Mt 6,7-15: Vosotros orad así: Padre nuestro…

Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. 
Vosotros orad así: 
“Padre nuestro que estás en el cielo, 
 santificado sea tu nombre, 
venga a nosotros tu reino, 
 hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, 
danos hoy nuestro pan de cada día, 
perdona nuestras ofensas, 
 como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, 
no nos dejes caer en la tentación, 
 y líbranos del mal”. 
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, 
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
En el Evangelio de hoy nos encontramos con el  “Padre nuestro” , con  la oración que el mismo Señor enseñó a los discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar, en ella encontramos el resumen de todo el evangelio. Santo Tomás de Aquino nos dice que se trata de la oración más perfecta, pues en ella pedimos todo lo que podemos anhelar. Esta oración nos enseña a acercarnos a Dios con toda confianza y a relacionarnos con el Padre con conciencia filial, con seguridad, humildad y con la certeza de ser amados. Debemos pronunciar las primeras palabras de esta oración con un gran sentido de adoración y de agradecimiento por haber sido adoptados por Dios como hijos.
La oración del “Padre nuestro” es la más grande, es la oración que fue enseñada por Ntro. Señor, la hemos recibido de Él mismo, ¡Padre Nuestro! Santa Teresa de Avila decía que a menudo le bastaban estas dos palabras para sumirse en larga oración. Llamar a Dios “Padre”. Expresa esta doble condición: la paternidad de Dios sobre nosotros y nuestra fraternidad respecto de los demás.
El Papa Francisco a partir del 5 de diciembre de 2018 inicia unas catequesis sobre el “Padre Nuestro”: “Al comenzar este ciclo de catequesis sobre la oración de Jesús, lo más hermoso y justo que todos tenemos que hacer es repetir la invocación de los discípulos: “¡Maestro, enséñanos a rezar!”. […]pero pedírselo al Señor. “Señor, enséñame a rezar”.[…] y él ciertamente no dejará que nuestra invocación caiga en el vacío” (Audiencia General, 5 diciembre 2018).
“Oren así: «Padre, que estás en el cielo». «Padre»: esa hermosa palabra para decir. Podemos quedarnos todo el tiempo de la oración solo con esa palabra: «Padre». Y sentir que tenemos un padre: no un padre autoritario o un padrastro. No: un padre. El cristiano se dirige a Dios llamándolo por encima de todo «Padre».”(Audiencia general, 9 enero 2019)
“Las invocaciones del «Padre Nuestro» son siete, fácilmente divisibles en dos subgrupos. Las tres primeras tienen el «Tú» de Dios Padre en el centro; las otras cuatro tienen en el centro el «nosotros» y nuestras necesidades humanas. En la primera parte, Jesús nos hace entrar en sus deseos, todos dirigidos al Padre: «Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad»; en la segunda es Él quien entra en nosotros y se hace intérprete de nuestras necesidades: el pan de cada día, el perdón de los pecados, la ayuda en la tentación y la liberación del mal.
Aquí está la matriz de toda oración cristiana, —diría de toda oración humana— que está siempre hecha, por un lado, de la contemplación de Dios, de su misterio, de su belleza y bondad, y, por el otro, de sincera y valiente petición de lo que necesitamos para vivir, y vivir bien. […] El primer paso en la oración cristiana es, por lo tanto, la entrega de nosotros mismos a Dios, a su providencia. […] Por eso rezamos diciendo: «¡Santificado sea tu nombre!». En esta petición —la primera, ¡Santificado sea tu nombre!— se siente toda la admiración de Jesús por la belleza y la grandeza del Padre, y el deseo de que todos lo reconozcan y lo amen por lo que realmente es. Y al mismo tiempo, está la súplica de que su nombre sea santificado en nosotros, en nuestra familia, en nuestra comunidad, en el mundo entero. Es Dios quien nos santifica, quien nos transforma con su amor, pero al mismo tiempo también somos nosotros quienes, a través de nuestro testimonio, manifestamos la santidad de Dios en el mundo, haciendo presente su nombre. Dios es santo, pero si nosotros, si nuestra vida no es santa, hay una gran incoherencia. […]” (Audicncia General, 27 febrero 2019).
Jesús Aguilar Mondéjar
Jesús Aguilar Mondéjar

Consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Cartagena.

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