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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 20, 1-16: El reino de los cielos se parece a un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 20, 1-16: El reino de los cielos se parece a un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña.

Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola de los obreros en la viña. En el propietario vemos su preocupación porque todos encuentren empleo, por eso su invitación a trabajar en su viña y en diversos momentos del día sale al encuentro de la gente proponiéndoles un lugar en su viña, si vemos en dicho propietario el reflejo de Dios, entendemos que en su reino todos son invitados y lo que quiere es que todos los hombres se salven. Todos somos llamados a corresponder a la gracia, no importa la situación de la vida en la que nos encontremos.

Otro punto para nuestra meditación es el tema de la paga, da a todos lo mismo. Dios sigue sorprendiéndonos, su proceder no es como el nuestro, no realiza ninguna injusticia porque da a los primeros lo que había convenido en darles, sin embargo, es generoso con los últimos. En la óptica humana, esta decisión es una auténtica injusticia, en la óptima de Dios un acto de bondad, porque la justicia divina da a cada uno lo suyo y, además, incluye la misericordia y el perdón. Una parábola que nos revela el corazón misericordioso de Dios. Cuánto tenemos que aprender y crecer en el amor. «¿vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”, Pregunta que nos sigue planteando.

Contamos con la catequesis dada por el Papa Francisco, en el ángelus, del 24 de septiembre de 2017: ”El dueño de un viñedo, que representa a Dios, sale al alba y contrata a un grupo de trabajadores, concordando con ellos el salario para una jornada. Después sale también en las horas sucesivas, hasta la tarde, para contratar a otros obreros que ve desocupados. Al finalizar la jornada, el dueño manda que se dé dinero a todos, también a los que habían trabajado pocas horas. Naturalmente, los obreros que fueron contratados al principio se quejan, porque ven que son pagados de igual modo que aquellos que han trabajado menos. Pero el jefe les recuerda que han recibido lo que había estado pactado; si después él quiere ser generoso con otros, ellos no deben ser envidiosos. […] el mensaje es éste: en el Reino de Dios no hay desocupados, todos están llamados a hacer su parte; y todos tendrán al final la compensación que viene de la justicia divina —no humana, ¡por fortuna!—, es decir, la salvación que Jesucristo nos consiguió con su muerte y resurrección. Una salvación que no ha sido merecida, sino donada, para la que «los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos».

Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los «pensamientos» y por los «caminos» de Dios que, como recuerda el profeta Isaías no son nuestros pensamientos y no son nuestros caminos. […] Jesús quiere hacernos contemplar la mirada de aquel jefe: la mirada con la que ve a cada uno de los obreros en espera de trabajo y les llama a ir a su viña. Es una mirada llena de atención, de benevolencia; es una mirada que llama, que invita a levantarse, a ponerse en marcha, porque quiere la vida para cada uno de nosotros, quiere una vida plena, ocupada, salvada del vacío y de la inercia. Dios que no excluye a ninguno y quiere que cada uno alcance su plenitud.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19, 23-30: ¿quién puede salvarse?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19, 23-30: ¿quién puede salvarse?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos». Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy seguimos con la continuación del pasaje del joven rico, los discípulos han entendido que el aviso es para todos, la pregunta que lanza es sobre la salvación, y la respuesta dada por Ntro. Señor: lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, que lo puede todo. Nada es imposible para Dios. Está claro que el hombre no puede salvarse a si mismo; Dios es el único que salva, se nos entrega, se nos regala, todo es gracia. El reino de Dios no se gana como pensaba el joven, con los propios méritos y bienes, sino que se recibe gratuitamente de Dios. Él da su amor y su Reino a quien se abandona en sus manos y lo deja todo por seguir al Señor y su Evangelio.

La segunda parte nos habla de recompensa. Y el Señor habla de la generosidad inmensa de Dios. En generosidad nadie más que el Señor, habla del ciento por uno. Es importante que descubramos la perla preciosa, el tesoro que es el Señor, y no vivamos como renuncia sino como ganancia, todo lo que Él nos aporta a cada uno de nosotros y recuerda que amar significa no encerrarse en sí mismo, no guardar nada para sí mismo, sino entregarse, abrir nuestro corazón a los demás, ponernos a disposición de los otros.

Tenemos la dicha de contar con la homilía realizada en Santa Marta, el 28 de febrero de 2017, por el Papa Francisco, donde comenta este pasaje evangélico: “«El Señor no sabe dar menos de todo. Cuando Él dona algo, se dona a sí mismo, que es todo».«todo en cruz, todo en persecuciones, junto a las persecuciones». Porque se trata de «entrar en otra forma de pensar, en otra forma de actuar». De hecho, «Jesús se da todo Él mismo, porque la plenitud, la plenitud de Dios es una plenitud aniquilada en la cruz». Aquí está por tanto el «don de Dios: la plenitud aniquilada». Y aquí está entonces también «el estilo del cristiano: buscar la plenitud, recibir la plenitud aniquilada y seguir por ese camino». Ciertamente un compromiso que «no es fácil». «¿cuál es el signo, cuál es la señal de que yo voy adelante en este dar todo y recibir todo?». ¿Qué hace entender que se está en el camino adecuado? «El signo que nosotros vamos en este camino del todo y nada, de la plenitud aniquilada, es la alegría». No por casualidad «al joven rico se le ensombreció el rostro y se fue entristecido». No había sido «capaz de recibir, de acoger esta plenitud aniquilada». Sin embargo, explicó el Papa, «los santos, el mismo Pedro, la han acogido. Y en medio de las pruebas, de las dificultades tenían el rostro alegre, el ojo generoso y la alegría del corazón. Este es el signo».

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,16-22: ven y sígueme.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19,16-22: ven y sígueme.

Se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?». Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta uno de los encuentros de Ntro. Señor con un joven, es un joven con inquietud que no se conforma con lo que ya realiza, que sigue buscando, que quiere algo más. Sin embargo ante la propuesta del Señor, se entristece, le parece mucho, le parece que le supera sus fuerzas. Sin embargo, Dios no nos quita nada como nos recordaban los sucesores de Pedro en los encuentros de la juventud. Dios no nos quita nada, al contrario, llena nuestra vida de plenitud, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón. Es en el amor de Dios donde nos abrimos al amor, y nos capacita para poder amar al otro, es en su amor donde aprendemos a ver a los demás desde el corazón de Dios y reconocemos en los demás a aquellos por los que el Señor ha dado su vida amándonos hasta el extremo.

La cuestión de fondo que se nos plantea es la vida eterna. ¿Buscamos nosotros los bienes que merecen la pena? Este joven termina el Evangelio diciéndonos que se volvió triste porque no supo ser generoso. El Señor vuelve a plantearnos los mandamientos de Dios, -no han quedado caducos con el Nuevo Testamento-, ellos nos enseñan a amar. La voluntad de Dios está manifestada en los mandamientos, sigue siendo un camino valido que agrada a Dios.

Hoy, el Señor quiere encontrarse con cada uno de nosotros. Abramos nuestro corazón a Él, abramos nuestro corazón a la caridad, ésa es una forma concreta de preparar nuestra vida eterna. Como le gustaba decir al Papa Emérito Benedicto XVI: “crear oasis de amor”. Necesitamos signos luminosos del amor de Dios en medio de nosotros.

En la Audiencia General del 13 de junio de 2018, el Papa Francisco aborda el pasaje evangélico de hoy: “La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos” y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el que Jesús quiere guiar a un lugar preciso; de hecho, está ya claro, por su pregunta, que aquel hombre no tiene la vida plena, busca más, es inquieto. Por lo tanto, ¿que debe entender? Dice: Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud”… ese hombre debe dejar de vivir de sí mismos, de las propias obras, de los propios bienes y – precisamente porque falta la vida plena- dejar todo para seguir al Señor… es necesario el ejemplo de alguno que me invita a un “mas allá”, a un “más”, a crecer un poco. S. Ignacio lo llamaba el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción, que sacude a los soñolientos”… debemos partir de la realidad para hacer el salto en “eso que falta”. Debemos escrutar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario”.

No tengamos miedo de dejarnos purificar por el Señor, a este joven el Señor lo miró con cariño, se siente conmovido por la fidelidad de él y se produce una llamada más. Todos tenemos alguna afección desordenada, que es la que principalmente nos impide conseguir la perfección y es siempre la que más nos cuesta sacrificar. Quisiéramos llegar a la santidad sin tener que quitar aquel desorden o sin hacer algún sacrificio que el Señor nos esta exigiendo. Dios sabe lo que nos hace bien, y por eso nos invita, porque quiere nuestro bien. No temas si te parece mucho lo que te esta pidiendo el Señor, siempre busca nuestra mayor bien, quiere que seamos dichosos, y no nos deja solos ante la respuesta a su invitación, Él es quien nos capacita, quien nos da la fuerza, quien lo hace posible.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 15,21-28: Mujer, qué grande es tu fe.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 15,21-28: Mujer, qué grande es tu fe.

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-Atiéndela, que viene detrás gritando.
El les contestó:
-Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
-Señor, socórreme.
El le contestó:
-No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso:
-Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
-Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece una mujer “extranjera”, una cananea, que va al encuentro de Jesús. No se avergüenza. Se pone a gritar, le expone así a Jesús sus necesidades. No se desalienta cuando Jesús no le contesta y se muestra aparentemente indiferente. Ella sigue rogándole, lo hace con humildad, con perseverancia, con mucha fe. Insiste. Se sabe inmerecedora de los dones de Dios, pero confía. Al final, su fe le obtiene la gracia que desea.

Hemos de perseverar en la oración y superar todo posible desaliento, como lo hizo la mujer del Evangelio, no nos debemos dejar vencer ante la sequedad, o por la tentación de creer que no somos escuchados según nuestra propia voluntad.

Pero la tentación más frecuente que se presenta al cristiano en la oración, la más oculta, es la falta de fe. Nuestra poca fe nos hace creer que existen mil trabajos más importantes o urgentes que anteponemos a la oración.

Necesitamos el encuentro con el Señor más que el aire que respiramos. Orar es siempre posible. Orar es una necesidad vital. La oración y la vida cristiana son inseparables.

Si queremos orar y encontrarnos realmente con Dios en la oración necesitamos de la humildad, el que es humilde no se extraña de su miseria, ésta le lleva a mantenerse firme en la constancia, como lo hizo la cananea. Asimismo, necesitamos de la confianza. Cuántos hay que dejan de orar porque piensan que su oración no es escuchada. San Agustín comentando este pasaje dice: “Que Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no para negarle la misericordia sino para hacer crecer el deseo”. El Señor siempre busca sacar el mejor bien para cada uno de nosotros, siempre escucha nuestras suplicas. No nos aflijamos si no recibimos de Dios inmediatamente lo que pedimos: seguramente Él quiere hacernos más bien mediante la perseverancia en permanecer en oración, como le sucedió a la cananea.

El Señor destaca: ¡Qué grande es tu fe! Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estimulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida.

Es Domingo, día del Señor, que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,39-56: Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,39-56: Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy una fiesta de la Bienaventurada Virgen María, donde María fue elevada al cielo en cuerpo y alma, fiesta que nos inspira esperanza y consuelo, pues el cielo es también nuestra meta. Aunque esta realidad parezca lejana no lo es, porque todos caminamos hacia Dios.

La Asunción de la Santísima Virgen nos enseña a dónde nos lleva el amor. Acudo a la homilía del día de la Asunción, pronunciada por el Papa Benedicto XVI, la primera vez que la celebró en su pontificado, el 15 de Agosto de 2005: “La fiesta de la Asunción es un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida. Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amor.

María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros:  «He aquí a tu madre». En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.

En el evangelio de hoy hemos escuchado el Magníficat, esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María, inspirada por el Espíritu Santo. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es.

Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto. Comienza con la palabra Magníficat:  mi alma «engrandece» al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. […] Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande:  precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios. […] El hombre es grande, sólo si Dios es grande. Con María debemos comenzar a comprender que es así. No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Dios sea grande en nuestra vida; así también nosotros seremos divinos: tendremos todo el esplendor de la dignidad divina.

Apliquemos esto a nuestra vida. Es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la vida privada. En la vida pública, es importante que Dios esté presente, por ejemplo, mediante la cruz en los edificios públicos; que Dios esté presente en nuestra vida común, porque sólo si Dios está presente tenemos una orientación, un camino común; de lo contrario, los contrastes se hacen inconciliables, pues ya no se reconoce la dignidad común. Engrandezcamos a Dios en la vida pública y en la vida privada. Eso significa hacer espacio a Dios cada día en nuestra vida, comenzando desde la mañana con la oración y luego dando tiempo a Dios, dando el domingo a Dios. No perdemos nuestro tiempo libre si se lo ofrecemos a Dios. Si Dios entra en nuestro tiempo, todo el tiempo se hace más grande, más amplio, más rico.

Una segunda reflexión. Esta poesía de María -el Magníficat- es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, es un «tejido» hecho completamente con «hilos» del Antiguo Testamento, hecho de palabra de Dios. Se puede ver que María, por decirlo así, «se sentía como en su casa» en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad. María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo. […] María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está «dentro» de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como «madre» -así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.

En este día de fiesta demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a encontrar el buen camino cada día. Amén.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19, 3-12: No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19, 3-12: No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don.

Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?». Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse». Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la vocación matrimonial y con la vocación al celibato. Ambas necesarias y ambas se desarrollan como vocación al amor. El Señor llama a vivir el matrimonio como sacramento del amor de Dios. Al unirse en sacramento dos bautizados entre un varón y una mujer, que movidos por el amor que se procesan, se comprometen a vivir su matrimonio como signo, como expresión, como manifestación del amor de Dios que se nos ha revelado en Cristo. Es sacramento, por ser signo eficaz de gracia, que refleja el amor de Cristo. Queremos ser testigos del amor de Dios. Cada uno se ofrece al otro como gracia, representa para el otro el amor de Dios hecho visible y sensible en el amor humano. Para los esposos que han recibido la bendición nupcial y el sacramento, alimentan su vocación en su propia vida matrimonial, su encuentro, su amor es el lugar privilegiado para ahondar, saborear el amor de Dios, encarnado en Cristo y comunicado a través de su Iglesia. La boda es el punto de partida de una vida que queda sacramentalizada. Por eso, toda la vida matrimonial, con todas sus vivencias y expresiones, es fuente de gracia, expresión eficaz del amor de Dios que se hace realmente presente en su amor matrimonial. Esto hace que la familia sea comunión eclesial, “iglesia domestica”. Los esposos se recuerdan continuamente la donación total de Cristo. Por esto, es una donación fiel, generosa y fecunda, que fundamenta una intima comunidad de vida y amor, como reflejo de amor de Dios y del amor de Cristo por la Iglesia su esposa. A ejemplo de Cristo, se busca el bien de la persona, amada por si misma, sin utilizarla. El amor de donación tiende siempre al olvido de sí mismo, para buscar el bien de la persona amada, sin condicionarla.

En cuanto a la vocación “eunuco por el reino de los cielos” tomare una cita de la exhortación apostólica postsinodal del Papa Francisco sobre el Sínodo para la Amazonia el párrafo 111, donde pone el acento es que es un don de Dios: “Apreciamos el celibato como un don de Dios en la medida que este don permite al discípulo misionero, ordenado al presbiterado, dedicarse plenamente al servicio del Pueblo Santo de Dios. Estimula la caridad pastoral y rezamos para que haya muchas vocaciones que vivan el sacerdocio célibe.” Gracias a este don de Dios el mismo celibato facilita vivir para el Señor “con un corazón indiviso” y en palabras del Concilio: “se dedican más libremente en El y por El al servicio de Dios y de los hombres, sirven más expeditamente a su reino y a la obra de regeneración sobrenatural, y con ello se hacen más aptos para recibir ampliamente la paternidad en Cristo”. Ambas vocaciones perderían todo su sentido si les faltara el motor de ambas: el amor. Por amor, la entrega; por amor, el esfuerzo; por amor, la renuncia; por amor, el sacrificio; por amor, generar vida; por amor, donación; por amor, …

Pongamos hoy en nuestra oración a todos los matrimonios para que el Señor les ayude a ahondar en su vocación al amor, no nos olvidemos tampoco de los que están pasando por momentos de dificultad y sufrimiento. Pidamos también por todos aquellos que por el reino de Dios se han consagrado al Señor.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 18,21-35: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 18,21-35: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?

Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos coloca una parábola donde el centro del mensaje es el perdón, perdonar siempre. Es S. Pedro quien le hace la pregunta al Señor: “Si me hermano me ofende, ¿Cuantas veces tengo que perdonarlo? ¿Dónde esta el límite? ¿Hasta cuándo? Sin embargo la respuesta es siempre, siempre hay motivos para poner en práctica el perdón, el perdón es fruto del amor y no es posible por nuestras solas fuerzas, sin embargo, ayudados por la gracia de Dios que nos capacita para amar, lo hace posible, nos introduce en esta dinámica, de sembrar perdón, paz, reconciliación,… de poder vencer el mal a fuerza de bien. En la misma oración que el Señor le entrego a los discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar, en dicha oración clamamos: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. En cuanto a la parábola del deudor, nosotros somos ese deudor insolvente ante Dios, que no obstante nos perdona toda nuestra deuda porque hemos sido redimidos y rescatados a un precio muy alto, le hemos costado su misma sangre, su vida entregada y ofrecida.

Nos cuesta mucho perdonar y romper el circulo vicioso del odio y de la venganza. Estamos llamados a vencer el mal a fuerza de bien, y tenemos que suplicarle al Señor que nos conceda un corazón semejante al suyo que podamos amar al que no nos ama y perdonar al que nos ofende. Es importante experimentar el perdón para sentirnos amados, liberados y rehabilitados. Perdonar es posible mirando a Cristo. Como siempre el practico lo que nos enseño y mandó. Desde la misma Cruz nos sigue justificando: No saben lo que hacen. Hemos de pedirle su espíritu, su gracia para que triunfe en nosotros siempre el amor y la reconciliación. Perdonar es un acto de amor cristiano. Además, nuestro perdón debe abarcar todo, las ofensas pequeñas y casi insignificantes, (las desatenciones, los olvidos, las malas caras, el mal humor, etc.) y también, las grandes ofensas; perdonar a los conocidos, a los familiares, a los amigos… hemos de perdonar todo y a todos. Esta actitud del corazón la podemos practicar siempre, pues la vida diaria está llena de oportunidades para ser generosos en el perdón.

Para vivir así hemos de vencer ciertos obstáculos, por ejemplo, el estar recordando las ofensas recibidas, pues de ese modo sólo alimentamos el rencor. Otro enemigo del perdón es el egoísmo que nos hace colocarnos en el centro de nuestra vida y cerrarnos a los demás. Asimismo, la soberbia tampoco nos permite otorgar el perdón, pues nos hace creer que si perdonamos nos hacemos débiles; sin embargo, la verdadera debilidad está en no amar, en no ser imitadores fieles de Jesucristo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt. 18, 15-20: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt. 18, 15-20: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas.

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor nos presenta como hacer bien la corrección fraterna, con que delicadeza y teniendo en cuenta al que se va a corregir de no humillarlo, haciéndolo desde la caridad. Toda una llamada a preocuparte por tu hermano, si lo amas te preocupa que se pueda hacer daño, que caiga en la red del mal, no te desentiendes porque te interesa y te preocupas por su bien. ¡Qué difícil que es corregir! El mismo pasaje evangélico nos indica el itinerario, con mucha sensibilidad, delicadeza, cuidando mucho no herir, no humillar pero si con mucha humildad, buscando siempre el bien, mucha misericordia y compasión con el pecador aunque firme en combatir el pecado, nunca aliarse con el mal.

El Papa Francisco presentó toda una catequesis en el Ángelus del 7 de septiembre de 2014: “[…] presenta el tema de la corrección fraterna en la comunidad de los creyentes: es decir, cómo debo corregir a otro cristiano cuando hace algo que no está bien. Jesús nos enseña que si mi hermano cristiano comete una falta en contra de mí, me ofende, yo debo tener caridad hacia él y, ante todo, hablarle personalmente, explicándole que lo que dijo o hizo no es bueno. ¿Y si el hermano no me escucha? Jesús sugiere una intervención progresiva: primero, vuelve a hablarle con otras dos o tres personas, para que sea mayormente consciente del error que cometió; si, con todo, no acoge la exhortación, hay que decirlo a la comunidad; y si no escucha ni siquiera a la comunidad, hay que hacerle notar la fractura y la separación que él mismo ha provocado, menoscabando la comunión con los hermanos en la fe.

Las etapas de este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, con el fin de que no se pierda. […] La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad y atención respecto a quien ha cometido una falta, evitando que las palabras puedan herir y matar al hermano. […] El objetivo es ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho, y que con su culpa ofendió no sólo a uno, sino a todos. Pero también de ayudarnos a nosotros a liberarnos de la ira o del resentimiento, que sólo hacen daño: esa amargura del corazón que lleva a la ira y al resentimiento y que nos conducen a insultar y agredir. […] ante Dios todos somos pecadores y necesitados de perdón. Todo. Jesús, en efecto, nos dijo que no juzguemos. La corrección fraterna es un aspecto del amor y de la comunión que deben reinar en la comunidad cristiana, es un servicio mutuo que podemos y debemos prestarnos los unos a los otros. Corregir al hermano es un servicio, y es posible y eficaz sólo si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La conciencia misma que me hace reconocer el error del otro, antes aún me recuerda que yo mismo me equivoqué y me equivoco muchos veces.

Por ello, al inicio de cada misa, somos invitados a reconocer ante el Señor que somos pecadores, expresando con las palabra y con los gestos el sincero arrepentimiento del corazón. Y decimos: «Ten piedad de mí, Señor. Soy pecador. Confieso, Dios omnipotente, mis pecados».”

Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. El Señor entregó su vida para salvar a la humanidad entera, nos muestra mucha misericordia con el pecador, aunque le plante cara fuertemente al pecado, y nos ha enviado a continuar su misión de Buen Pastor, buscando a la oveja descarriada hasta encontrarla para que, cargándola sobre nuestros hombros, la llevemos de vuelta a la comunión con Dios y con la Iglesia.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 18, 1-5.10.12-14: Si no os convertís… no entraréis en el reino de los cielos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 18, 1-5.10.12-14: Si no os convertís… no entraréis en el reino de los cielos.

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor responde a una pregunta realizada por los discípulos y también nos presenta la parábola de la oveja perdida. El camino que presenta el Señor a la respuesta a la pregunta es el de hacerse pequeño, pone como modelo a un niño, es un ser débil, no posee nada, no tiene nada que decir, el niño como el pobre, sólo puede recibir con alegría lo que se le ofrece, porque depende totalmente de los demás. Esa es la situación del hombre ante Dios, el Señor nos demanda: sencillez y humildad.

La infancia espiritual es una actitud interior de dependencia y confianza en Dios. Termina el Evangelio diciéndonos que: Dios no quiere que nadie se pierda. La solicitud del Señor, del Buen Pastor por los más débiles, por los alejados. Una sensibilidad especial demanda a cada cristiano para ser instrumento de llegar a los que no cuenta para nuestro mundo y acercarlos –sin juzgarlos- a quien tanto les ama, acercarlos al Señor. Para Dios nadie queda sin solución, nadie esta perdido, espera, confía, nos brinda una y mil oportunidades hasta que descubramos el tesoro de su amor por nosotros.

Hoy, también celebramos a Santa Clara, colocaré algunos subrayados de la audiencia del Papa Emérito Benedicto XVI del 15 de septiembre de 2010: “Vivió en el siglo XIII, contemporánea de san Francisco. Su testimonio nos muestra cuánto debe la Iglesia a mujeres valientes y llenas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo para la renovación de la Iglesia.

¿Quién era Clara de Asís? […] Clara nació en 1193, en el seno de una familia aristocrática y rica. Renunció a la nobleza y a la riqueza para vivir humilde y pobre, adoptando la forma de vida que proponía Francisco de Asís. Aunque sus parientes, como sucedía entonces, estaban proyectando un matrimonio con algún personaje de relieve, Clara, a los 18 años, con un gesto audaz inspirado por el profundo deseo de seguir a Cristo y por la admiración por Francisco, dejó su casa paterna y, en compañía de una amiga suya, Bona de Guelfuccio, se unió en secreto a los Frailes Menores en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Era la noche del domingo de Ramos de 1211. En la conmoción general, se realizó un gesto altamente simbólico: mientras sus compañeros empuñaban antorchas encendidas, Francisco le cortó su cabello y Clara se vistió con un burdo hábito penitencial. Desde ese momento se había convertido en virgen esposa de Cristo, humilde y pobre, y se consagraba totalmente a él. Como Clara y sus compañeras, innumerables mujeres a lo largo de la historia se han sentido atraídas por el amor a Cristo que, en la belleza de su divina Persona, llena su corazón. Y toda la Iglesia, mediante la mística vocación nupcial de las vírgenes consagradas, se muestra como lo que será para siempre: la Esposa hermosa y pura de Cristo.

[… ] Después de pasar algunos meses en otras comunidades monásticas, resistiendo a las presiones de sus familiares, que inicialmente no aprobaron su elección, Clara se estableció con sus primeras compañeras en la iglesia de san Damián, donde los frailes menores habían arreglado un pequeño convento para ellas. En aquel monasterio vivió más de cuarenta años, hasta su muerte, acontecida en 1253.

[…] Agradeciendo a Dios que nos da a los santos que hablan a nuestro corazón y nos ofrecen un ejemplo de vida cristiana a imitar, quiero concluir con las mismas palabras de bendición que santa Clara compuso para sus hermanas y que todavía hoy custodian con gran devoción las Clarisas, que desempeñan un papel precioso en la Iglesia con su oración y con su obra. Son expresiones en las que se muestra toda la ternura de su maternidad espiritual: «Os bendigo en vida y después de mi muerte, como puedo y más de cuanto puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias bendice y bendecirá en el cielo y en la tierra a su hijos e hijas, y con las que un padre y una madre espiritual bendicen y bendecirán a sus hijos e hijas espirituales. Amén».

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DIA: Juan 12, 24-26: El que se ama a sí mismo, se pierde.

EVANGELIO DEL DIA:
Juan 12, 24-26: El que se ama a sí mismo, se pierde.

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor utiliza el ejemplo del grano de trigo y nos dice que para dar fruto es necesario pasar por la muerte. Se nos habla de la muerte como generadora de vida. Dar la propia vida es condición para la fecundidad, es la suprema medida del amor. La vida es fruto del amor. Amar es darlo todo, entregarlo todo, sin escatimar nada; hasta desaparecer. El Señor hace realidad esta palabra porque va a entregarse por los demás. Y esto no es un fracaso, todo lo contrario, es la victoria del amor sobre el mal.

«El que se ama a sí mismo pierde su vida, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará.». El temor a perder la vida nos hace caer en el egoísmo, nos encierra en la búsqueda de nuestros intereses, nos genera muchos miedos, es el gran obstáculo al compromiso por los demás. Sin embargo, el que ofrece su vida por los demás, ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad, intenta hacer del día a día una entrega por amor.

En el Ángelus del 18 de marzo de 2018, para explicar el misterio pascual, el Papa Francisco, comenta el pasaje evangélico de hoy: “Jesús se sirve de una imagen y dice: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Quiere hacer entender en su caso extremo – es decir, la cruz, muerte y resurrección- es un acto de fecundidad – sus llagas nos han curado-, una fecundidad que dará fruto para muchos. Así se compara a sí mismo con el grano de trigo que pudriéndose en la tierra genera nueva vida […] Y este dinamismo del grano de trigo, cumplido en Jesús, debe realizarse también en nosotros sus discípulos: estamos llamados a hacer nuestra esa ley pascual del perder la vida para recibirla nueva y eterna. ¿Y que significa perder la vida? Es decir, ¿qué significa ser el grano de trigo? Significa pensar menos en sí mismos, en los intereses personales y saber “ver” e ir al encuentro de las necesidades de nuestro prójimo, especialmente de los últimos. Cumplir con alegría obras de caridad hacia los que sufren en el cuerpo y en el espíritu es el modo más autentico de vivir el Evangelio, es el fundamento necesario para que nuestras comunidades crezcan en la fraternidad y en la acogida reciproca”.

Hoy, recordamos la vida de un santo, que murió mártir, entregando su vida por su fe. El Papa emérito nos comenta en la homilía dada en la visita pastoral a la basílica de san Lorenzo extramuros con ocasión del 1750° aniversario del martirio del santo diácono el 30 de noviembre de 2008: “San Lorenzo se distinguió por su “solicitud por los pobres, el generoso servicio que prestó a la Iglesia de Roma en el ámbito de la ayuda y de la caridad, y su fidelidad al Papa […] San León Magno, en una hermosa homilía, comenta así el atroz martirio de este ilustre héroe‟: Las llamas no pudieron vencer la caridad de Cristo; y el fuego que lo quemaba por fuera era más débil del que ardía dentro de él‟ […] El mejor mensaje que recibimos de san Lorenzo es el de la santidad. Nos repite que la santidad, es decir, el salir al encuentro de Cristo que viene continuamente a visitarnos, no pasa de moda; más aún, con el paso del tiempo resplandece de modo luminoso y manifiesta la perenne tensión del hombre hacia Dios […] Que san Lorenzo, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, sea para cada uno ejemplo de dócil adhesión a la voluntad divina, a fin de que, como el apóstol san Pablo recordaba a los Corintios, también nosotros vivamos de modo que seamos “irreprensibles” en el día del Señor ”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.