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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21,5-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21,5-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
-Maestro, ¿cuándo va a ser éso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?
El contestó:
-Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.
Luego les dijo:
-Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

PISTAS PARA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta una parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, donde invita a los discípulos a no tener miedo, sino a afrontar las dificultades con confianza, a vivir este tiempo como un tiempo de testimonio y perseverancia. El Papa Francisco comenta este mismo pasaje en el ángelus del 15 de noviembre del 2015: “Contiene algunos elementos apocalípticos, catástrofes…sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos… Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y esta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús”.

En el Evangelio de hoy es el mismo Señor el que nos invita a no tener miedo, cuando veas que ocurren estas cosas, normalmente negativas, el lenguaje conocido como apocalíptico, siempre nos pone con el final de los tiempos, nos coloca delante estampas de sufrimiento, de dolor, violencia, hambre, catástrofes… Sin embargo sobresale la invitación de Nuestro Señor a no tener miedo, nos sigue invitando a confiar, “ni un solo cabello de la cabeza se desprende”, al Señor les preocupan tus cosas, aunque te puedan parecer insignificantes, no te deja, se preocupa de lo que a ti te preocupa y termina con la llamada a perseverar, solo perseverando alcanzaremos la salvación. Ya nos avisa que cuando sucedan estas persecuciones tendremos la oportunidad de dar testimonio, lo que aparentemente es negativo, mirado desde los ojos humanos, el Señor, puede transformarlo en bien, el amor todo lo transforma y todo es una oportunidad para crecer amando. Podremos dar testimonio, no te preocupes, tú, confía.

En este domingo celebramos la Jornada Mundial de los Pobres, cuando se instituyo en el 2017 el Papa Francisco “invitaba a toda la iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad”. El lema de este año es “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin “peros” ni “condiciones”: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios” (P. Francisco, Jornada Mundial Pobres 2017).

Es domingo, día del Señor, que la jornada de hoy intensifiques los momentos de alabanza y encuentro con Él.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 18,1-8: Orar siempre sin desanimarse.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 18,1-8: Orar siempre sin desanimarse.

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
-Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor respondió:
-Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con una parábola que nos invita a orar siempre, habla de no desfallecer, el Señor sabe de nuestra falta de perseverancia, de fidelidad, y lo frecuente que se nos da el abandono de la oración, con que facilidad se ve perjudicada y abandonada, nos engañamos pensando que hay mucho que hacer, el mal del activismo, cuando caigo en él, me acuerdo de la experiencia del cardenal Van Thuan, estando en prisión, teniendo todo el tiempo del mundo, descubrió, -así nos lo narra-: “Que el Señor no quiere mis cosas, me quiere a mí”. De eso se trata, descubrir la importancia de la relación con el Dios vivo, desarrollar la intimidad en el encuentro de la oración, experimentar que con Él todo es más fácil, “sin Mí no podéis hacer nada”, aprender a descansar y contar con Él.

Para nuestra meditación, una vez más, acudo a la catequesis dada por el Papa Francisco en la Audiencia General del 25 de mayo de 2016 donde aborda este pasaje evangélico: “La parábola evangélica que acabamos de escuchar contiene una enseñanza importante: «Es preciso orar siempre sin desfallecer» . Por lo tanto, no se trata de rezar alguna vez, cuando tengo ganas. No, Jesús dice que hay que «rezar siempre, sin desfallecer». Y presenta el ejemplo de la viuda y del juez.
[…]De esta parábola Jesús saca una doble conclusión: si la viuda logra convencer al juez deshonesto con sus peticiones insistentes, cuánto más Dios, que es Padre bueno y justo, «hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche»; y además no «les hará esperar mucho tiempo», sino que actuará «con prontitud».
Por esto Jesús exhorta a rezar «sin desfallecer». Todos experimentamos momentos de cansancio y de desaliento, sobre todo cuando nuestra oración parece ineficaz. Pero Jesús nos asegura: a diferencia del juez deshonesto, Dios escucha con prontitud a sus hijos, si bien esto no significa que lo haga en los tiempos y en las formas que nosotros quisiéramos. La oración no es una varita mágica. Ella ayuda a conservar la fe en Dios, a encomendarnos a Él incluso cuando no comprendemos la voluntad. En esto, Jesús mismo —¡que oraba mucho!— es un ejemplo para nosotros. […] He aquí lo que hace la oración: transforma el deseo y lo modela según la voluntad de Dios, sea cual fuera, porque quien reza aspira ante todo a la unión con Dios, que es Amor misericordioso.
La parábola termina con una pregunta: «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?». Y con esta pregunta nos alerta a todos: no debemos renunciar a la oración incluso si no se obtiene respuesta. La oración conserva la fe, sin la oración la fe vacila. Pidamos al Señor una fe que se convierta en oración incesante, perseverante, como la da la viuda de la parábola, una fe que se nutre del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un Padre viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso.”

Hoy sábado, se nos invita a acudir a la escuela de María, contemplar al Señor con la mirada de su Madre, aprender con Ella y de Ella. Que la Santísima Virgen María nos ayudé a orar como nos conviene, que acreciente nuestra fe y nos ayude a configurar nuestra vida con la voluntad del Padre.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,26-37: El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,26-37: El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas si uno está en el campo, que no vuelva.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán.
Ellos le preguntaron:
–¿Dónde, Señor?
El contestó:
–Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos remite a los días de Noé, los tiempos de Lot, en definitiva nos pone delante la realidad del juicio, cuya característica es la sorpresa de lo inesperado. Hoy los hombres vivimos inmersos en las realidades temporales que absorben nuestra atención por completo. Muchas veces vivimos como si Dios no existiera. Corremos el peligro de no escuchar a Dios, pero un día se manifestará plenamente. Entonces quedará patente el verdadero valor de la existencia humana y sobre todo, lo que hay en el fondo de cada corazón. Lo que verdaderamente importa es el estar preparados para ese encuentro.

La espera del día del Señor no ha de ser motivo de angustia. “Es bueno esperar en silencio la salvación de Dios” –dice la Sagrada Escritura. Pero tenemos que llevar mucho cuidado de no desembocar en una relajación, no esperemos a mañana para iniciar nuestra conversión, no hay tiempo que perder cuando se trata de alcanzar nuestra salvación.

Podemos detenernos en la meditación con la máxima que nos presenta el pasaje de hoy: “El que pretenda guardarse la vida”, en definitiva, el que viva para sí, el que solo piense en si mismo, el que se cierre a los demás, sufrirá las consecuencias de su egoísmo, su vida se vaciara de sentido, perderá su propia vida, será ya un muerto en vida. Sin embargo, dice: “el que la pierda (–la vida-), la recobrará”. En la clave del amor lo que parece que es una perdida, es una ganancia; parece que se le da la vuelta a todo lo que tiene por valioso el espíritu del mundo, el que ha empezado a percibir la presencia del Dios vivo en su vida, puede decir como S. Pablo: lo que tenia por ganancia ahora lo considero basura; quien cree dar, siempre recibe muchísimo más; quien es capaz de renunciar por amor, se libera de toda atadura; el que se entrega, el que se dona, el que sirve, el que ama, experimenta el crecimiento, el amor no disminuye, esta llamado a crecer sin limites. Por eso, aquel que hace de su vida una ofrenda se vuelve don para los demás.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,20-25: El Reino de Dios está dentro de vosotros.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,20-25: El Reino de Dios está dentro de vosotros.

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó:
–El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos:
–Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis.
Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás.
Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día.
Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presentan dos enseñanzas:

Primera, y quizás la más importante: “El Reino de los cielos es ya una realidad”. El reino ya se ha iniciado pero no ha llegado a su plenitud, ya ha comenzado, se encuentra dentro de nosotros, empezamos a gozar signos de su presencia, en donde el amor, la alegría y la paz son una verdadera realidad.

La segunda, aceptar el sufrimiento como compañero de camino, a Ntro. Señor no se le quitó: “antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”. Signos de la presencia de su Reino son también la dificultad, la asechanza y la intimidación. El reino de Dios sufre violencia. El maligno no descansa y no para de poner obstáculos. ¡ojo!, no te dejes vencer, no le concedas el placer del desánimo.

El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta, el 16 noviembre de 2017, comentando el pasaje evangélico de hoy: “ante la pregunta: ¿Cuando vendrá el reino de Dios? El reino de Dios está entre vosotros: es la respuesta de Jesús […] el reino de Dios es siempre una sorpresa porque es un don dado por el Señor.[…] el reino de Dios no viene llamando la atención, no es un espectáculo o peor aún -pero muchas veces uno lo piensa- un carnaval […] el reino de Dios no se muestra con soberbia, con orgullo, no le gusta la publicidad: es humilde, oculto, y así crece […] crece siempre a escondidas, porque el Espíritu Santo está dentro de nosotros que lo hace germinar hasta dar fruto[…] concluye exhortando a pedir el Espíritu Santo la gracia de hacer germinar en nosotros y en la Iglesia, con fuerza, la semilla del reino de Dios, para que se convierta en el refugio de tanta gente y dé frutos de santidad”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,11-19: Uno de ellos, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,11-19: Uno de ellos, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
–Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
–Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
–¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
–Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos resalta la gratitud, el pasaje de la curación de los diez leprosos, donde se nos resalta la obediencia y el agradecimiento. Obedecen: “Id a presentaros a los sacerdotes”, y “mientras iban de camino, quedaron limpios”, se fiaron de la palabra dada y se pusieron en camino para realizarla, y es cuando experimentan la acción en ellos, es la fe la que salva al hombre, “tu fe te ha salvado”, y es la fe la que nos hace ser agradecidos, nos hace ver que todo no nos es debido, que es un don, un regalo, se requiere una gran humildad para sabernos siempre inmerecidos de las gracias de Dios, de los favores y atenciones de los otros, un gran regalo cada día que se nos entrega, una oportunidad para crecer amando. A nosotros nos toca agradecer y responder a Dios amándole a Él y a los que el nos ponga en nuestro camino.

Este pasaje evangélico tenemos la dicha de ser comentado por el mismo Papa Francisco en la homilía del 9 octubre del 2016: “Jesús encuentra a diez leprosos que salen a su encuentro, se paran a lo lejos y expresan a gritos su desgracia ante aquel hombre, en el que su fe ha intuido un posible salvador: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Están enfermos y buscan a alguien que los cure. Jesús les responde y les indica que vayan a presentarse a los sacerdotes que, según la Ley, tenían la misión de constatar una eventual curación. De este modo, no se limita a hacerles una promesa, sino que pone a prueba su fe. De hecho, en ese momento ninguno de los diez ha sido curado todavía. Recobran la salud mientras van de camino, después de haber obedecido a la palabra de Jesús. Entonces, llenos de alegría, se presentan a los sacerdotes, y luego cada uno se irá por su propio camino, olvidándose del Donador, es decir del Padre, que los ha curado a través de Jesús, su Hijo hecho hombre. Sólo uno es la excepción: un samaritano, un extranjero que vive en las fronteras del pueblo elegido, casi un pagano. Este hombre no se conforma con haber obtenido la salud a través de su propia fe, sino que hace que su curación sea plena, regresando para manifestar su gratitud por el don recibido, reconociendo que Jesús es el verdadero Sacerdote que, después de haberlo levantado y salvado, puede ponerlo en camino y recibirlo entre sus discípulos. Qué importante es saber agradecer al Señor, saber alabarlo por todo lo que hace por nosotros. Y así, nos podemos preguntar: ¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos gracias en familia, en la comunidad, en la Iglesia? ¿Cuántas veces damos gracias a quien nos ayuda, a quien está cerca de nosotros, a quien nos acompaña en la vida? Con frecuencia damos todo por descontado. Y lo mismo hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor para pedirle algo, pero regresar a darle las gracias… Por eso Jesús remarca con fuerza la negligencia de los nueve leprosos desagradecidos: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?».

También hoy celebramos a San Leandro, uno de los cuatro hermanos santos cartageneros. Sus hermanos fueron san Fulgencio, obispo de Écija, y san Isidoro, quien le sucedió en la sede de Sevilla. Tenía también una hermana, santa Florentina. Desde niño, se distinguió Leandro por su elocuencia y su fascinante personalidad. Siendo muy joven, entró en un convento de Sevilla, donde se entregó durante tres años a la oración y el estudio. A la muerte del obispo de Sevilla fue elegido unánimemente para sucederle. En el 589, san Leandro presidió el tercer Concilio de Toledo, que redactó una solemne declaración de la consustancialidad de las tres Personas divinas. Nos queda una carta a su hermana santa Florentina, documento conocido con el nombre de «Regla de la Vida Monástica», tiene por tema principal el desprecio del mundo y la oración. Una de las obras más importantes de san Leandro fue la reforma de la liturgia. San Leandro se vio frecuentemente atacado por las enfermedades, particularmente por la gota. San Leandro murió hacia el año 600. Sus reliquias se conservan en la catedral de Sevilla.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,7-10: Somos unos siervos inútiles.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,7-10: Somos unos siervos inútiles.

En aquel tiempo, dijo el Señor:
–Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?»
¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:
«Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

PISTAS DE MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy la llamada que se nos presenta es entender el servicio como entrega, concluye el pasaje evangélico con la máxima de: “hemos hecho lo que teníamos que hacer”. En el texto con el ejemplo planteado por el Señor, quiere que caigamos en la cuenta que cuando se introduce el interés, desvirtúa la entrega, mancha el servicio como vocación y denuncia la actitud mercantilista de exigirle al Señor. Puede darse en el fondo de nuestro corazón que nos creamos con derechos adquiridos sin darnos cuenta que el que debe vivir con agradecimiento a su creador somos nosotros, vivir nuestra vida como don, todo lo hemos recibido, “¿Tenéis que estar agradecidos…?”. Nuestra vida cristiana no se puede estructurar sobre una contabilidad del haber-debe respecto de Dios. Resuena fuertemente la gratuidad y la entrega por amor. Tenemos que servir a Dios, no con el propósito de hacer valer luego unos derechos adquiridos, sino con amor gratuito de hijos. Si hacemos el bien, que no sea llevando cuenta de lo que hacemos, ni pasando factura, ni pregonando nuestros méritos sino gratuitamente.

El Papa Emérito, Benedicto XVI, en la homilía del 3 de octubre de 2010, profundiza sobre este pasaje evangélico: “una enseñanza de humildad, pero que está estrechamente ligada a la fe. Jesús nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en el campo. Cuando regresa a casa, el patrón le pide que trabaje más. Según la mentalidad del tiempo de Jesús, el patrón tenía pleno derecho a hacerlo. El siervo debía al patrón una disponibilidad completa, y el patrón no se sentía obligado hacia él por haber cumplido las órdenes recibidas. Jesús nos hace tomar conciencia de que, frente a Dios, nos encontramos en una situación semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a él, sino que somos siempre deudores, porque a él le debemos todo, porque todo es un don suyo. Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada día, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos presentarnos nunca como quien cree haber prestado un servicio y por ello merece una gran recompensa. Esta es una falsa concepción que puede nacer en todos, incluso en las personas que trabajan mucho al servicio del Señor, en la Iglesia. En cambio, debemos ser conscientes de que, en realidad, no hacemos nunca bastante por Dios. Debemos decir, como nos sugiere Jesús: «Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer». Esta es una actitud de humildad que nos pone verdaderamente en nuestro sitio y permite al Señor ser muy generoso con nosotros. En efecto, en otra parte del Evangelio nos promete que «se ceñirá, nos pondrá a su mesa y nos servirá». Queridos amigos, si hacemos cada día la voluntad de Dios, con humildad, sin pretender nada de él, será Jesús mismo quien nos sirva, quien nos ayude, quien nos anime, quien nos dé fuerza y serenidad.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,1-6: Si siete veces en un día vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,1-6: Si siete veces en un día vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
-Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.
Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás.
Los apóstoles le pidieron al Señor:
-Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
-Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy aborda tres situaciones: la realidad del escándalo, la importancia del perdón y una tercera sobre la necesidad de la fe.

Primera llamada: evitar el escándalo. Poner los medios necesarios para evitar ser impedimento para los demás, que acusa mía puedan alejarse del encuentro con el Señor, desviar o perder la fe, por causa de nuestros actos, conducta o comportamiento. Quien hace daño a los más pequeños, débiles, sencillos es un pecado grave, muy grave. El Señor nos advierte y nos pide evitar las ocasiones de peligro, prudencia y vigilancia para que nuestro testimonio atraiga y no aleje a los demás.

Segunda invitación: Llamada a perdonar. Perdonar al hermano. El Señor no hacia teoría al hablar del perdón, su mensaje esta entretejido con el perdón, la misericordia, la comprensión, el mismo desde el árbol de la Cruz nos dejo esa misma herencia: “perdónalos, no saben lo que hacen”. Sabemos por propia experiencia que necesitamos que el Señor nos regale esta capacidad de amar, ya que humanamente experimentamos lo incapacitados que estamos para hacer realidad la capacidad de perdonar, de no llevar cuentas del mal, sin embargo, solo el amor, solo Su Amor, puede lograr el milagro, el mal solo se puede vencer desde el bien, y el camino es el amor y el perdón, hemos de suplicárselo muchas veces al Señor, ya nos lo dejó dicho: “Sin Mi no podéis hacer nada”, y que verdad que es, sin Él, estamos incapacitados para amar y fruto de ese Amor – si nos falta, se hace imposible- poder perdonar.

Tercera cuestión planteada: La fe. La suplica de los discípulos: “Señor, auméntanos la fe”. Pero ¿en qué consiste la fe? Según la definición bíblica de Heb 11,1: “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”. La fe ese don gratuito de Dios que hemos de pedirle continuamente como los discípulos, lo es todo en nuestra vida de cristianos, porque nos da una luz que todo lo ilumina. Aprendemos a mirar el mundo, como es mirado por Dios. Es la bondad y la misericordia la que lo impregna todo. ¡Señor, creemos, pero aumenta nuestra fe!

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 20,27-38: No es Dios de muertos, sino de vivos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 20,27-38: No es Dios de muertos, sino de vivos.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron:
Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó:
-En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.» No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el mensaje que nos plantea es vital, crucial e importantísimo: la resurrección de los muertos. Al Señor le tantean con un caso extremo, las intenciones no son buscar la verdad (queda muy aclarado que no creen en la resurrección), más bien ridiculizar la fe en la resurrección, el caso que nos presenta es una viuda que no ha tenido hijos, que se ha ido casando con los sucesivos hermanos de su primer marido y con ninguno de ellos ha tenido descendencia, entonces, según la ley mosaica del levirato, queda sin resolver quien será el marido en la otra vida, busca llevar al extremo del absurdo, para descalificar, desautorizar y desacreditar dicha creencia. En la respuesta dada por el Señor, la afirmación más grande: “Dios, no es Dios de muertos sino de vivos porque para él todos están vivos”.

El hombre no es un ser para la muerte, sino para la vida. La muerte no tiene la última palabra, ni es el final del camino. El Señor ha dado muerte a la muerte desde la Cruz, la muerte ha sido vencida. ¡Cristo ha resucitado!. Es crucial y necesario nuestro encuentro con el Dios vivo, no con la idea de Dios, ni siquiera con la historia y la cultura (todo esto ayuda, pero no es lo importante), lo que puede marcar una vida, es decisivo e importante, es que hoy yo puedo relacionarme con Él. No es lo mismo que me quede en su bonito mensaje, a que yo tenga experiencia de su presencia. Si Dios esta vivo, yo puedo acogerlo, si Dios esta vivo el mal no tiene la última palabra, si Dios esta vivo tenemos motivos para la esperanza, para sembrar amor. Es precisamente la fe en la vida eterna la que ilumina el quehacer de la vida presente. “Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida; lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte”. (1 Jn 3,14).

El cristiano es un hombre que busca la presencia del Dios vivo, que aprende a mirar su historia con la mirada de Dios que tanto lo ama, que se acerca a su pasado en las manos de Dios , confía en su misericordia y su perdón; el futuro lo afronta con alegría, no enajenándose, con un falso optimismo que le dispensa de su implicación en la transformación de su realidad, pero sí, con la certeza de la victoria de Ntro Señor, superando los miedos que pueden paralizarlo o desanimarlo, tiene la convicción que el mal esta herido y vencido por el amor. Y ante el hoy, su presente, no se encuentra solo, escucha: “¡Animo! Yo estoy con vosotros todos los días”. Se sabe en las manos de quien tanto le ama y la historia siempre es una historia de salvación, Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Este domingo celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, una jornada para orar y colaborar económicamente con el sostenimiento de la Diócesis. En su carta para la jornada de este año nuestro Obispo nos invita a toda la Diócesis a vivir formando parte de esta familia y trabajar juntos en la tarea de la evangelización: “No dejéis de buscar todas las posibilidades evangelizadoras, con creatividad, para poder llegar a todos”.

Es domingo, día del Señor, donde conmemoramos el triunfo de la resurrección sobre la muerte. Y con las palabras de nuestro Obispo D. José Manuel, -al que deseamos pronta mejoría- aprovecho para terminar: “Hoy celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, seguro que no hay que decir nada más, pero por si alguien lo necesita, hay que ayudar a sostenerla. Gracias por vuestra ayuda y por vuestras oraciones”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 2,13-22: No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 2,13-22: No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
–«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
–«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
–«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
–«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

La fiesta que hoy celebramos tiene una especial importancia, la Basílica de Letrán, es uno de los primeros templos que los cristianos pudieron erigir después de la época de las persecuciones. Es la primera iglesia bajo la advocación del Salvador, es la catedral del Romano Pontífice. El Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 9 de noviembre de 2008, nos explica los orígenes de la fiesta que celebramos hoy: “La liturgia nos invita a celebrar hoy la Dedicación de la basílica de San Juan de Letrán, llamada “madre y cabeza de todas las Iglesias de la urbe y del orbe”.[…]. El Papa Silvestre celebró la dedicación de la basílica hacia el año 324, y el templo fue consagrado al Santísimo Salvador; sólo después del siglo VI se le añadieron los nombres de san Juan Bautista y san Juan Evangelista, de donde deriva su denominación más conocida. Esta fiesta al inicio sólo se celebraba en la ciudad de Roma; después, a partir de 1565, se extendió a todas las Iglesias de rito romano. De este modo, honrando el edificio sagrado, se quiere expresar amor y veneración a la Iglesia romana que, como afirma san Ignacio de Antioquía, “preside en la caridad” a toda la comunión católica (Carta a los Romanos, 1, 1).
En esta solemnidad, la Palabra de Dios recuerda una verdad esencial: el templo de ladrillos es símbolo de la Iglesia viva, la comunidad cristiana,[…] La belleza y la armonía de las iglesias, destinadas a dar gloria a Dios, nos invitan también a nosotros, seres humanos limitados y pecadores, a convertirnos para formar un “cosmos”, una construcción bien ordenada, en estrecha comunión con Jesús, que es el verdadero Santo de los Santos. […] la fiesta de hoy celebra un misterio siempre actual: Dios quiere edificarse en el mundo un templo espiritual, una comunidad que lo adore en espíritu y en verdad. Pero esta celebración también nos recuerda la importancia de los edificios materiales, en los que las comunidades se reúnen para alabar al Señor. Por tanto, toda comunidad tiene el deber de conservar con esmero sus edificios sagrados, que constituyen un valioso patrimonio religioso e histórico.“

En el Evangelio de hoy nos presenta la expulsión de los mercaderes del templo, algunos han visto este pasaje como un gesto donde justificar la violencia, sin embargo, nada más lejos del espíritu cristiano, “la violencia es contraria al reino de Dios, es un instrumento del anticristo”. (Benedicto XVI, 11 marzo 2012). Mas bien, la fidelidad al Padre, el celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia, su celo es el del amor que lleva al sacrificio de sí, el “signo” que dará será precisamente su muerte y resurrección.

El sábado es un día consagrado a Ntra. Madre María, en la festividad de hoy, invoquemos la intercesión de María santísima, para que nos ayude a convertirnos, como ella, en “casa de Dios”, templo vivo de su amor.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 16,1-8: Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 16,1-8: Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
-¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
-¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
-¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió:
-Cien barriles de aceite.
El le dijo:
-Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
-Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó:
-Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
-Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Comienzo con el comentario realizado por el Papa Emérito Benedicto XVI al Evangelio de hoy, “una parábola que suscita en nosotros cierta sorpresa porque en ella se habla de un administrador injusto, al que se alaba, analizando a fondo, el Señor nos da una enseñanza seria y muy saludable. Como siempre, el Señor toma como punto de partida sucesos de la crónica diaria: habla de un administrador que está a punto de ser despedido por gestión fraudulenta de los negocios de su amo y, para asegurarse su futuro, con astucia trata de negociar con los deudores. Ciertamente es injusto, pero astuto: el evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora. En efecto, la breve parábola concluye con estas palabras: “El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido”. Pero,
¿qué es lo que quiere decirnos Jesús con esta parábola, con esta conclusión sorprendente? Inmediatamente después de esta parábola del administrador injusto el evangelista nos presenta una serie de dichos y advertencias sobre la relación que debemos tener con el dinero y con los bienes de esta tierra. Son pequeñas frases que invitan a una opción que supone una decisión radical, una tensión interior constante» (Benedicto XVI, 23 de septiembre de 2007)

En el Evangelio nos habla de la sagacidad, de la astucia del administrador a la hora de reorganizar la contabilidad. “El amo  elicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido”. No nos equivoquemos el Señor no alaba su mala gestión, pues lo despide precisamente por su injusticia, por el fraude, lo que alaba es su previsión de futuro, es posible que no estafara a su amo, más bien buscara granjearse amigos al reducir la cifra de sus beneficios, renunciando a su propia ganancia, no es la corrupción y la falta de honradez lo que se pone de modelo, sino la sagacidad. ¿Actuamos nosotros también de manera pronta de cara al negocio más importante que tenemos entre manos que es la vida eterna? Todos somos administradores de nuestra vida y de los bienes que nos ha dado el Señor. Si Dios viniera hoy a revisar las cuentas de aquello que nos ha confiado, ¿qué encontraría?

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.