San Lucas 7,36-50.8,1-3

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:
-Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.
Jesús tomó la palabra y le dijo:
-Simón, tengo algo que decirte.
El respondió:
-Dímelo, maestro.
Jesús le dijo:
-Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
Simón contestó:
-Supongo que aquel a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
-Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
-¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.
Y a ella le dijo:
-Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
-¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?
Pero Jesús dijo a la mujer:
-Tu fe te ha salvado, vete en paz.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta a la mujer pecadora y el fariseo. Representan dos actitudes ante Dios. Uno con una actitud autosuficiente, eso le impide alcanzar el reino de Dios e incluso recibir el favor de Dios, que ya cree poseer; y la otra por su postura humilde, su arrepentimiento, su amor, le consigue el perdón y el don de Dios. El amor y el perdón se implican mutuamente, como nos recuerda la Sagrada Escritura: “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4,8).

Nadie estamos libres de acercarnos más a la actitud del fariseo que a la de la mujer, cuando perdemos la conciencia de ser pecadores. Ante Dios todos somos deudores y todos hemos recibido el perdón desde la gratuidad. Como vemos en muchos pasajes de encuentro con nuestro Señor, en este caso con la mujer pecadora, es la fuerza del amor la que nos regenera. Aquí una vez más, la mirada del Señor, llena de ternura, rescató una vida perdida.

Para lograr este perdón que impulsa al amor, o este amor que perdona, es necesario comenzar por reconocernos pecadores, necesitados y no merecedores del mismo. No es nuestro esfuerzo personal el que nos consigue la gracia de Dios, esto seria una postura cercana al fariseísmo, sino mas bien aceptando el amor y el perdón gratuitos de Dios. Aceptando, acogiendo, gustando, saboreando hasta donde llega el amor por mí. Comprender un poco, aunque solo sea un poco, es clamar con el Salmo 115: ¿Cómo pagare al Señor tanto bien? Aquí nace la respuesta a su amor y todo tiene sentido, y siempre andamos faltos de poner más amor.

En la homilía del 16 de junio de 2013, el Papa Francisco, comenta el pasaje de hoy: “Jesús encuentra a una mujer pecadora durante una comida en casa de un fariseo, suscitando el escándalo de los presentes: Jesús deja que se acerque una pecadora, e incluso le perdona los pecados, diciendo: “sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco”. Jesús es la encarnación del Dios vivo, el que trae la vida, frente a tantas obras de muerte, frente al pecado, al egoísmo, al cerrarse en sí mismos. Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida. Vemos en todo el Evangelio cómo Jesús trae con gestos y palabras la vida de Dios que transforma. Es la experiencia de la mujer que unge los pies del Señor con perfume: se siente comprendida, amada, y responde con un gesto de amor, se deja tocar por la misericordia de Dios y obtiene el perdón, comienza una vida nueva. Dios, el Viviente, es misericordioso”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,31-35: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,31-35: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación?

En aquel tiempo, dijo el Señor:
-¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.»
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores».
Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta la comparación entre el proceder de Juan Bautista y el Señor, siendo ambos de estilos muy diferentes, distintos, diría que incluso opuestos, vemos como cuando uno no quiere abrirse a la gracia, busca cien mil excusas para justificarse y en definitiva no convertirse.

Juan el Bautista fue juzgado de modo erróneo por la gente. Pero él nunca se desanimó ante la dificultad o la oposición y no dejó de creer en el Señor. Su vida es fiel reflejo de innumerables virtudes. Nos enseña que lo más importante en nuestra existencia terrena es la fidelidad al Señor, aunque eso ponga en peligro nuestra misma fama entre las personas. Juan fue siempre coherente con el mensaje del Señor en pensamientos, palabras y obras. Juan Bautista nos da fuerzas para luchar contra toda forma de doblez en nuestra vida, comenzando por las cosas pequeñas. El Bautista señaló con su vida austera y radical cómo seguir al Señor.

Aprendamos en la virtud de la fortaleza, pues nos es necesaria para perseverar en la fe. Pidamos al Espíritu Santo que el Señor deje de ser un ideal y se convierta en una experiencia que transforme toda nuestra vida. El mundo necesita cristianos que sean testigos del Señor. Si seguimos al Señor con autenticidad es más fácil que arrastremos a muchos hacia Él.

El Papa Francisco comentando este pasaje evangélico nos resalta: “No os entiendo. Sois como esos niños: os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, os hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. ¿Qué queréis?. La respuesta sigue siendo: Queremos la salvación a nuestro modo. Por tanto, vuelve siempre esta cerrazón ante el modo de obrar de Dios. […] La palabra de la Cruz es siempre dura. Pero también es la única puerta de salvación […]El drama de la resistencia a la salvación lleva a no creer en la misericordia y en el perdón, sino en los sacrificios”. (Papa Francisco, 3 octubre de 2014, Misas matutinas en Santa Marta).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

El hijo de la viuda

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda – y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
-No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
-¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
-Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece la compasión del Señor, siente lástima, condolencia y ternura por la viuda que ha perdido a su hijo y por eso quiere realizar el prodigio de devolver a la vida al muchacho. La compasión lleva a intervenir al Señor. Nosotros también como el hijo de la viuda de Naím podemos escuchar la voz de Cristo que nos invita a levantarnos de nuestras postraciones, abatimientos y desánimos. Si el corazón se deja tocar por Cristo, entonces su gracia se convierte en una fuerza transformante, que sana y restablece lo que estaba enfermo.

En la catequesis de la Audiencia General del 10 de agosto de 2016, el Papa Francisco, profundiza en el pasaje evangélico: “Nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un chico. Y, sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la mamá de este chico. La misericordia toma aquí el nombre de gran compasión hacia una mujer que había perdido el marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una mamá que conmueve a Jesús y le inspira el milagro de la resurrección. […] Cuando Jesús vio a esta madre llorar, ¡ella entró en su corazón! […] El Señor se acerca para encontrarse con cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su potente palabra de consolación: “no llores”[…] Como al chico muerto, repite a todos: “Joven a ti te digo, ¡levántate! A cada uno de nosotros dice: ¡levántate! Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por eso, la compasión de Jesús lleva a ese gesto de la sanación, a sanarnos, cuya palabra clave es: “¡levántate! ¡ponte en pie como te ha creado Dios!. De pie, “Pero, Padre, nosotros nos caemos muchas veces” – “¡Vamos, levántate!” Esta es la palabra de Jesús, siempre. La palabra potente de Jesús puede hacernos levantar y obrar en nosotros también el paso de la muerte a la vida. Su palabra nos hace revivir, regala esperanza, da sosiego a los corazones cansados, abre una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,1-10: Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,1-10: Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oir hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
-Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
-Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
-Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos el poder de la oración de intercesión y el tesoro de la fe, que alaba Ntro. Señor. Se resalta la humildad y la confianza. Presupuesto primero, la humildad: “no soy digno”, en cada eucaristía, antes de comulgar, repetimos estas palabras del centurión romano.

Acudo a la reflexión del Papa Francisco ante este pasaje evangélico: “Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre […](centurión) ante el problema que le afligía habría podido agitarse y pretender ser atendido imponiendo su autoridad; habría podido convencer con insistencia, hasta forzar a Jesús a ir a su casa. En cambio se hace pequeño, discreto, manso, no alza la voz y no quiere molestar. Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es “manso y humilde de corazón”.En efecto, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solicito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores… imitar a Dios en el servicio a los demás […]

En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad. De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que “no nos llama más siervos, sino amigos” (homilía del P. Francisco, 29 mayo de 2016).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 8,27-35: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 8,27-35: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:
– «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
– «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó:
– «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
– «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos:
– «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces, Pedro se lo lle­vó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
– «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
– «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mis­mo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera sal­var su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy podemos distinguir cuatro partes bien diferenciadas: La primera, sobre la relación con Jesús, nos encontramos con el examen realizado a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quien decís que soy?; una segunda, donde se da el anuncio por parte de Cristo de su pasión, muerte y resurrección; una tercera, donde corrige a Pedro: “¡tú piensas como los hombres, no como Dios!”; y una cuarta, donde invita al seguimiento y las condiciones del mismo.
Si hoy tuviéramos que responder al Señor sobre ambas preguntas, ante la primera: “¿Quien dice la gente que soy yo?”, es posible que al darle la respuesta pensemos en aquellos con los que nos relacionamos, con los que convivimos, tendríamos que decirle al Señor, que muchos no te conocen, te ignoran porque no saben quien eres, viven como si no existieras, nuestro mundo quiere silenciar tu Palabra, nuestra cultura se crea al margen de tu presencia… es posible, que ante esta respuesta nos preguntara a los cristianos de hoy: ¿qué estáis haciendo?, ¿cómo es posible que logréis silenciar mi Palabra? ¿cómo estáis viviendo? ¿no sois capaces de contagiar todos los beneficios que reporta el tesoro de la fe? ¿qué os esta pasando?

Y ante el segundo interrogante del pasaje evangélico: Y para ti, ¿Quién soy? No es cuestión de dar una respuesta prefabricada, ni del catecismo, tendríamos que ponernos delante de Él y abrir nuestro corazón, ver cómo nos relacionamos, qué importancia tiene, si acogemos su Palabra, si nos dejamos interpelar por ella, si produce cambios y transformación en nuestra vida… El Papa Benedicto XVI en su primera encíclica ya nos recordaba que ser cristiano no es cuestión de saber mucho, de tener muchos conocimientos sobre Jesús, remarcaba ese encuentro personal con el Dios vivo que transforma nuestras vidas, “Jesús no vino a enseñarnos una filosofía, sino a mostrarnos una senda; más aún, la senda que conduce a la vida. Esta senda es el amor, que es la expresión de la verdadera fe. Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios. En cambio, si alguien dice que tiene fe, pero no ama a los hermanos, no es un verdadero creyente. Dios no habita en él. Lo afirma claramente Santiago en la segunda lectura de la misa de este domingo: “La fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (St 2, 17). Al respecto me agrada citar un escrito de san Juan Crisóstomo, uno de los grandes Padres de la Iglesia que el calendario litúrgico nos invita hoy a recordar. Justamente comentando el pasaje citado de la carta de Santiago, escribe: “Uno puede incluso tener una recta fe en el Padre y en el Hijo, como en el Espíritu Santo, pero si carece de una vida recta, su fe no le servirá para la salvación. Así que cuando lees en el Evangelio: “Esta es la vida eterna: que te conozcan ti, el único Dios verdadero” (Jn 17, 3), no pienses que este versículo basta para salvarnos: se necesitan una vida y un comportamiento purísimos” (Benedicto XVI, Ángelus del 13 septiembre del 2009).

“Empezó a instruirlos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho…” En palabras del Papa Francisco comentando este pasaje, en el ángelus del 13 septiembre de 2015: “Seguir a Jesús significa tomar la propia Cruz – todos la tenemos- para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito, de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, que nos libera del egoísmo y del pecado. Se trata de realizar un neto rechazo de esa mentalidad mundana que pone el propio “yo” y los propios intereses en el centro de la existencia: ¡eso no es lo que Jesús quiere de nosotros! Por el contrario, Jesús nos invita a perder la propia vida por Él, por el Evangelio, para recibirla renovada, realizada, y auténtica. Podemos estar seguros, gracias a Jesús, que este camino lleva, al final, a la resurrección, a la vida plena y definitiva con Dios. Decidir seguirlo a Él, nuestro Maestro y Señor que se ha hecho Siervo de todos, exige caminar detrás de Él y escucharlo atentamente en su Palabra -acordaos de leer todos los días un pasaje del Evangelio- y en los Sacramentos”.

En la corrección realizada a S. Pedro: ¡Piensas como los hombres no como Dios!, también nos toca a nosotros, nos cuesta poner a Dios en el centro, muchas veces no se nota que somos cristianos, nuestros falsos respetos silencian la Palabra, nos acomodamos a convivir con el mal, nos cuesta ir “contracorriente”, nos dejamos vencer por los miedos y terminamos conviviendo con el espíritu mundano.

Y concluye el pasaje de hoy con la invitación al seguimiento. Pensando que nos puede ayudar para nuestra meditación, acudo a las palabras dirigidas a los jovenes, por el Papa, S. Juan Pablo II, dichas en Cuatro Vientos, en Madrid, el 3 de mayo de 2003: “Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen. ¡Nunca os dejéis alentar por el mal! Para ello necesitáis la ayuda de la oración y el consuelo que brota de una amistad íntima con Cristo. Sólo así, viviendo la experiencia del amor de Dios e irradiando la fraternidad evangélica, podréis ser los constructores de un mundo mejor, auténticos hombres y mujeres pacíficos y pacificadores. […]¡Id con confianza al encuentro de Jesús! Y, como los nuevos santos, ¡no tengáis miedo de hablar de Él! Pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino. […] Al volver la mirada atrás y recordar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!”

Es domingo, el día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 19,25-27: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 19,25-27: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo.”
Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre.”
Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy una fiesta de la Bienaventurada Virgen María, el Evangelio nos la pone junto a la Cruz de Ntro. Señor, contemplamos a María en el Dolor. El Papa emérito Benedicto XVI, en la homilia del 15 de septiembre de 2008, nos acerca al acompañamiento de María en nuestros sufrimientos: “Al celebrar la memoria de Ntra. Señora de los Dolores, contemplamos a María que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. Como afirma san Bernardo, la Madre de Cristo entró en la Pasión de su Hijo por su compasión. Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simón de que su corazón de madre sería traspasado por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús lloró, también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreción nos impide medir el abismo de su dolor; la hondura de esta aflicción queda solamente sugerida por el símbolo tradicional de las siete espadas. Se puede decir, como de su Hijo Jesús, que este sufrimiento la ha guiado también a Ella a la perfección, para hacerla capaz de asumir la nueva misión espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar: convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a través de la figura del discípulo a quien amaba, Jesús presenta a cada uno de sus discípulos a su Madre, diciéndole: “Ahi tienes a tu hijo”. […] María ama a cada uno de sus hijos, prestando una atención particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasión, están sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, según la voluntad de Cristo en la Cruz […] del corazón de María brota un amor gratuito que suscita como respuesta un amor filial, llamado a acrisolarse constantemente. Como toda madre, y más que toda madre, María es la educadora del amor ”.

La presencia de María junto a la cruz de Jesús. Junto a la Cruz nos recibe a todos, nadie queda huérfano, el Señor nos entrega a su Madre, contamos con su ayuda, con su intercesión, con su mediación. Ella nos sigue alentando a confiar, perseverar y permanecer junto a la Cruz, nos muestra el camino de esperanza, en la cruz esta la vida y el consuelo, nos invita a no dejarnos aplastar por el dolor y el sufrimiento, a esperar, confiar y perseverar.

Es sábado, día donde nos adentramos en la escuela de María, donde queremos aprender con Ella y de Ella.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
-«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Papa Francisco en el ángelus del 14 de septiembre de 2014 nos explica: “La iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Alguna persona no cristiana podría preguntarnos: ¿Por qué “exaltar” la cruz? Podemos responder que no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces: exaltamos la cruz de Jesús, porque en ella se reveló al máximo el amor de Dios por la humanidad. […] ¿Por qué fue necesaria la cruz? A causa de la gravedad del mal y toda la omnipotencia mansa de la misericordia de Dios. La cruz parece determinar el fracaso de Jesús, pero en realidad manifiesta su victoria. […] Y cuando dirigimos la mirada a la cruz donde Jesús estuvo clavado, contemplamos el signo de amor, del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De esa cruz brota la misericordia del Padre, que abraza al mundo entero. Por medio de la cruz de Cristo ha sido vencido el maligno, ha sido derrotada la muerte, se nos ha dado la vida, devuelto la esperanza. La cruz de Cristo es nuestra única esperanza verdadera”.

Celebramos la Exaltación de la Cruz, se nos invita a levantar con orgullo la Cruz Gloriosa para que el mundo vea hasta donde llega el Amor del Crucificado por los hombres, por todos los hombres. San Juan de la Cruz, decía: “Si quieres llegar a poseer a Cristo, jamas lo busques sin la Cruz”, pues “el que no busca la Cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo”. La Cruz nos muestra el valor del hombre a los ojos de Dios, Dios lo ha amado hasta el extremo, hasta entregar su vida. Quizá a ti Dios no te importa, ¡pero tú si le importas a Dios!. La Cruz nos recuerda que Dios nos habla en el silencio de nuestras propias cruces, en el silencio de la noche oscura de la fe. La Cruz de Cristo es la victoria de Dios. Desde la Cruz nos enseña el camino del amor que pasa por el perdón. Es toda una escuela de misericordia y de perdón. Desde el madero santo Jesús clamaba e intermedia por sus verdugos: “No saben lo que hacen”. Es un camino de humildad, “aprended de mí que soy manso y humilde”. Exaltar la Cruz, es exaltar el amor de Dios por nosotros, es exaltar la victoria del amor y de la misericordia sobre el pecado, el egoísmo y la muerte. En la Cruz Jesús proclama la SED de que le amemos, se nos ofrece para que seamos dichosos. ¿cómo no amar a quién tanto nos amó?

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 6,27-38: Amad …tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 6,27-38: Amad …tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis la usarán con vosotros.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos exhorta a amar, amar al que no te ama, amar, incluso al que te desea mal, amar a tu enemigo, haced el bien, bendecid, orad… y nos regala una regla de vida: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Mirando a Cristo y este derramando su sangre por amor a nosotros, contemplando hasta donde llega su amor por cada uno, no podemos conformarnos con amar solo a los que nos aman, ¿que hay de extraordinario en saludar al que te saluda, en corresponder al que te aprecia, en amar al que te corresponde? Eso lo hacen, -incluso- , los que no han conocido el amor de Dios; el discípulo, el seguidor de Cristo, el cristiano está invitado a acoger el amor de Dios, a dejar que ese amor de Cristo transforme su corazón, viviendo y experimentando la fuerza de cambio en su misma vida y llegando a ofrecer la vida, incluso con el amor más grande, perdonando, ese es el camino que vence el mal. Sin embargo, por las solas fuerzas uno experimenta que es incapaz, humanamente hablando, imposible, por eso, necesitamos estar muy unidos a Él, para que nos ayude a amar como Él nos ama, aprendiendo a dar con gratuidad sin esperar recibir nada, experimentando la grandeza de la gratuidad, constantemente renovados y llamados a crecer en su amor, a no cansarnos de vencer el mal a fuerza de bien, aprendiendo a ser misericordiosos como Él y a no cansarnos de perdonar.

El Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 18 de febrero de 2007, abordó este pasaje evangélico: “¿Cual es el sentido de esas (se refiere: esa manera de amar al que no te ama) palabras? ¿Por qué Jesús pide amar a los propios enemigos, o sea, un amor que excede la capacidad humana? En realidad, la propuesta de Cristo es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y es la única que puede “desequilibrar” el mundo del mal hacia el bien, a partir del pequeño y decisivo “mundo” que es el corazón del hombre.
Con razón, esta página evangélica se considera la “charta magna” de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse ante el mal, sino en responder al mal con el bien, rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. Así, se comprende que para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad.

El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”[…] La revolución del amor, un amor que en definitiva no se apoya en los recursos humanos, sino que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. Esta es la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido. Este es el heroísmo de los “pequeños”, que creen en el amor de Dios y lo difunden incluso a costa de su vida”.

También hoy celebramos la memoria de San Juan Crisóstomo. Llamado así por “boca de oro” por su elocuencia, sobresalía por sus cualidades oratorias y su profunda cultura. Importante la predicación en su vida. Su vida estuvo caracterizada por su celo por la fe, renunció a las vanidades del mundo, dedicándose por completo a la meditación, a la oración y al estudio de las Sagradas Escrituras. Ayunaba con mucha frecuencia y pasaba las noches en vigilia para orar y meditar. Su fama fue creciendo y cada vez eran más los que acudían a escucharlo. Se sabe que con sus predicaciones se convirtieron miles de personas, por lo que llegó a ser conocido como uno de los grandes predicadores de su tiempo. Pio X lo proclamo patrón de los predicadores y Juan XXIII patrono del Concilio.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 6,20-26: Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos…

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 6,20-26: Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos…

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
–Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
–Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
–Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
–Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero,
–¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!
–¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
–¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
–¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece las bienaventuranzas de San Lucas, con sus respectivas lamentaciones o maldiciones. ¡Ay de mí! No debo permitir que el halago sea el motor de mi actuación. “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!”. Debe estar fundada en una base firme de humildad y de afán de servicio al prójimo y a Dios. El afán del apóstol debe ser dar gloria a Dios, nunca buscar el aplauso de los demás.

En las Bienaventuranzas se nos pone delante el programa del Reino, cuando el hombre empieza a mirar y a vivir a través de Dios, cuando camina con Jesús, entonces vive con nuevos criterios. Las bienaventuranzas son un compendio del Evangelio, es la carta magna, el programa de vida. El Señor es el primero que hace vida la propuesta de dicha y de felicidad, su ejemplo nos ayuda a seguirle. María vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús: es la santa entre los santos, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.

También hoy celebramos el Dulce nombre de María. “El nombre de María, conocido en arameo como Miriam, tiene tres significados: doncella, señora y princesa. Todos estos cumple la Santísima Virgen, que permaneció doncella concibió a Ntro. Señor por gracia del Espíritu Santo. La Virgen María es Ntra. Señora, y Señora del Universo, siendo coronada como Reina por la Trinidad Santísima. La Madre del Señor, es también princesa, por ser descendiente de la estirpe del rey David. El amor de Ntra. Madre, se despierta en nuestro interior cada vez que mencionamos su Dulce Nombre, aquél que el Ángel mencionó cuando le anunció su misión en la tierra: “Dios te salve María, llena eres de gracia…” -(Tomado de Infovaticana, 12 sept. 2015)-
“Ir al encuentro de Maria que nos muestra a Jesús […] Mirar a Jesús con los ojos de María significa encontrar en Dios Amor, que por nosotros se hizo hombre y murió en la cruz […] “Mirar a Cristo” siempre para poderlo mostrar y ofrecer a todos.”. (P. Benedicto XVI, Audiencia General, 12 septiembre de 2007).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 6,12-19: Pasó la noche orando. Escogió a doce y los nombró apóstoles.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 6,12-19: Pasó la noche orando. Escogió a doce y los nombró apóstoles.

Por entonces, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles:
Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón apodado el Celotes, Judas el De Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con la llamada del Señor a los Doce. Invitación al seguimiento que fue precedida por una noche de oración, donde eligió a “los que El quiso”. Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto. Utilizo el texto del Papa Benedicto XVI, en la catequesis de la audiencia general, 15 marzo 2006:

“Al elegir a los Doce, para introducirlos en una comunión de vida consigo y hacerles participes de su misión de anunciar el Reino con palabras y obras, Jesús quiere manifestar que ha llegado el tiempo definitivo en el que se constituye de nuevo el pueblo de Dios, el pueblo de las doce tribus, que se transforma ahora en un pueblo universal, su Iglesia.
[…] Los Doce Apóstoles son el signo más evidente de la voluntad de Jesús respecto a la existencia y la misión de su Iglesia, la garantía de que entre Cristo y la Iglesia no existe ninguna contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por tanto, es del todo incompatible con la intención de Cristo un eslogan que estuvo de moda hace años: “Jesús si, Iglesia no”. Este Jesús individualista elegido es un Jesús de fantasía. No podemos tener a Jesús prescindiendo de la realidad que él ha creado y en la cual se comunica.

Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene”.

En el pasaje evangélico se nos pone la lista de nombres de los discípulos que fueron escogidos para ser constituidos apóstoles. Son enviados por El, se les pide ser fieles a quien les ha llamado. Servidores. El detalle de poner los nombres nos señala que la relación es personal, cada uno es llamado por su nombre, nos habla de elección, escogidos desde antes de la creación del mundo, para ser santos. Cada uno de nosotros también hemos sido llamados, escogidos, elegidos desde nuestro bautismo, llamados por nuestro nombre para la vida eterna.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.