, la salvación que Jesucristo nos consiguió con su muerte y resurrección. Una salvación que no ha sido merecida, sino donada, para la que «los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos».

Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los «pensamientos» y por los «caminos» de Dios que, como recuerda el profeta Isaías no son nuestros pensamientos y no son nuestros caminos. […] Jesús quiere hacernos contemplar la mirada de aquel jefe: la mirada con la que ve a cada uno de los obreros en espera de trabajo y les llama a ir a su viña. Es una mirada llena de atención, de benevolencia; es una mirada que llama, que invita a levantarse, a ponerse en marcha, porque quiere la vida para cada uno de nosotros, quiere una vida plena, ocupada, salvada del vacío y de la inercia. Dios que no excluye a ninguno y quiere que cada uno alcance su plenitud.”

Dios continua llamando a trabajar en su viña. Dios llama a cada uno, en un momento concreto y no tiene que coincidir con el de otro, cada uno tenemos nuestro propio momento. A Él, lo que le interesa es que todos los hombres se salven. Todos somos llamados a corresponder a la gracia, no importa la situación de la vida en el que nos encontremos.

Otro tema: es que pague a todos lo mismo. Dios sigue sorprendiéndonos, su proceder no es como el nuestro, no realiza ninguna injusticia porque da a los primeros lo que había convenido en darles, sin embargo es generoso con los últimos. En la óptica humana, esta decisión es una auténtica injusticia, en la óptima de Dios un acto de bondad, porque la justicia divina da a cada uno lo suyo y, además, incluye la misericordia y el perdón. Una parábola que nos revela el corazón misericordioso de Dios. Cuánto tenemos que aprender y crecer en el amor. “¿vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”, Pregunta que nos sigue planteando.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,23-30

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19,23-30:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
-Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro:
-Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo:
cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, seguimos con el pasaje del joven rico, los discípulos han entendido que el aviso es para todos, la pregunta que lanza es sobre la salvación, y la respuesta dada por Ntro. Señor es que “lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”, que lo puede todo. El Papa Francisco en la homilía de la Anunciación del Señor, uno de los puntos que destaco, fue este, la posibilidad de lo imposible: “«Nada es imposible para Dios»: así termina la respuesta del ángel a María. Cuando creemos que todo depende exclusivamente de nosotros permanecemos prisioneros de nuestras capacidades, de nuestras fuerzas, de nuestros horizontes miopes. Cuando, en cambio, estamos dispuestos a dejar que nos ayuden, a dejar que nos aconsejen, cuando nos abrimos a la gracia, parece que lo imposible empieza a hacerse realidad. […] Parafraseando a san Ambrosio en su comentario sobre este pasaje, podemos decir: “Dios sigue buscando corazones como el de María, dispuestos a creer incluso en condiciones absolutamente excepcionales”. ¡Que el Señor aumente en nosotros esta fe y esperanza!” (P. Francisco, homilía 25 de marzo 2017).

La segunda parte nos habla de recompensa. Ante la reacción de S. Pedro que parece que le esta exigiendo al Señor, los discípulos lo han dejado todo por Él, da la impresión que le esta pasando factura, cómo ¿que nos toca a nosotros? El Papa dice que nada más lejos de la realidad, sin embargo, esta reacción, por cierto muy humana, posibilita que el Señor hable de la generosidad inmensa de Dios. En generosidad nadie gana al Señor, habla del ciento por uno. Es importante que descubramos la perla preciosa, el tesoro que nos regala el Señor, y no vivamos como renuncia, acentuando lo que dejamos, más bien, como ganancia todo lo que Él nos entrega, da y aporta. El P. Francisco en la misa matutina de Santa Marta, el día 28 de febrero de 2017, comentó este pasaje: “«El Señor no sabe dar menos de todo. Cuando Él dona algo, se dona a sí mismo, que es todo».[…] se trata de «entrar en otra forma de pensar, en otra forma de actuar».”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,16-22:¿Qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna ?

EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,16-22:¿Qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna ?

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:
–Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna ?
Jesús le contestó:
–¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno.
Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
El le preguntó:
–¿Cuáles?
Jesús le contestó:
–«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
El muchacho le dijo:
–Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?
Jesús le contestó:
–Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo.
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta uno de los encuentros de Ntro. Señor con un joven, es un joven con inquietud que no se conforma con lo que ya realiza, que sigue buscando, que quiere algo más. Sin embargo ante la propuesta del Señor, se entristece, le parece mucho, le parece que le supera sus fuerzas. Sin embargo, Dios no nos quita nada como nos recordaban los sucesores de Pedro en los encuentros de la juventud. Dios no nos quita nada, al contrario, llena nuestra vida de plenitud, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón. Es en el amor de Dios donde nos abrimos al amor, y nos capacita para poder amar al otro, es en su amor donde aprendemos a ver a los demás desde el corazón de Dios y reconocemos en los demás a aquellos por los que el Señor ha dado su vida amándonos hasta el extremo.

Este joven, se volvió triste porque no supo ser generoso, nos relata el evangelista. El Señor vuelve a plantearnos los mandamientos de Dios, -no han quedado caducos con el Nuevo Testamento-, ellos nos enseñan a amar. La voluntad de Dios esta manifestada en los mandamientos, sigue siendo un camino valido que agrada a Dios.

En la Audiencia General del 13 de junio de 2018, el Papa Francisco aborda el pasaje evangélico de hoy: “La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos” y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el que Jesús quiere guiar a un lugar preciso; de hecho, está ya claro, por su pregunta, que aquel hombre no tiene la vida plena, busca más, es inquieto. Por lo tanto, ¿que debe entender? Dice: Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud”… ese hombre debe dejar de vivir de sí mismos, de las propias obras, de los propios bienes y – precisamente porque falta la vida plena- dejar todo para seguir al Señor… es necesario el ejemplo de alguno que me invita a un “mas allá”, a un “más”, a crecer un poco. S. Ignacio lo llamaba el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción, que sacude a los soñolientos”… debemos partir de la realidad para hacer el salto en “eso que falta”. Debemos escrutar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario”.

No tengamos miedo de dejarnos purificar por el Señor, a este joven el Señor lo miró con cariño, se siente conmovido por la fidelidad de él y se produce una llamada más. Todos tenemos alguna afección desordenada, que es la que principalmente nos impide conseguir la perfección y es siempre la que más nos cuesta sacrificar. Quisiéramos llegar a la santidad sin tener que quitar aquel desorden o sin hacer algún sacrificio que el Señor nos esta exigiendo. Dios sabe lo que nos hace bien, y por eso nos invita, porque quiere nuestro bien. No temas si te parece mucho lo que te esta pidiendo el Señor, siempre busca nuestra mayor bien, quiere que seamos dichosos, y no nos deja solos ante la respuesta a su invitación, Él es quien nos capacita, quien nos da la fuerza, quien lo hace posible.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 12,49-53: No he venido a traer paz, sino división.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 12,49-53: No he venido a traer paz, sino división.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Para la meditación del pasaje evangélico de este domingo he seleccionado unos textos tomados de las catequesis dominicales dadas en el ángelus, unos subrayados del Papa Benedicto XVI, y otro párrafo, -no toda la catequesis- del Papa Francisco, con respecto al pasaje de hoy, creo que nos aclaran e iluminan bastante:

“En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. […] Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, “es nuestra paz”, […] ¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice que ha venido a traer la “división”?

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones.

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias.” (Benedicto XVI, Ángelus 19 de agosto 2007)

“He venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es «signo de contradicción»” (P. Francisco, Ángelus 18 de agosto 2013).

Es domingo, día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,13-15: No impidáis a los niños acercarse a mí.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19,13-15: No impidáis a los niños acercarse a mí.

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban.
Jesús dijo:
-Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.
Les impuso las manos y se marchó de allí.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos vuelve a presentar al Señor acogiendo a los niños, vemos con su ejemplo que no descarta a nadie, por muy insignificante que pueda parecer para el mundo, es más, corrige a sus discípulos para que no sean impedimento para el encuentro con él. Un fuerte aviso para los creyentes, sin darnos cuenta podemos ser obstáculo para que se puedan encontrar con el Señor, detente un pequeño espacio de tiempo y examínate en tu oración, el “celo” de los discípulos deseando lo que creían ser mejor, la apariencia de bien puede llegar a ser obstáculo, impedimento, dificultad…

Nos compete a los adultos, llevar hacia Ti, Señor, a los niños, a los más jóvenes. Podemos, quizás, encontrarnos con personas que, de buena fe, nos quieran disuadir: “¡estorban los chicos en la iglesia… no ponen atención, son muy pequeños!…”, etcétera.

Somos responsables de ayudar a cultivar en los niños la fe de su Bautismo, de irlos acercando al amor de Jesucristo, de presentarlos a la Virgen abriéndolos al Ave María, de que aprendan a dirigirse a su Padre celestial, que se sepan cuidados por su Ángel de la Guarda, que sientan sobre sus cabezas las manos del Señor, bendiciéndolos.

Apoyemos la labor del Espíritu Santo, aplicando en la educación de los pequeños, la firmeza del amor y, sobre todo, llevándolos a Jesús para que los bendiga.

Hoy, sábado, día de especial consagración a la Santísima Virgen María, acudamos a la escuela de María y aprendamos con ella de su gran humildad y pequeñez y solicitemos su intercesión y protección para que podamos seguir y amar a su Hijo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,3-12: Ya no son dos sino una sola carne.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19,3-12: Ya no son dos sino una sola carne.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba:
-¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?
El les respondió:
-¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron:
-¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?
El le contestó:
-Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer -no hablo de prostitución- y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron:
-Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.
Pero él les dijo:
-No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don.
Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la vocación matrimonial y con la vocación al celibato. Ambas necesarias y se complementan como vocación de amor. El Señor llama a vivir el matrimonio como sacramento del amor de Dios. Al unirse en sacramento dos bautizados entre un varón y una mujer, que movidos por el amor que se procesan, se comprometen a vivir su matrimonio como signo, como expresión, como manifestación del amor de Dios que se nos ha revelado en Cristo. Es sacramento, por ser signo eficaz de gracia, que refleja el amor de Cristo. Cada uno se ofrece al otro como gracia, representa para el otro el amor de Dios hecho visible y sensible en el amor humano. Para los esposos que han recibido la bendición nupcial y el sacramento, alimentan su vocación en su propia vida matrimonial, su encuentro, su amor es el lugar privilegiado para ahondar, saborear el amor de Dios, encarnado en Cristo y comunicado a través de su Iglesia. La boda es el punto de partida de una vida que queda sacramentalizada. Por eso, toda la vida matrimonial, con todas sus vivencias y expresiones, es fuente de gracia, expresión eficaz del amor de Dios que se hace realmente presente en su amor matrimonial. Esto hace que la familia sea comunión eclesial, “iglesia domestica”. Los esposos se recuerdan continuamente la donación total de Cristo. Por esto, es una donación fiel, generosa y fecunda, que fundamenta una intima comunidad de vida y amor, como reflejo de amor de Dios y del amor de Cristo por la Iglesia su esposa. A ejemplo de Cristo, se busca el bien de la persona, amada por si misma, sin utilizarla. El amor de donación tiende siempre al olvido de sí mismo, para buscar el bien de la persona amada, sin condicionarla.

Pongamos hoy en nuestra oración a todos los matrimonios para que el Señor les ayude a ahondar en su vocación al amor, no nos olvidemos tampoco de los que están pasando por momentos de dificultad y sufrimiento. Pidamos también por todos aquellos que por el reino de Dios se han consagrado al Señor, renunciando a formar una familia.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.