«Hazte Amar Amando» – Experiencia Cursillo 1086

El pasado 28 enero tuve la oportunidad, como director espiritual, de cerrar la clausura del Cursillo de Cristiandad nº 1.086. Coincidiendo en el mismo día y hora, pero de hace 25 años, del comienzo del 463, mi Cursillo, que viví con 18 años. Cada vez que celebramos un aniversario supone una renovación y una vuelta a los orígenes, cosa que también estamos experimentando durante estas semanas, con el LXXV aniversario del primer Cursillo. El volver a los orígenes es una experiencia tan revitalizante, que se acentúa más aún cuando se trata del seguimiento de Cristo, de redescubrir la primera llamada. De ahí que en este Cursillo he dado gracias a Dios porque, además, fue desde esta plataforma en la que por primera vez pude compartir que estaba sintiendo la llamada al sacerdocio ministerial.

Tras mi Ordenación sacerdotal, he podido acompañar a un buen grupo de hermanos, quedando en mi memoria su encuentro con Cristo. De una forma muy especial, recuerdo a todos aquellos que han sido marcados por la cruz del dolor. Incluso he vivido Cursillos donde también estaba muy patente la cruz, como fue el pasado mes de noviembre con los hermanos privados de libertad en el Centro Penitenciario de Sangonera la Verde, o el cursillo celebrado con temor y con mascarillas, o el que, providencialmente no llegó a celebrarse ya que hubiese coincidido con el comienzo del estado de alarma. En todos estos, doy fe de que se ha cumplido esa imagen tan entrañable del prisma que descompone la luz blanca en una escala de diversos colores.

En el año 2012 fui nombrado viceconsiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Cartagena. Desde el primer momento, tantos los distintos consiliarios como presidentes me han encargado que cuidara de una forma muy especial a los jóvenes cursillistas, servicio que he podido desempeñar en tantas catequesis, meditaciones, testimonios, convivencias e incluso peregrinaciones, que nos han puesto en autentica sintonía con los primeros jóvenes cursillistas de Mallorca, no tanto en su deseo de peregrinar físicamente a Santiago de Compostela sino en descubrir la vida como una autentica peregrinación, donde se experimenta continuamente lo gratificante que es ponerse en camino, la confianza en Dios y el encuentro con tantos compañeros de camino.

Doy gracias a Dios por tantos hermanos que desde la primera noche del cursillo comenzaron a formar parte de mi vida, de los que he recibido y recibo tanto cariño. Partiendo de que todo cursillo, aunque se clausure, nunca se termina. En verdad se cumplió el consejo que en mi primer cursillo como sacerdote me brindó un gran sacerdote: “Hazte amar, amando”.

¡De Colores!

Francisco José Azorín Martínez

Viceconsiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Cartagena

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2 respuestas

  1. Magníficas palabras de un magnifico enviado de nuestro señor !!!
    Fue un placer compartir cursillo con usted y una enseñanza espiritual la que nos transmitió que jamás olvidaré en mi vida.
    Gracias por todo

  2. Muy buenos días soy del cursillo 1065,
    Fue inolvidable el compartir este cursillo con tantos hermanos , en especial por nuestros oradores y nuestro sacerdote
    Gracias porque ya formáis parte de mi vida,
    Que Dios. Os bendiga

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