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EVANGELIO DEL DÍA Jn 6,22-29: La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 6,22-29: La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy constituye la introducción al discurso del pan de vida. Muchos después del milagro de los panes partieron en busca del Señor. La multitud alimentada hasta la saciedad quería un dios de uso y consumo, un dios que sirviera a sus intereses y prioridades, buscan servirse de la divinidad en vez de servirla y adorarla. Después de corregirlos por su búsqueda interesada, el Señor aprovecha para invitarles a buscar lo esencial, lo importante, lo que perdura, lo que transciende, y les hace ver la voluntad de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Necesitamos purificar nuestra fe de todo interés, para ello es muy importante sorprendernos de todo lo que el Señor nos ha concedido porque nos ama, es cuando uno puede plantearse la pregunta del Salmo: ¿Cómo pagare al Señor tanto bien? ¿Cómo puedo corresponder a tantos regalos recibidos? Hay empieza a ver cabida a la generosidad, en el amor no hay interés, uno necesita corresponder a tanto amor.

Os propongo la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 5 de agosto de 2012, ya que nos ofrece una profundización del pasaje de hoy: “La gente al no verlo, se había puesto a buscarlo, había subido a las barcas para alcanzar la otra orilla del lago y por fin lo había encontrado. Pero Jesús sabía bien el porqué de tanto entusiasmo al seguirlo y lo dice también con claridad: «Me buscáis no porque habéis visto signos (porque vuestro corazón quedó impresionado), sino porque comisteis pan hasta saciaros». Jesús quiere ayudar a la gente a ir más allá de la satisfacción inmediata de sus necesidades materiales, por más importantes que sean. Quiere abrir a un horizonte de la existencia que no sea simplemente el de las preocupaciones diarias de comer, de vestir, de la carrera. Jesús habla de un alimento que no perece, que es importante buscar y acoger. Afirma: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre». […] Jesús dice: «Creed en mí». La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una idea, un proyecto, sino de encontrarse con Jesús como una Persona viva, de dejarse conquistar totalmente por él y por su Evangelio. Jesús invita a no quedarse en el horizonte puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al horizonte de la fe. Exige sólo una obra: acoger el plan de Dios, es decir, «creer en el que él ha enviado». […] en los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en los de descanso y distensión, el Señor nos invita a no olvidar que, aunque es necesario preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más fundamental aún es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en Aquel que es el «pan de vida», que colma nuestro deseo de verdad y de amor.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Lc 24,35-48: Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 24,35-48: Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

  El Evangelio de hoy sigue con los pasajes de las apariciones, el encuentro con el Dios vivo, con el Dios que ha salido victorioso ante el enfrentamiento con el mal, el Dios que nos sorprende, el Dios que nos colma de alegría, el Dios que nos ama y vence los miedos, el Dios que nos trae la paz… Se nos invita a vencer la incredulidad y a ser testigos de dicho acontecimiento, que Cristo esta vivo y si lo acoges, podrás experimentar por ti mismo, que el Señor siempre transforma la tristeza en alegría, que colma de gozo la existencia y nos renueva en la esperanza. También hoy, podemos notar la caricia de Dios, ante la experiencia de su presencia…. Y no podemos ocultarla y sin pretenderlo lo mas natural es testimoniarlo a Él. Casi sin darnos cuenta,  mostramos sus acciones, lo grande que actúa, como nos está cambiando y transformando.

           Para los puntos de meditación de hoy a la homilía del 24 de abril de 2014 del Papa Francisco:

          «El mismo Señor se aparece en la sala y les dice: “Paz a ustedes”. Varios sentimientos irrumpen en el corazón de los discípulos: miedo, sorpresa, duda y, por fin, alegría. Una alegría tan grande que por esta alegría “no alcanzaban a creer”. Estaban atónitos, pasmados, y Jesús, casi esbozando una sonrisa, les pide algo de comer y comienza a explicarles, despacio, la Escritura, abriendo su entendimiento para que puedan comprenderla. Es el momento del estupor, del encuentro con Jesucristo, donde tanta alegría nos parece mentira; más aún, asumir el gozo y la alegría en ese momento nos resulta arriesgado y sentimos la tentación de refugiarnos en el escepticismo, “no es para tanto”. Es más fácil creer en un fantasma que en Cristo vivo. Es más fácil ir a un nigromante que te adivine el futuro, que te tire las cartas, que fiarse de la esperanza de un Cristo triunfante, de un Cristo que venció la muerte. Es más fácil una idea, una imaginación, que la docilidad a ese Señor que surge de la muerte y ¡vaya a saber a qué cosas te invita!  Ese proceso de relativizar tanto la fe que nos termina alejando del encuentro, alejando de la caricia de Dios. Es como si “destiláramos” la realidad del encuentro con Jesucristo en el alambique del miedo, en el alambique de la excesiva seguridad, del querer controlar nosotros mismos el encuentro. Los discípulos le tenían miedo a la alegría… Y nosotros también.»

            Es domingo, día del Señor, día oportuno para acoger las Escrituras, día favorable para celebrar la fe, día consagrado a nuestro Dios.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 6, 16-21: Vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 6, 16-21: Vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta al Señor caminando por las aguas. Contamos con el ángelus del Papa Francisco del día 10 de agosto de 2014, donde nos entrega una catequesis sobre este pasaje evangélico: “El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de Jesús que camina sobre las aguas del lago.[…] Cuando lo vieron, los discípulos se asustaron, pensando que fuese un fantasma, pero Él los tranquilizó: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». […] se describe nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y con todo victoriosa, la fe del cristiano camina hacia el encuentro del Señor resucitado, en medio de las tempestades y peligros del mundo.

[…] Sobre la barca estaban todos los discípulos, unidos por la experiencia de la debilidad, de la duda, del miedo, de la «poca fe». Pero cuando a esa barca vuelve a subir Jesús, el clima cambia inmediatamente: todos se sienten unidos en la fe en Él. Todos, pequeños y asustados, se convierten en grandes en el momento en que se postran de rodillas y reconocen en su maestro al Hijo de Dios. ¡Cuántas veces también a nosotros nos sucede lo mismo! Sin Jesús, lejos de Jesús, nos sentimos asustados e inadecuados hasta el punto de pensar que ya no podemos seguir. ¡Falta la fe! Pero Jesús siempre está con nosotros, tal vez oculto, pero presente y dispuesto a sostenernos.

Esta es una imagen eficaz de la Iglesia: una barca que debe afrontar las tempestades y algunas veces parece estar en la situación de ser arrollada. Lo que la salva no son las cualidades y la valentía de sus hombres, sino la fe, que permite caminar incluso en la oscuridad, en medio de las dificultades. La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre a nuestro lado, con su mano que nos sostiene para apartarnos del peligro. Todos nosotros estamos en esta barca, y aquí nos sentimos seguros a pesar de nuestros límites y nuestras debilidades. Estamos seguros sobre todo cuando sabemos ponernos de rodillas y adorar a Jesús, el único Señor de nuestra vida.”

Hoy sábado alcemos nuestra mirada a Ntra. Madre la Santísima Virgen María. Aprendamos de Ella a confiar en el plan de Dios.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 6,1-15: Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 6,1-15: Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía.

Después de esto, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta uno de los milagros de Ntro. Señor, la multiplicación de los panes. Comienza resaltándonos que al Señor los seguía mucha gente, y nos da uno de los motivos, no menos importante: “habian visto los signos que hacía…”, es verdad, que nuestras acciones, nuestros gestos, nos delatan, “por sus frutos los conoceréis”, nuestro testimonio es muy importante, podemos negar con nuestras acciones lo que proclamamos con nuestros labios, podemos no hablar y nuestras obras contagiar e incluso ir por delante, tocar el corazón de nuestros hermanos porque lo han visto en nosotros.

Los discípulos experimentan su pequeñez, como se ven desbordados por la sugerencia que les hace el Señor, no pueden alimentar a tanta cantidad de personas, ni siquiera juntando lo que habían visto que llevaban, llegan a decir: pero, ¿qué es eso para tantos?, en nuestra debilidad -dice la Sagrada Escritura- se muestra la acción de Dios, cuando soy débil es cuando soy fuerte, importante experimentar lo que tantas veces les había querido comunicar a los apóstoles: “sin Mí no podéis hacer nada”. Como suena, a veces, el Señor nos da la oportunidad de poder ofrecerle lo poco que tenemos, nos pide que pongamos todo lo que dependa de nosotros, el Señor obra el milagro con los panes que le ofrecen, cuando le entregamos al Señor lo que somos, nuestro tiempo, los dones que hemos recibido, lo que somos, el siempre obra y hace el milagro. Cómo comentan los santos, el Señor no quiere nuestras cosas: habilidades, dones, carismas…-todo lo hemos recibido-, te quiere a tí, nuestro corazón, nuestro ofrecimiento, nuestro ser.

El Señor sacia toda el hambre que llevaba esa inmensa multitud, los colma, y hasta sobra, pero les recomienda que no se desperdicie, que nada se pierda, cuidar, custodiar la gracia, se nos sigue ofreciendo como alimento que sacia nuestra hambre de felicidad y de plenitud.

También nos enseña a saber retirarnos a tiempo, cuando iban a proclamarlo rey, vuelve a elegir el camino de la humildad, y se retira a un lugar solitario, que el ruido y el espíritu del mundo no lo aparte de la misión encomendada, y no al estilo mundano, sino al estilo de como Dios hace las cosas, sin hacer ruido, sin buscar la gloria del mundo, pero saciando, colmando, alimentando.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 3, 31-36: El que cree en el Hijo posee la vida eterna.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 3, 31-36: El que cree en el Hijo posee la vida eterna.

Dijo Jesús a Nicodemo: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy comprobamos las resistencias por las que pasó el Señor, sus mismos paisanos se resistían a creer. ¿Y tú? ¿Y nosotros? Como es la acogida de su testimonio, ¿nos fiamos? ¿lo acogemos?.

El pasaje evangélico nos afirma: “El que cree en el Hijo posee la vida eterna”. Todo un regalo el que nos ofrece el Señor, los mayores beneficiarios somos nosotros mismos, se nos da la vida, la vida en plenitud, la vida eterna, y sin embargo, muchas veces ponemos en tela de juicio hasta su misma palabra y cuanto nos cuesta confiar, abandonarnos en sus manos, aprender a descansar en Dios.

El Papa Benedicto XVI, en la homilía del 12 de septiembre de 2006, profundiza en el credo y el regalo de la fe: ”Nos hemos reunido para una fiesta de la fe. Ahora, sin embargo, surge la pregunta:  ¿Pero qué es lo que creemos en realidad? ¿Qué significa creer? […] la fe es sencilla. Creemos en Dios, principio y fin de la vida humana. En el Dios que entra en relación con nosotros, los seres humanos; que es nuestro origen y nuestro futuro. Así, la fe es al mismo tiempo esperanza, es la certeza de que tenemos un futuro y de que no caeremos en el vacío. Y la fe es amor, porque el amor de Dios quiere «contagiarnos». Esto es lo primero:  nosotros simplemente creemos en Dios, y esto lleva consigo también la esperanza y el amor. […] Nos alegra poder conocer a Dios. Y tratamos de hacer ver también a los demás la racionalidad de la fe, como san Pedro exhortaba explícitamente, en su primera carta a los cristianos de su tiempo, y también a nosotros.

[…] Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre», dice Jesús. Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios. […] Sólo mirando a Jesucristo, nuestro gozo en Dios alcanza su plenitud, se hace gozo redimido.”

Jesús, buscando nuestro bien, desearía que su palabra salvadora fuera recibida, acogida y vivida entre sus gentes, y nosotros tendremos que orar para que la palabra del Señor llegue a aquellos a quienes amamos.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 3,16-21: Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

EVANGELIO DEL DÍA

Jn 3,16-21: Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos habla del amor de Dios, de entrega, de vida en plenitud…Dios ama a cada hombre hasta el extremo, “Dios ama tanto al mundo…” que podemos afirmar: Dios me ama tanto, tomar conciencia de ello nos dará la fuerza para superarlo todo, Dios tiene por cada uno de nosotros un amor apasionado, se nos invita a acoger ese gran amor para tener vida eterna.

 ¡No hay mayor dicha que corresponder al amor de Dios!. Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él.

En la Audiencia General del 11 de diciembre de 2013, el Papa Francisco, aborda la cuestión del juicio y profundiza sobre esta afirmación: “«Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios». Entonces, esto significa que el juicio final ya está en acción, comienza ahora en el curso de nuestra existencia. Tal juicio se pronuncia en cada instante de la vida, como confirmación de nuestra acogida con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o bien de nuestra incredulidad, con la consiguiente cerrazón en nosotros mismos. Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos quienes nos condenamos. La salvación es abrirse a Jesús, y Él nos salva. Si somos pecadores —y lo somos todos— le pedimos perdón; y si vamos a Él con ganas de ser buenos, el Señor nos perdona. Pero para ello debemos abrirnos al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las demás cosas. El amor de Jesús es grande, el amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona. Pero tú debes abrirte, y abrirse significa arrepentirse, acusarse de las cosas que no son buenas y que hemos hecho. El Señor Jesús se entregó y sigue entregándose a nosotros para colmarnos de toda la misericordia y la gracia del Padre. Por lo tanto, podemos convertirnos, en cierto sentido, en jueces de nosotros mismos, autocondenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos. No nos cansemos, por lo tanto, de vigilar sobre nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para pregustar ya desde ahora el calor y el esplendor del rostro de Dios —y estó será bellísimo—, que en la vida eterna contemplaremos en toda su plenitud. Adelante, pensando en este juicio que comienza ahora, ya ha comenzado. Adelante, haciendo que nuestro corazón se abra a Jesús y a su salvación; adelante sin miedo, porque el amor de Jesús es más grande y si nosotros pedimos perdón por nuestros pecados Él nos perdona. Jesús es así. Adelante, entonces, con esta certeza, que nos conducirá a la gloria del cielo.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 3, 5.7-15: Tenéis que nacer de nuevo.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 3, 5.7-15: Tenéis que nacer de nuevo.

Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El evangelio de hoy es la continuación del encuentro con Nicodemo. Seguimos con la invitación a NACER DE NUEVO. El Señor no rebaja su mensaje: tenemos que nacer de lo alto. Es decir, cuando el egoísmo nos empuja a pensar en nosotros mismos, cuando sentimos que no tenemos tiempo para los demás… tenemos que renacer de lo alto, dejar los criterios del ambiente, la moda, los deseos propios y escuchar las luces del Espíritu Santo que nos llaman a más generosidad, servicio y entrega. No olvidemos que para nacer de nuevo, se requiere primero morir a uno mismo.

Y en la segunda parte, nos lanza el interrogante cómo es nuestra fe. «Si no creéis…»  que desdichados somos. Sin embargo, termina recordándonos que todo el que cree en Él -Jesucristo, el Señor- tiene vida eterna. Podemos detenernos un poquitín en todos los beneficios y ventajas que nos reporta vivir descansando en el Señor y confiando en Él. Como se cumple la bienaventuranza dicha a Sto Tomas: » Dichosos los que crean…», que por cierto, es la misma que Isabel dijo a su prima, la Santísima Virgen Maria: «Dichosa tú por haber creído, porque todo lo que te ha dicho, se cumplirá». Gran tesoro, gran regalo, Dios colma nuestras aspiraciones y nos capacita para vivir en plenitud.

El Papa Francisco, en el ángelus del 9 de agosto de 2015, profundiza en las bendiciones que nos trae la fe, el que cree tiene vida eterna: “la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe.
Entonces, con esta actitud de fe, […] Quien se deja atraer por este amor va hacia Jesús, y va con fe, y recibe de Él la vida, la vida eterna.
Aquella que ha vivido esta experiencia en modo ejemplar es la Virgen de Nazaret, María: la primera persona humana que ha creído en Dios acogiendo la carne de Jesús. Aprendamos de Ella, nuestra Madre, la alegría y la gratitud por el don de la fe. Un don que no es “privado”, un don que no es “propiedad privada”, sino que es un don para compartir: es un don “para la vida del mundo”.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 3,1-8: Tenéis que nacer de nuevo.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 3,1-8: Tenéis que nacer de nuevo.

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy aparece el encuentro del Señor con Nicodemo y el tema central que se plantea es: La necesidad de nacer de nuevo.

¿Es esto posible? ¿Qué quiere decir esto?

Esto significa que nuestros criterios pueden estar movidos no por el hombre nuevo que restaura el Señor resucitado, sino más bien con los criterios de nuestro mundo y necesitan una transformación o un cambio, cuando la actuación es mundana, decimos también, según la carne. Vivimos según la carne cuando nuestros criterios no coinciden con los del Evangelio, el Papa Francisco, no para de advertirnos que no nos dejemos mundanizar.

Vivimos según el Espíritu cuando descansamos en el Señor, cuando aprendo a querer lo que Dios quiere, cuando busco su voluntad, cuando aprendo a morir a mi yo y no llevo obsesivamente el control de mi mismo, cuando no busco mis intereses.

En palabras del Papa Francisco, en la homilía del 20 de abril de 2020, nos presenta a Nicodemo: “Este hombre, Nicodemo, es un jefe de los judíos, un hombre prestigioso; sintió la necesidad de ir donde Jesús. Fue por la noche, porque tenía que tomar precauciones, ya que los que iban a hablar con Jesús no eran bien vistos. Es un fariseo justo. […] Nacer de lo alto, nacer del Espíritu. […] el Espíritu es imprevisible. La definición del Espíritu que Jesús da aquí es interesante: «El viento sopla donde quiere, y oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu», es decir, libre. Una persona que se deja llevar de una parte a otra por el Espíritu Santo: esta es la libertad del Espíritu. Y quienquiera que haga esto es una persona dócil, y aquí estamos hablando de la docilidad al Espíritu.

[…] Ser un buen cristiano es dejar que el Espíritu entre en ti y te lleve, te lleve donde quiera. […] Nacer de nuevo es dejar que el Espíritu entre en nosotros y que sea el Espíritu quien me guíe y no yo y aquí: libre, con esta libertad del Espíritu que nunca sabrás dónde acabarás.

[…] ¿Y cómo se prepara uno para nacer de nuevo? A través de la oración. La oración es lo que abre la puerta al Espíritu y nos da esta libertad, esta franqueza, este coraje del Espíritu Santo. Que nunca sabrás dónde te va a llevar. Pero es el Espíritu.

Que el Señor nos ayude a estar siempre abiertos al Espíritu, porque es Él quien nos llevará adelante en nuestra vida de servicio al Señor.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 20, 19-31: No seas incrédulo, sino creyente.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 20, 19-31: No seas incrédulo, sino creyente.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos sigue presentando las apariciones del Señor a los discípulos queriendo fortalecer la fe de ellos. Aunque el Señor en más de una ocasión les había anunciado que iba a resucitar, la realidad es que cuando se presentó la pasión, muerte, a los discípulos les falto tiempo para huir, sintieron miedo, se desesperanzaron, se acobardaron y se llenaron de tristeza. Es el Señor el que se vuelve a hacer el encontradizo, el que lleva la iniciativa y les trae su paz, les concede la fuerza del Espíritu Santo para que puedan vencer sus miedos y testimoniar con valentía su fe. “para que, creyendo, tengáis vida”. Siempre buscando nuestro bien, nuestra plenitud y nuestra realización.

En la persona de Sto. Tomás, pragmático él, ha pasado como el que exige una evidencia empírica: “si no lo veo no lo creo”, parece contemporáneo nuestro, nos podemos ver reflejados alguno de nosotros, porque con alguna frecuencia hemos podido actuar así, exigiendo signos, se nos podría acusar también a nosotros que tenemos el corazón endurecido para creer, para confiar, para dejarnos transformar por la Palabra del Señor, necesitamos ser corregidos, igual que a los apóstoles: ¿Por qué dudáis?, “No tengáis miedo, que no se acobarde vuestro corazón. Creed en Dios, creed en mí”- nos sigue diciendo el Señor, también a ti , y a mí.

El Papa San Juan Pablo II, estableció que en toda la iglesia el domingo que sigue a la Pascua, además de Dominica in Albis, se denomina también Domingo de la Misericordia Divina.

Para la meditación de este Evangelio voy a compartir la catequesis impartida en el ángelus del 7 de abril de 2002, por el Papa San Juan Pablo II:

«¡Paz a vosotros!». Así se dirige Jesús a los Apóstoles en el pasaje evangélico de este domingo, con el que concluye la octava de Pascua. […] sólo Dios puede suscitar de nuevo en los corazones pensamientos de paz. Sólo él puede dar las energías necesarias para renunciar al odio y a la sed de venganza […] La liturgia de hoy nos invita a encontrar en la Misericordia divina el manantial de la auténtica paz que nos ofrece Cristo resucitado. Las llagas del Señor resucitado y glorioso constituyen el signo permanente del amor misericordioso de Dios a la humanidad. De ellas se irradia una luz espiritual, que ilumina las conciencias e infunde en los corazones consuelo y esperanza.

Jesús, ¡en ti confío!, repetimos en esta hora complicada y difícil, sabiendo que necesitamos esa Misericordia divina que hace medio siglo el Señor manifestó con tanta generosidad a santa Faustina Kowalska. Allí donde son más arduas las pruebas y las dificultades, más insistente ha de ser la invocación al Señor resucitado y más ferviente la imploración del don de su Espíritu Santo, manantial de amor y de paz.”

Que tengas un feliz domingo, feliz día del Señor. Feliz Pascua de Resurrección. Feliz Domingo de la Misericordia Divina.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mc 16,9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

EVANGELIO DEL DÍA
Mc 16,9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos pone delante la dificultad de los apóstoles para creer, reiterativamente nos señala que después del testimonio de la Magdalena y de los dos discípulos, se resistían a creer. Los apóstoles, aunque varias veces el Señor les había hablado de la Resurrección, -nos muestran los pasajes evangélicos-, que después no solo no se acuerdan de dicha información, al contrario, más bien le ponen dificultades al hecho. Se resisten, no dieron crédito al testimonio que les llegaba que habían visto al Señor, que estaba vivo. Dudaban y se oponen a creer. Una vez más, es el mismo Señor el que sale al encuentro de los discípulos que ponen pegas para creer, que manifiestan su incredulidad.

El encuentro con el resucitado realiza una transformación en los discípulos, cambia su dureza de corazón, muda su resistencia por acogida a su palabra. La fe es un gran don del Espíritu Santo que debemos pedir, no es un mérito. La fe no es algo que se impone, sino que se propone – como le gustaba decir al Papa San Juan Pablo II, “La fe se propone, no se impone”- y se testimonia con la vida. Imitemos a los apóstoles convirtiéndonos en testigos del Señor. Sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo, colaboremos en anunciar el amor de Cristo a los demás. La fe en Cristo jamás es una esperanza para mí sólo; es siempre una fe, un amor y una esperanza para compartir con los demás. Por eso el mandato dado a los apóstoles: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

Hoy, sábado, dia especial de la Santísima Virgen, encomiéndate a Ella para que te ayude y puedas testimoniar el amor de Dios y tu fe a los que te rodean.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.