Lc 1, 57-66: La mano del Señor estaba con él

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presenta el nacimiento de Juan, nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos!. Ante la cercanía de la Navidad es una llamada fuerte a poner todo lo que este de nuestra parte, nuestra vigilancia, nuestra espera gozosa, la alegría de su cercanía, el gozo del misterio del Dios con nosotros que nos diviniza, para prepararnos a recibir al Señor.

El Papa Francisco nos comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 24 de junio de 2018: “Todo el evento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un alegre sentido de asombro, de sorpresa, de gratitud. Asombro, sorpresa, gratitud. La gente fue invadida por un santo temor a Dios «y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas».
Hermanos y hermanas, el pueblo fiel intuye que ha sucedido algo grande, incluso si humilde y escondido y se pregunta «¿Qué será este niño?». El pueblo fiel de Dios es capaz de vivir la fe con alegría, con sentido de asombro, de sorpresa y de gratitud. Vemos a aquella gente que hablaba bien de esta cosa maravillosa, de este milagro del nacimiento de Juan, y lo hacía con alegría, estaba contenta, con sentido de asombro, de sorpresa y de gratitud. […] Preguntémonos cada uno de nosotros en un examen de conciencia: ¿cómo es mi fe? ¿es alegre? ¿está abierta a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas”.

La vida de Juan Bautista nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir al Señor; fundamentalmente, la humildad de corazón. Juan se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Buscando sólo la gloria de Dios. “Conviene que él crezca y yo disminuya” -decía el Precursor-.

Jesús Aguilar Mondéjar
Jesús Aguilar Mondéjar

Consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Cartagena.

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