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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 15, 21-28: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 15, 21-28: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro del Señor con una mujer, extranjera, cananea, la cual, suplica por su hija. Ante la negativa del Señor, esta mujer no se desanima sino que insiste. También los apóstoles interceden por ella, nos resalta el poder de la oración de intercesión. Y será el mismo Señor quien elogia a la mujer y la pondrá como modelo: ¡Que grande es tu fe!. Que se cumpla lo que deseas. Varias veces une el Señor su respuesta a la confianza del que acude a Él, «que se cumpla según tu fe, que se cumpla lo que deseas». Ha sido puesta a prueba y esa mujer ha insistido, ha luchado por su hija, no se ha conformado con la primera respuesta. El Señor no se desentiende de la suplica de esta madre, aunque en un principio puede dar esa impresión. Nada más lejos de quien tanto nos ama. Alaba y la pone de ejemplo por su gran fe. ¡Ojalá podamos recibir cada uno de nosotros esa misma felicitación de parte del Señor: grande es tu fe! Es en la vida de cada día donde nos dejamos iluminar por esa luz, en los momentos de dificultad donde descansamos en ella y no en nuestras fuerzas, en los momentos de sufrimiento donde confiamos, oramos y esperamos.

El Papa Francisco nos comenta este pasaje en el ángelus del 20 de agosto de 2017: ““El Señor, en un primer momento, parece no escuchar este grito de dolor, hasta el punto de suscitar la intervención de los discípulos que intercede por ella. El aparente distanciamiento de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación. La fuerza interior de esta mujer, que permite superar todo obstáculo, hay que buscarla en su amor materno y en la confianza de que Jesús puede satisfacer su petición […] podemos decir que es el amor lo que mueve la fe y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. […] Al final, ante tanta perseverancia, Jesús permanece admirado, casi estupefacto, por la fe de una mujer pagana. Por tanto, accede diciendo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas” […] Esta humilde mujer es indicada por Jesús como ejemplo de fe inquebrantable. Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros estimulo para no desanimarnos, para no desesperar cuando estamos oprimidos por las duras pruebas de la vida. El Señor no se da la vuelta ante nuestras necesidades y, si a veces parece insensible a peticiones de ayuda, es para poner a prueba y robustecer nuestra fe. Nosotros debemos continuar gritando como esta mujer: ¡Señor ayúdame!. Así, con perseverancia y valor[…] Este episodio evangélico nos ayuda a entender que todos tenemos necesidad de crecer en la fe y fortalecer nuestra confianza en Jesús.”

En el día de hoy la Iglesia celebra la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma. Esta fiesta es importante porque recuerda el origen del templo más grande dedicado a la Virgen María en Roma. Según una leyenda antiquísima que da origen a la devoción a la Virgen de las Nieves. En la misma Basílica nos encontramos la pintura que recoge esta leyenda: Esta dormido el Papa Liborio y sobre él hay ángeles y llamas. Delante está la Virgen. En otro cuadro, Juan, el patricio que dedicará su fortuna a la construcción de la basílica también esta dormido y es iluminado por la aparición. La Virgen hacia descender una copiosa nevada sobre el monte Esquilino, diciendo el lugar que quería le fuese consagrado. La nieve en el ferragosto en Roma era para colapsar la atención, el hecho ocurre en la noche del 4 al 5 de agosto, los días más calurosos de la canícula romana. La iglesia más grande dedicada a la Santísima Virgen María.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 15, 1-2.10-14: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 15, 1-2.10-14: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores?

Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?». Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre». Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?». Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos narra la discusión del Señor con los fariseos sobre lo que es puro e impuro. Resuena la llamada a la fuente de la tradición: “La Tradición de los Antiguos” transmitía las normas que debían de ser observadas por la gente para conseguir la pureza exigida por la ley. La gente vivía con miedo, siempre amenazado por las muchas cosas impuras que amenazaban su vida. ¡Fue una liberación! La Buena Nueva anunciada por Jesús sacó al pueblo de la defensiva, del miedo y le devolvió la voluntad de vivir, la alegría de ser hijos de Dios. El examen más importante de nuestra vida que tenemos que aprobar es el del amor, esa debe de ser la regla que nos mueva en nuestros actos, acciones y comportamiento con los demás, sean creyentes o no, solo el amor es lo que agrada a nuestro Señor.

Hoy celebramos la memoria de S. Juan María Vianney, conocido por el cura de Ars, para acercarnos a la figura de tan gran santo acudo a la Audiencia General del 5 de agosto de 2009 del Papa Benedicto XVI: “a las dos de la mañana del 4 de agosto de 1859 san Juan Bautista María Vianney, terminado el curso de su existencia terrena, fue al encuentro del Padre celestial para recibir en herencia el reino preparado desde la creación del mundo para los que siguen fielmente sus enseñanzas. ¡Qué gran fiesta debió de haber en el paraíso al llegar un pastor tan celoso! ¡Qué acogida debe de haberle reservado la multitud de los hijos reconciliados con el Padre gracias a su obra de párroco y confesor! […] Juan María Vianney nació en la pequeña aldea de Dardilly el 8 de mayo de 1786, en el seno de una familia campesina, pobre en bienes materiales, pero rica en humanidad y fe. Bautizado, de acuerdo con una buena costumbre de esa época, el mismo día de su nacimiento, consagró los años de su niñez y de su adolescencia a trabajar en el campo y a apacentar animales, hasta el punto de que, a los diecisiete años, aún era analfabeto. No obstante, se sabía de memoria las oraciones que le había enseñado su piadosa madre y se alimentaba del sentido religioso que se respiraba en su casa.
Los biógrafos refieren que, desde los primeros años de su juventud, trató de conformarse a la voluntad de Dios incluso en las ocupaciones más humildes. Albergaba en su corazón el deseo de ser sacerdote, pero no le resultó fácil realizarlo. Llegó a la ordenación presbiteral después de no pocas vicisitudes e incomprensiones, gracias a la ayuda de prudentes sacerdotes, que no se detuvieron a considerar sus límites humanos, sino que supieron mirar más allá, intuyendo el horizonte de santidad que se perfilaba en aquel joven realmente singular. Así, el 23 de junio de 1815, fue ordenado diácono y, el 13 de agosto siguiente, sacerdote. Por fin, a la edad de 29 años, después de numerosas incertidumbres, no pocos fracasos y muchas lágrimas, pudo subir al altar del Señor y realizar el sueño de su vida.
El santo cura de Ars manifestó siempre una altísima consideración del don recibido. Afirmaba: «¡Oh, qué cosa tan grande es el sacerdocio! No se comprenderá bien más que en el cielo… Si se entendiera en la tierra, se moriría, no de susto, sino de amor». Además, de niño había confiado a su madre: «Si fuera sacerdote, querría conquistar muchas almas». Y así sucedió. En el servicio pastoral, tan sencillo como extraordinariamente fecundo, este anónimo párroco de una aldea perdida del sur de Francia logró identificarse tanto con su ministerio que se convirtió, también de un modo visible y reconocible universalmente, en alter Christus, imagen del buen Pastor que, a diferencia del mercenario, da la vida por sus ovejas. […] El centro de toda su vida era, por consiguiente, la Eucaristía, que celebraba y adoraba con devoción y respeto. Otra característica fundamental de esta extraordinaria figura sacerdotal era el ministerio asiduo de las confesiones. […] se distinguió como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual. […] Logró tocar el corazón de la gente no gracias a sus dotes humanas, ni basándose exclusivamente en un esfuerzo de voluntad, por loable que fuera; conquistó las almas, incluso las más refractarias, comunicándoles lo que vivía íntimamente, es decir, su amistad con Cristo. Estaba «enamorado» de Cristo, y el verdadero secreto de su éxito pastoral fue el amor que sentía por el Misterio eucarístico anunciado, celebrado y vivido, que se transformó en amor por la grey de Cristo, los cristianos, y por todas las personas que buscan a Dios.[…] Oremos para que, por intercesión de san Juan María Vianney, Dios conceda a su Iglesia el don de santos sacerdotes, y para que aumente en los fieles el deseo de sostener y colaborar con su ministerio.”

Concluyo con una de las oraciones que le gustaba decir y fue compuesta por él:

Te amo, Oh mi Dios. / Mi único deseo es amarte/ Hasta el último suspiro de mi vida./Te amo. Oh Infinitamente amoroso Dios,/ y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti./ Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno/ Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor. /Oh mi Dios,/ si mi lengua no puede decir/ cada instante que te amo,/ por lo menos quiero/ que mi corazón lo repita cada vez que respiro./ Ah, dame la gracia de sufrir mientras que tea amo,/ y de amarte mientras que sufro,/ y el día que me muera/ No solo amarte pero sentir que te amo. Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora final/ aumentes y perfecciones mi amor por Ti./ Amén./

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 14, 22-36: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 14, 22-36: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?

Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el pasaje evangélico donde el Señor se acerca al encuentro con los discípulos andando sobre las aguas. Comienza despidiéndose de la gente y retirándose a solas a orar, al acercarse a la barca las primeras palabras que les dirige es de: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Y Pedro nos manifiesta su fe, como acoge la propuesta: “ven” y ante la situación del viento le entró miedo y comenzó a hundirse y a clamar que lo salvara, que se ahogaba, es cuando el Señor le recrimina: ¿Por qué has dudado? ¡hombre de poca fe!. Toda una invitación a crecer en confianza en Él, a descansar en el Señor, a no dudar, a pedirle al Señor que nos aumente la fe, ya que muchas veces es débil, frágil, pequeña ,… que ante la mas mínima dificultad se tambalea. Unámonos a la suplica de los discípulos: ¡Auméntanos la fe!
En el ángelus del 10 de agosto de 2014, el P. Francisco, reflexiona sobre este pasaje evangélico: “Después de la multiplicación de los panes y los peces, Él invitó a los discípulos a subir a la barca e ir a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud, y luego se retiró completamente solo a rezar en el monte hasta avanzada la noche. Mientras tanto en el lago se levantó una fuerte tempestad, y precisamente en medio de la tempestad Jesús alcanzó la barca de los discípulos, caminando sobre las aguas del lago. Cuando lo vieron, los discípulos se asustaron, pensando que fuese un fantasma, pero Él los tranquilizó: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Pedro, con su típico impulso, le pidió casi una prueba: «Señor, si eres Tú, mándame ir a ti sobre el agua»; y Jesús le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas; pero el viento fuerte lo arrolló y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «Señor, sálvame», y Jesús extendió la mano y lo agarró.

Este relato es una hermosa imagen de la fe del apóstol Pedro. En la voz de Jesús que le dice: «Ven», él reconoció el eco del primer encuentro en la orilla de ese mismo lago, e inmediatamente, una vez más, dejó la barca y se dirigió hacia el Maestro. Y caminó sobre las aguas. La respuesta confiada y disponible ante la llamada del Señor permite realizar siempre cosas extraordinarias. Pero Jesús mismo nos dijo que somos capaces de hacer milagros con nuestra fe, la fe en Él, la fe en su palabra, la fe en su voz. En cambio Pedro comienza a hundirse en el momento en que aparta la mirada de Jesús y se deja arrollar por las adversidades que lo rodean. Pero el Señor está siempre allí, y cuando Pedro lo invoca, Jesús lo salva del peligro. En el personaje de Pedro, con sus impulsos y sus debilidades, se describe nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y con todo victoriosa, la fe del cristiano camina hacia el encuentro del Señor resucitado, en medio de las tempestades y peligros del mundo.

Es muy importante también la escena final. «En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios»!». Sobre la barca estaban todos los discípulos, unidos por la experiencia de la debilidad, de la duda, del miedo, de la «poca fe». Pero cuando a esa barca vuelve a subir Jesús, el clima cambia inmediatamente: todos se sienten unidos en la fe en Él. Todos, pequeños y asustados, se convierten en grandes en el momento en que se postran de rodillas y reconocen en su maestro al Hijo de Dios. ¡Cuántas veces también a nosotros nos sucede lo mismo! Sin Jesús, lejos de Jesús, nos sentimos asustados e inadecuados hasta el punto de pensar que ya no podemos seguir. ¡Falta la fe! Pero Jesús siempre está con nosotros, tal vez oculto, pero presente y dispuesto a sostenernos.

Esta es una imagen eficaz de la Iglesia: una barca que debe afrontar las tempestades y algunas veces parece estar en la situación de ser arrollada. Lo que la salva no son las cualidades y la valentía de sus hombres, sino la fe, que permite caminar incluso en la oscuridad, en medio de las dificultades. La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre a nuestro lado, con su mano que nos sostiene para apartarnos del peligro. Todos nosotros estamos en esta barca, y aquí nos sentimos seguros a pesar de nuestros límites y nuestras debilidades. Estamos seguros sobre todo cuando sabemos ponernos de rodillas y adorar a Jesús, el único Señor de nuestra vida. A ello nos llama siempre nuestra Madre, la Virgen. A ella nos dirigimos confiados.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 14, 13-21: dadles vosotros de comer.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 14, 13-21: dadles vosotros de comer.

Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de este domingo nos presenta el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Un punto para nuestra meditación es que se nos revela el corazón de Dios, nos muestra que es compasivo, nos resalta que el Señor sintió compasión de aquella gente. “compasión —lo que siente Jesús— no es sencillamente sentir piedad; ¡es algo más! Significa com-patir, es decir, identificarse con el sufrimiento de los demás, hasta el punto de cargarla sobre sí. Así es Jesús: sufre junto con nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. […] Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, incluso siendo legítimas, no serán nunca tan urgentes como las de los pobres, que no tienen lo necesario para vivir.” (P. Francisco, ángelus 3 de agosto 2014).

Antes de hacer el milagro hace una invitación al compartir “Dadles vosotros de comer”, Traed lo que tengáis, aunque sea poco. Es importante entregarle al Señor todo, aunque humanamente sea imposible poder saciar tantas necesidades, pero el Señor si puede hacer el milagro, quiere contar con nuestra colaboración, lo podría hacer sin contar con ninguna ayuda pero nos implica en su obra, nos hace partícipes, toma de nuestra pequeñez para que se vea que es obra suya. Se nos invita a poner a disposición de Él nuestros dones, nuestros carismas, nuestro tiempo, en definitiva, todo lo que eres y posees, y de esta forma, el Señor hará el milagro. Confía y entrégale tu pequeñez. “esos pocos panes y peces, compartidos y bendecidos por Dios, fueron suficientes para todos. ¡Y atención! No es magia, es un «signo»: un signo que invita a tener fe en Dios, Padre providente, quien no hace faltar «nuestro pan de cada día», si nosotros sabemos compartirlo como hermanos.” (P. Francisco, ángelus 3 de agosto 2014)

En el pasaje de hoy, de la multiplicación de los panes es una prefiguración de la Eucaristía, en ella Cristo se nos ofrece como alimento espiritual. ¿Y qué más grande puede ofrecernos el Señor, si no es Él mismo? “el prodigio de los panes prenuncia la Eucaristía. Se lo ve en el gesto de Jesús que «lo bendijo» antes de partir los panes y distribuirlos a la gente. Es el mismo gesto que Jesús realizará en la última Cena, cuando instituirá el memorial perpetuo de su Sacrificio redentor. En la Eucaristía Jesús no da un pan, sino el pan de vida eterna, se dona a Sí mismo, entregándose al Padre por amor a nosotros. Y nosotros tenemos que ir a la Eucaristía con estos sentimientos de Jesús, es decir, la compasión y la voluntad de compartir. Quien va a la Eucaristía sin tener compasión hacia los necesitados y sin compartir, no está bien con Jesús.” (P. Francisco, Ángelus 3 de agosto 2014).

Feliz domingo, feliz día del Señor.
Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 14,1-12: Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 14,1-12: Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella.

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes:
-Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella.
Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.
Ella, instigada por su madre, le dijo:
-Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.
El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta el martirio de S. Juan Bautista, no murió por la edad, ni por enfermedad, fue un testigo excepcional del Señor, por preferir la verdad y proclamar valientemente la ley de Dios que ceder ante las presiones de los mandamases, dícese Herodes y sus enemigos. Prefirió agradar a Dios aunque lo tacharan de extraño o de retrogrado. Podría parecer que perdió la batalla, le cortaron la cabeza, sin embargo, nos enseña que la aparente derrota que nos puede venir por intentar vivir conforme al Evangelio, da paso al verdadero triunfo, al que nos alcanza el premio en el cielo. Así estamos llamados a vivir nosotros, como Juan el Bautista, seguros en el Señor, confiados en Él, pendientes más de su juicio que el de los hombres.

El P.Benedicto XVI, en la Audiencia general del 29 de agosto de 2012 da toda una catequesis sobre el martirio de san Juan Bautista, realizare algunos subrayados de su grandiosa meditación: “… El Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como “el Cordero de Dios” que vino a quitar el pecado del mundo, tiene la profunda humildad de mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido. Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias. San Beda, monje del siglo IX, en sus homilías dice así: “San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad”. Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la Verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios… Toda la vida del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en especial el período transcurrido en regiones desiertas… Celebrar el martirio de San Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana exige, por decirlo así, el “martirio” de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios…”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DIA: Mt 13, 54-58: No hizo allí muchos milagros por su falta de fe.

EVANGELIO DEL DIA:
Mt 13, 54-58: No hizo allí muchos milagros por su falta de fe.

Fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy aparece el Señor enseñando, sorprende a sus paisanos la sabiduría que les muestra, sus acciones, los milagros, les sorprende ya que lo han visto crecer, les impresiona, y Jesús aprovecha para hablar de las dificultades, resistencias para acoger su mensaje y entre ellas el desprecio a los profetas.

El Papa emérito, Benedicto XVI, en el Ángelus del 8 de julio de 2012 aborda esta cuestión y comenta este pasaje evangélico: “«Nadie es profeta en su patria», es decir, ningún profeta es bien recibido entre las personas que lo vieron crecer. De hecho, Jesús, después de dejar Nazaret, cuando tenía cerca de treinta años, y de predicar y obrar curaciones desde hacía algún tiempo en otras partes, regresó una vez a su pueblo y se puso a enseñar en la sinagoga. Sus conciudadanos «quedaban asombrados» por su sabiduría y, dado que lo conocían como el «hijo de María», el «carpintero» que había vivido en medio de ellos, en lugar de acogerlo con fe se escandalizaban de él. Este hecho es comprensible, porque la familiaridad en el plano humano hace difícil ir más allá y abrirse a la dimensión divina. A ellos les resulta difícil creer que este carpintero sea Hijo de Dios. Jesús mismo les pone como ejemplo la experiencia de los profetas de Israel, que precisamente en su patria habían sido objeto de desprecio, y se identifica con ellos. Debido a esta cerrazón espiritual, Jesús no pudo realizar en Nazaret «ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos». De hecho, los milagros de Cristo no son una exhibición de poder, sino signos del amor de Dios, que se actúa allí donde encuentra la fe del hombre, es una reciprocidad. […] al final del relato, encontramos una observación […] Al estupor de sus conciudadanos, que se escandalizan, corresponde el asombro de Jesús. […] María no se escandalizó de su Hijo: su asombro por él está lleno de fe, lleno de amor y de alegría, al verlo tan humano y a la vez tan divino. Así pues, aprendamos de ella, nuestra Madre en la fe, a reconocer en la humanidad de Cristo la revelación perfecta de Dios.”

Termina el pasaje del Evangelio de hoy con una afirmación: “No hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe”. Aunque Dios tenga el poder de transformarnos no puede actuar si nuestra libertad no se lo permite. Les faltaba fe. La falta de docilidad y de apertura a la gracia imposibilita la acción divina en nuestros corazones. No tengamos miedo de creer, de esperar, de amar! Este es el reto de nuestra vida: cumplir en todo la voluntad de Dios, estar disponibles para Dios. Quien vive así, goza de una paz y una alegría desconocida para el resto de los demás, pues no hay felicidad mayor que la de estar en la voluntad de Dios.

Hoy celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola, presbítero, pasó la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirtió a Dios. Completó los estudios teológicos en París y unió a él a sus primeros compañeros, con los que más tarde fundó la Orden de la Compañía de Jesús en Roma, donde ejerció un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus discípulos.

En su conversión tuvo que ver mucho la lectura de la Vida de Cristo, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataba. También la vida de los santos le llevaron a reflexionar sobre las cosas de Dios. Nos ha dejado el legado de los Ejercicios Espirituales todo un manual para el discernimiento y el ejercicio del principio y fundamento: Tanto en cuanto para mayor gloria de Dios y en todo amar y servir.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 13,47-53: El reino de los cielos se parece también a la red.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 13,47-53: El reino de los cielos se parece también a la red.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos habla de la parábola de la red y nos presenta el final de los tiempos. Con la imagen de la red que recoge todo tipo de peces nos esta resaltando que la salvación es para todos, nadie queda excluido. Que Dios quiere que todos los hombres se salven, que la llamada e invitación es universal, nadie queda al margen, es para todos.

Una vez más acudo al Papa Francisco para profundizar en una verdad de fe, en este caso, es en la Audiencia general, del 11 de diciembre de 2013, donde profundiza sobre esta realidad última: “me detengo en el juicio final. No debemos tener miedo[…] Cuando pensamos en el regreso de Cristo y en su juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien que cada uno habrá realizado o habrá omitido realizar durante su vida terrena, percibimos encontrarnos ante un misterio que nos sobrepasa, que no logramos ni siquiera imaginar. […] Al respecto, el testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena más sugestivo que nunca. […] es la Iglesia-esposa que, en nombre de toda la humanidad y como primicia, se dirige a Cristo, su esposo, no viendo la hora de ser envuelta por su abrazo: el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y plenitud de amor. Así nos abraza Jesús. Si pensamos en el juicio en esta perspectiva, todo miedo y vacilación disminuye y deja espacio a la espera y a una profunda alegría: será precisamente el momento en el que finalmente seremos juzgados dispuestos para ser revestidos de la gloria de Cristo, como con un vestido nupcial, y ser conducidos al banquete, imagen de la plena y definitiva comunión con Dios.

Un segundo motivo de confianza nos lo da la constatación de que, en el momento del juicio, no estaremos solos. […] Qué hermoso es saber que en esa circunstancia, además de Cristo, nuestro Paráclito, nuestro Abogado ante el Padre, podremos contar con la intercesión y la benevolencia de muchos hermanos y hermanas nuestros más grandes que nos precedieron en el camino de la fe, que ofrecieron su vida por nosotros y siguen amándonos de modo indescriptible. Los santos ya viven en presencia de Dios, en el esplendor de su gloria intercediendo por nosotros que aún vivimos en la tierra. ¡Cuánto consuelo suscita en nuestro corazón esta certeza! La Iglesia es verdaderamente una madre y, como una mamá, busca el bien de sus hijos, sobre todo de los más alejados y afligidos, hasta que no encuentre su plenitud en el cuerpo glorioso de Cristo con todos sus miembros.

[…] el juicio final ya está en acción, comienza ahora en el curso de nuestra existencia. Tal juicio se pronuncia en cada instante de la vida, como confirmación de nuestra acogida con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o bien de nuestra incredulidad, con la consiguiente cerrazón en nosotros mismos. Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos quienes nos condenamos. La salvación es abrirse a Jesús, y Él nos salva. Si somos pecadores —y lo somos todos— le pedimos perdón; y si vamos a Él con ganas de ser buenos, el Señor nos perdona. Pero para ello debemos abrirnos al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las demás cosas. El amor de Jesús es grande, el amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona. Pero tú debes abrirte, y abrirse significa arrepentirse, acusarse de las cosas que no son buenas y que hemos hecho. El Señor Jesús se entregó y sigue entregándose a nosotros para colmarnos de toda la misericordia y la gracia del Padre. Por lo tanto, podemos convertirnos, en cierto sentido, en jueces de nosotros mismos, autocondenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos. No nos cansemos, por lo tanto, de vigilar sobre nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para pregustar ya desde ahora el calor y el esplendor del rostro de Dios —y estó será bellísimo—, que en la vida eterna contemplaremos en toda su plenitud. Adelante, pensando en este juicio que comienza ahora, ya ha comenzado. Adelante, haciendo que nuestro corazón se abra a Jesús y a su salvación; adelante sin miedo, porque el amor de Jesús es más grande y si nosotros pedimos perdón por nuestros pecados Él nos perdona. Jesús es así. Adelante, entonces, con esta certeza, que nos conducirá a la gloria del cielo.”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 11,19-27: ¿Crees esto?

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 11,19-27: ¿Crees esto?

Muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la fe de Marta. Ante la visita del Señor por la muerte de su hermano, el Señor le habla de la resurrección y le invita a creer, si crees veras la gloria de Dios. “¿Crees tú esto?” Esta es una pregunta que tarde o temprano tendremos que responder cada uno de nosotros. Dependiendo de la respuesta que demos, positiva o negativa, marcará nuestro estilo de vida, la concepción de la misma, nuestras opciones, nuestras respuestas ante los acontecimientos. ¿De verdad creemos y vivimos de acuerdo a nuestra fe? Creer en la resurrección y en la vida eterna nos lleva a vivir mas intensamente cada momento que se nos brinda, a percibir como un hermoso regalo cada día, el tiempo adquiere una repercusión de eternidad, no queremos desperdiciarlo o perderlo, los actos repercuten, tienen transcendencia, no podemos perder el tiempo, la paciencia de Dios nos posibilita nuestra salvación pero no podemos relajarnos en nuestra respuesta a su invitación, ya que el primero que sale perdiendo es uno mismo, no es lo mismo comenzar a vivir el cielo en la tierra, que no vivirlo, no es lo mismo vivir en la presencia del Dios vivo que no vivirlo, no es lo mismo acoger su amor y vivir de su amor que no descubrirlo, eso nos abre a interesarnos por la plenitud de los que amamos, no nos puede dar lo mismo que alcancen la salvación a que corran el riesgo de perderla, no es lo mismo vivir de tejas para abajo a vivir con la esperanza que nos libera de las ataduras de los bienes terrenos.

 En el Ángelus del 10 de abril de 2011, el Papa emérito, Benedicto XVI, comenta el pasaje evangélico para celebrar la memoria de Santa Marta: “En el Evangelio de hoy —la resurrección de Lázaro—, escuchamos la voz de la fe de labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Y Jesús replica: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá». Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño.

Pero hay otra muerte, que costó a Cristo la lucha más dura, incluso el precio de la cruz: se trata de la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con arruinar la existencia del hombre. Cristo murió para vencer esta muerte, y su resurrección no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura de una nueva realidad, una «nueva tierra», finalmente unida de nuevo con el cielo de Dios.”

El Papa Francisco, en la Audiencia General del 26 agosto 2015, nos destaca las visitas de Jesús a sus amigos y su relación con Marta: “(Marta y María) aprendieron de Dios la armonía de los ritmos familiares: la belleza de la fiesta, la serenidad del trabajo, el espíritu de oración. La visita de Jesús, a quien querían mucho, era su fiesta. Pero un día Marta aprendió que el trabajo de la hospitalidad, incluso siendo importante, no lo es todo, sino que escuchar al Señor, como hacía María, era la cuestión verdaderamente esencial, la «parte mejor» del tiempo. La oración brota de la escucha de Jesús, de la lectura del Evangelio. No os olvidéis de leer todos los días un pasaje del Evangelio. La oración brota de la familiaridad con la Palabra de Dios. […] es Jesús quien viene entre nosotros, como iba a la familia de Marta, María y Lázaro.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 13, 36-43: Explícanos la parábola.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 13, 36-43: Explícanos la parábola.

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

PISTAS PARA LA MEDITACION:

Nos volvemos a encontrar en un espacio cercano en el tiempo con el Evangelio del trigo y la cizaña, tenemos la gran dicha que sea el mismo Señor quien nos explique el significado de la parábola, agradecer a los discípulos su petición: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.».

Nada tenemos que añadir a las palabras de Ntro. Señor. Esta parábola nos hace ver la existencia del mal, que los que colaboran con la siembra del mal se hacen partidarios del Maligno, que tenemos que aprender a convivir con el mal pero no a aprobar el mal, que no nos corresponde a nosotros el juzgar, que tenemos mucho que aprender de la paciencia de Dios, que Dios sigue dándonos oportunidad para cambiar, que confía en que el mal no tiene la última palabra, que sigue esperando, que tiene que reinar en todos, que Él sigue llevando su obra, que necesitamos aprender a amar como somos amados por Él, que sigue siendo una obra de misericordia aceptar los defectos de nuestros prójimos, que esas mismas limitaciones de los que nos rodean se nos brinda para tener una oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos, para dejarnos podar, y que Dios obre en nosotros capacitándonos a amar lo que humanamente no nos atrae.

Resaltar las palabras del Papa Francisco comentando este pasaje evangélico en el ángeles del 23 de julio de 2017: “Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no son nuestros tiempos— y también la «mirada» de Dios: gracias al influjo benéfico de una trepidante espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza!”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt. 13,31-35: Les propuso otra parábola.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt. 13,31-35: Les propuso otra parábola.

Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy el Evangelio nos vuelve a presentar dos parábolas que recientemente fueron proclamadas: la del grano de mostaza y la de la levadura en la masa. Algo que ambas parábolas nos ponen delante es que para Dios nada hay pequeño, y la gran fuerza transformadora que pueden llegar a tener. Dios no se deja llevar de las apariencias, Dios valora mucho por pequeño que nos pueda parecer, su óptica no es la del mundo, ni su lenguaje es el de la eficacia, lo que lo hace grande es el amor que se ponga y eso si es transformador.

El Papa Benedicto XVI en el Ángelus de junio de 2012 comenta este pasaje evangélico: “el grano de mostaza, considerada la más pequeña de todas las semillas. Pero, a pesar de su pequeñez, está llena de vida, y al partirse nace un brote capaz de romper el terreno, de salir a la luz del sol y de crecer hasta llegar a ser «más alta que las demás hortalizas»: la debilidad es la fuerza de la semilla, el partirse es su potencia. Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por los que no confían sólo en su propia fuerza, sino en la del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; y, sin embargo, precisamente a través de ellos irrumpe la fuerza de Cristo y transforma aquello que es aparentemente insignificante.

La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. Que la Virgen María, que acogió como «tierra buena» la semilla de la Palabra divina, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.”

El Reino de Dios es una realidad oculta y casi imperceptible en su desarrollo, tan lento que, como en las plantas, nuestro ojo no puede verlo ni nuestro oído percibirlo en el instante en que se está produciendo. La llamada a la esperanza es grande, Dios sigue llevando su historia de salvación con cada uno de los hombres, “cielo y tierra pasaran pero mis palabras se cumplirán”, como nos recuerda el Señor, el reino sigue extendiéndose y la victoria es de Ntro. Dios. Sigamos colaborando para que pueda llegar a más corazones y colmarlos de dicha y alegría.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.