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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 12,46-50: El que cumple la voluntad de mi Padre…

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 12,46-50: El que cumple la voluntad de mi Padre…

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
Uno se lo avisó:
– Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.
Pero él contestó al que le avisaba:
– ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
Y señalando con la mano a los discípulos, dijo:
– Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta a María queriendo hablar con Jesús, y al Señor ensalzando a su madre, ya que nadie como Ella buscó en todo y siempre hacer la voluntad del Padre, condición que pone el Señor para todo aquel que quiera seguirle o formar parte de su familia: “el que hace la voluntad de mi Padre…”, el Papa Francisco, dedicó una catequesis del Padre Nuestro a hablar de la voluntad del Padre, concretamente, la Audiencia General del 20 de marzo de 2019, colocare algunos subrayados: “hoy nos detenemos en la tercera invocación: «Hágase tu voluntad». […] ¿Cuál es la voluntad de Dios encarnada en Jesús?: Buscar y salvar lo que está perdido. Y nosotros, cuando rezamos, pedimos que la búsqueda de Dios tenga éxito, que se cumpla su plan universal de salvación, primero en cada uno de nosotros y luego en todo el mundo. […] Jesús en el Huerto de Getsemaní, cuando experimentó la angustia y oró: «¡Padre, si quieres, aparta de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya!». Jesús es aplastado por el mal del mundo, pero se abandona confiadamente al océano del amor de la voluntad del Padre.”

Celebramos hoy una fiesta de la Bienaventurada Virgen María, bajo la advocación del monte Carmelo, El Papa Benedicto XVI hizo una referencia en el ángelus del 16 de julio de 2006: “día en que la liturgia recuerda a Nuestra Señora la Virgen del Carmen. El Carmelo, alto monte situado en la costa oriental del mar Mediterráneo, precisamente a la altura de Galilea, tiene en sus laderas numerosas grutas naturales, predilectas por los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, que en el siglo IX antes de Cristo defendió valerosamente contra la contaminación de los cultos idólatras la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose precisamente en la figura de Elías, surgió la Orden contemplativa de los “carmelitas”, familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo Edith Stein). Los carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, indicándola como modelo de oración, de contemplación y de entrega a Dios.
En efecto, María, fue la primera que creyó y experimentó, de modo insuperable, que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente su Palabra, “llegó felizmente al santo monte” (cf. Oración colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo encomendar hoy a todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo y, de modo especial, a las de la Orden del Carmen, […] Que María ayude a todos los cristianos a encontrar a Dios en el silencio de la oración.”
Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 10,34-11,1: No he venido a sembrar paz, sino espadas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 10,34-11,1: No he venido a sembrar paz, sino espadas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles:
-No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy comienza con las palabras tan fuertes y duras: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz…” ¿Entonces que “paz” es a la que se refiere el Señor? No será más bien, que paz no es igual que tranquilidad para un cristiano, que la paz que nace de la justicia lleva combatir contra el mal, que paz no es lo mismo que ausencia de conflictos, el amor esta en conflicto contra el pecado y todos sus derivados de mal, nos chirria el oído al oír hablar de que no he venido a sembrar paz, sino espada, a enemistar, no nos resulta familiar este lenguaje, sobretodo cuando el ejemplo de su vida fue no violento y el mismo nos dejó la bienaventuranza: “Dichosos a los que trabajan por la paz”. Esta claro que lo que esta denunciando es una vida que huye de los conflictos, que se hace complice con su silencio, que prefiere la tranquilidad a complicarse la existencia.

El Señor, además, nos pide que tomemos nuestra cruz. Y nos pide la entrega total a la causa del Reino. Esa es la única razón válida para Él. Por el Reino hay que dejarlo todo. Radicalmente. Totalmente. El Señor nos pide un amor por encima de todas las cosas, incluso las más preciosas y santas; El Señor es claro: nos anima a negarnos en el uso egoísta de la libertad, en nuestros pecados de soberbia, de avaricia, lujuria, ira, gula, envidia o de pereza. ¡Para amar a Dios necesitamos aprender a renunciar a nosotros mismos! Pero la negación no es un fín en sí mismo, es la otra cara del amor y de la entrega. Para poder decir “sí” a Dios y a los demás, necesitamos decirnos “no” a nosotros mismos. Con este pasaje evangélico Jesús nos invita a considerar que la vida terrena es para luchar, para entregarse. No soñemos con una vida sin cruz, más bien pensemos en llevar la cruz con Cristo. Llevemos nuestras cruces con alegría, con amor, con la esperanza del cristiano que por la fe conoce la trascendencia de su vida frente a la eternidad.
Y otro punto para nuestra meditación: “El que os recibe a vosotros me recibe a mí”, el Señor se identifica con los suyos. Podemos tocar, servir, amarle en los otros. “solo porque es mi discípulo, no perderá su paga”. Nada cae en el vacío, el Señor es generoso, nos da el ciento por uno y la vida eterna. Se nos invita a saber recibir a cualquier discípulo suyo, el ayudarnos, “dar un vaso de agua”. Amar es dar hasta que duela, decía Santa Teresa de Calcuta. Dar, darse, entregar la vida sin nada a cambio, solo el amor hace que la vida merezca ser vivida, hay “mas alegría en dar que en recibir” nada queda sin la recompensa de quien tanto nos ama.
Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,25-37: ¿Quién es mi prójimo?

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,25-37: ¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
El le dijo:
-¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó:
-«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
El le dijo:
-Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
-¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
-Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó:
-El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
-Anda, haz tú lo mismo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del buen samaritano. Tenemos la dicha de contar con la catequesis y reflexión realizada por el Papa Francisco de este pasaje evangélico, en la Audiencia General, del 27 de abril de 2016: “Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano. […] aquel hombre hace otra pregunta, que se vuelve muy valiosa para nosotros: «¿Quién es mi prójimo?», y sobrentiende: «¿mis parientes? ¿Mis connacionales? ¿Los de mi religión?…». En pocas palabras, él quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en «prójimo» y «no-prójimo», en los que pueden convertirse en prójimo y en los que no pueden convertirse en prójimo.
Y Jesús responde con una parábola en la que convergen un sacerdote, un levita y un samaritano. Las dos primeros son figuras relacionadas al culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir, el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó, el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones habían asaltado, saqueado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa… El sacerdote, tal vez, miró su reloj y dijo: «Pero, llego tarde a la misa … Tengo que celebrar la misa». Y el otro dijo: «Pero, no sé si la ley me lo permite, porque hay sangre y seré impuro…». Se van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos da una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Puedes conocer toda la Biblia, puedes conocer todas las rúbricas litúrgicas, puedes aprender toda la teología, pero de conocer no es automático el amar: amar tiene otro camino, es necesaria la inteligencia pero también algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Sin embargo, no existe un verdadero culto si no se traduce en servicio al prójimo. No olvidemos nunca: frente al sufrimiento de mucha gente agotada por el hambre, la violencia y las injusticias, no podemos permanecer como espectadores. Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a ese hombre, a esa mujer, a ese niño, a ese anciano o a esa anciana que sufre, no me acerco a Dios.
Pero vamos al centro de la parábola: el samaritano, que es precisamente aquel despreciado, aquel por el que nadie habría apostado nada, y que igualmente tenía sus compromisos y sus cosas que hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban ligados al templo, sino que «tuvo compasión». Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las entrañas se conmovieron! Esa es la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano estaba en sintonía con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué quiere decir? Sufre con nosotros y nuestros sufrimientos Él los siente. Compasión significa «padecer con». El verbo indica que las entrañas se mueven y tiemblan ante el mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Nos está cerca y no nos abandona nunca.[…] El samaritano actúa con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se hace cargo personalmente y provee para su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa cuidar del otro hasta pagar en persona. Significa comprometerse realizando todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.
Concluida la parábola, Jesús da la vuelta a la pregunta del doctor de la Ley y le pregunta: «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». La respuesta es finalmente inequívoca: «El que practicó la misericordia con él». Al comienzo de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se hizo cercano. Jesús invierte la perspectiva: no clasificar a los otros para ver quién es prójimo y quién no. Tú puedes convertirte en prójimo de cualquier persona en necesidad, y lo serás si en tu corazón hay compasión, es decir, si tienes esa capacidad de sufrir con el otro.
Esta parábola es un regalo maravilloso para todos nosotros, y ¡también un compromiso! A cada uno de nosotros, Jesús le repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Vete y haz tú lo mismo» (v. 37). Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se ha inclinado sobre nosotros, se ha convertido en nuestro servidor, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, del mismo modo.”

El pasaje evangélico de hoy nos invita a la conversión, denuncia nuestro pecado de omisión, del bien que se queda sin hacer por nuestras justificaciones, nuestras perezas, nuestros miedos… al contemplar el proceder de los dos primeros personajes de la parábola, el sacerdote y del levita, ambos dieron un rodeo y pasaron de largo. Nadie estamos libre de “pasar de largo”, de nuestra indiferencia ante el sufrimiento del otro, es fácil desentendernos del necesitado, es posible no querer complicarnos la existencia, y un riesgo es pensar que como los problemas son tantos y nos superan, no hacer nada y que al final nuestro corazón se vuelva insensible al dolor de los que nos rodean.

También se nos presenta el Señor como el buen samaritano que sana y cura nuestras heridas, y nos advierte que se hace prójimo, “lo que hicisteis a uno de estos más pequeños a mí me lo hicisteis”, podemos amar, servir y tocar al Señor en el otro. “a mí me lo hicisteis”.

Es domingo, día del Señor. Un día grande para vivir de la misericordia amando. Que tengas un buen día.

J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 10,24-33: No tengáis miedo…

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 10,24-33: No tengáis miedo…

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles:
-Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo.
Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto, que no llegue a descubrirse; nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la invitación del Señor a los suyos a no tener miedo, varias veces se repite en el pasaje de hoy, no temáis, no dejéis lugar al miedo, en el amor no cabe el miedo, “no tengáis miedo”, fueron las primeras palabras que S. Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de S. Pedro, cuando inauguró su pontificado, cuantas veces se las repitió a los jovenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud: ¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo!

Otro de los puntos de nuestra meditación: “El discípulo no es más que el Maestro”, se nos advierte para que contemos con la cruz y con la persecución. “Es una invitación a seguir su ejemplo y su enseñanza para ser guías seguros y sabios.” (Papa Francisco, Angeles 3 marzo 2019). “Dichosos cuando os persigan por mi causa -dice el Señor-…” “si a mí me han perseguido, lo mismo harán con vosotros”, Llegar a poder entregar la propia vida por la fe, no es fruto de uno sino que es un don grandísimo, es la prueba suprema de amor, “nadie ama más que aquel que da la vida…”, el cristiano se va configurando con el Señor, siguiendo sus mismos pasos, hasta hacer de su vida una ofrenda, hasta entregarlo todo por el Señor y el Evangelio. El ser amados de Dios suscita alegría y devolución de amor, ayuda a superar las dificultades, a no caer en las redes del mal y aplicar la misma moneda de Ntro. Señor: amor que se entrega amando y perdonando.

Hoy sábado la iglesia nos invita a alzar nuestra mirada a Nuestra Madre, la Santísima Virgen María, que hizo de su vida una entrega a la voluntad de Dios, Ella nos ayude a cada uno de nosotros a vivir para Él. Que podamos desear con Ella de ser todo y solo de Dios.
Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 10,16-23

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 10,16-23:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles:
-Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.
Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final, se salvará.
Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
Creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor envía y da unos consejos a sus discípulos. Les avisa que no será fácil, nos recuerda que la prueba, mas tarde o mas temprano,  aparece, y con ella, la oportunidad de mostrar el amor al Señor.  “Así daréis testimonio ante ellos”, cuando uno vive desde el amor y agarrado al Señor, cualquier circunstancia o acontecimiento,  por apariencia de mal que se pueda presentar,  siempre será un reto,  que se nos brinda para corresponder al amor del Señor, para  crecer en su amor y en su seguimiento. Ya S. Pablo anuncia que “para los que aman al Señor todo ocurre para bien”, no dudemos nunca, que aunque muchas veces no entendamos, no comprendamos, sin embargo, Dios continúa haciendo su historia de salvación y sigue sacando bien,  incluso del mal. Es verdad que es en la prueba donde somos podados y tenemos la oportunidad de demostrar hasta donde llega el amor del Señor en nuestras vidas. ¿Que estoy dispuesto a hacer por Él? ¿Hasta donde llega mi amor?

Cuando nos llegue la ocasión se nos invita a confiar, “no os preocupéis”, no estamos solos. ” yo estaré con vosotros siempre”. El Espíritu hablará por vosotros. Confía, abandónate y descansa en el Señor. Es la perseverancia y la fidelidad la que consigue el triunfo. No somos cristianos de un rato, de unas horas, para los días de fiesta, el amor es para siempre no es para un tiempo, hablaríamos de otra cosa si pensamos que mientras nos vaya bien, el amor lleva el sello de eternidad y es para siempre. Un cristiano lleva el uniforme de la bondad, la amabilidad, el cariño, la humildad, el perdón…, desde que inicia la jornada hasta que la remata, es cristiano las 24 horas.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 19,27-29: Todo aquel que por mí haya dejado …, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 19,27-29: Todo aquel que por mí haya dejado …, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

En aquel tiempo, Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:
«Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús le dijo:
«Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos resalta la generosidad de Dios para aquel que corresponda a su invitación al seguimiento, el Papa Francisco en el ángelus del 11 de octubre de 2015 profundiza sobre ello: “En verdad os digo que quien deja todo para seguirme tendrá la vida eterna en el futuro y cien veces más ya en el presente. Este «cien veces más» está hecho de las cosas primero poseídas y luego dejadas, pero que se reencuentran multiplicadas hasta el infinito. Nos privamos de los bienes y recibimos en cambio el gozo del verdadero bien; nos liberamos de la esclavitud de las cosas y ganamos la libertad del servicio por amor; renunciamos a poseer y conseguimos la alegría de dar. Lo que Jesús decía: «Hay más dicha en dar que en recibir».” El gozo de la entrega, la alegría de la renuncia, es tanta la dicha, que como S. Pablo expresaba, uno no se detiene en lo que deja, “todo lo considero basura”. Uno lo vende todo para poder adquirir la perla preciosa.

Celebramos hoy la fiesta de San Benito de Nursia, el Papa Emérito Benedicto XVI, dedicó una Audiencia General, la del 9 de abril de 2008, al fundador del monacato: “San Benito de Nursia, con su vida y su obra, ejerció una influencia fundamental en el desarrollo de la civilización y de la cultura europea.
[…]La fecha del nacimiento de san Benito se sitúa alrededor del año 480. Procedía, según dice san Gregorio de la región de Nursia, ex provincia Nursiae. Sus padres, de clase acomodada, lo enviaron a estudiar a Roma. Él, sin embargo, no se quedó mucho tiempo en la ciudad eterna. Como explicación totalmente creíble, san Gregorio alude al hecho de que al joven Benito le disgustaba el estilo de vida de muchos de sus compañeros de estudios, que vivían de manera disoluta, y no quería caer en los mismos errores. Sólo quería agradar a Dios: «soli Deo placere desiderans» (Dial. II, Prol. 1).
Así, antes de concluir sus estudios, san Benito dejó Roma y se retiró a la soledad de los montes que se encuentran al este de la ciudad eterna. […]se unió durante algún tiempo a una «comunidad religiosa» de monjes, se hizo eremita en la cercana Subiaco. Allí vivió durante tres años, completamente solo, en una gruta que, desde la alta Edad Media, constituye el «corazón» de un monasterio benedictino llamado «Sacro Speco» (Gruta sagrada).
El período que pasó en Subiaco, un tiempo de soledad con Dios, fue para san Benito un momento de maduración. Allí tuvo que soportar y superar las tres tentaciones fundamentales de todo ser humano: la tentación de autoafirmarse y el deseo de ponerse a sí mismo en el centro; la tentación de la sensualidad; y, por último, la tentación de la ira y de la venganza.
San Benito estaba convencido de que sólo después de haber vencido estas tentaciones podía dirigir a los demás palabras útiles para sus situaciones de necesidad. De este modo, tras pacificar su alma, podía controlar plenamente los impulsos de su yo, para ser artífice de paz a su alrededor. Sólo entonces decidió fundar sus primeros monasterios en el valle del Anio, cerca de Subiaco.
En el año 529, san Benito dejó Subiaco para asentarse en Montecassino. […] el 21 de marzo del año 547 san Benito concluyó su vida terrena, dejó con su Regla y con la familia benedictina que fundó, un patrimonio que ha dado frutos a través de los siglos y que los sigue dando en el mundo entero.
[…] la vida de san Benito estaba inmersa en un clima de oración, fundamento de su existencia. Sin oración no hay experiencia de Dios. […] vivía bajo la mirada de Dios y precisamente así nunca perdió de vista los deberes de la vida cotidiana ni al hombre con sus necesidades concretas.
Al contemplar a Dios comprendió la realidad del hombre y su misión. En su Regla se refiere a la vida monástica como «escuela del servicio del Señor» (Prol. 45) y pide a sus monjes que «nada se anteponga a la Obra de Dios» (43, 3), es decir, al Oficio divino o Liturgia de las Horas. Sin embargo, subraya que la oración es, en primer lugar, un acto de escucha (Prol. 9-11), que después debe traducirse en la acción concreta. «El Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos», afirma (Prol. 35).
Así, la vida del monje se convierte en una simbiosis fecunda entre acción y contemplación «para que en todo sea glorificado Dios» (57, 9).[…] el compromiso primero e irrenunciable del discípulo de san Benito es la sincera búsqueda de Dios (58, 7) en el camino trazado por Cristo, humilde y obediente (5, 13), a cuyo amor no debe anteponer nada (4, 21; 72, 11), y precisamente así, sirviendo a los demás, se convierte en hombre de servicio y de paz. En el ejercicio de la obediencia vivida con una fe animada por el amor (5, 2), el monje conquista la humildad (5, 1), a la que dedica todo un capítulo de su Regla (7). De este modo, el hombre se configura cada vez más con Cristo y alcanza la auténtica autorrealización como criatura a imagen y semejanza de Dios.
A la obediencia del discípulo debe corresponder la sabiduría del abad, que en el monasterio «hace las veces de Cristo» (2, 2; 63, 13). […] «el santo de ninguna manera podía enseñar algo diferente de lo que vivía» (Dial. II, 36). El abad debe ser un padre tierno y al mismo tiempo un maestro severo (2, 24), un verdadero educador. Aun siendo inflexible contra los vicios, sobre todo está llamado a imitar la ternura del buen Pastor (27, 8), a «servir más que a mandar» (64, 8), y a «enseñar todo lo bueno y lo santo más con obras que con palabras» (2, 12). Para poder decidir con responsabilidad, el abad también debe escuchar «el consejo de los hermanos» (3, 2), porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (3, 3). Esta disposición hace sorprendentemente moderna una Regla escrita hace casi quince siglos. Un hombre de responsabilidad pública, incluso en ámbitos privados, siempre debe saber escuchar y aprender de lo que escucha.
San Benito califica la Regla como «mínima, escrita sólo para el inicio» (73, 8); pero, en realidad, ofrece indicaciones útiles no sólo para los monjes, sino también para todos los que buscan orientación en su camino hacia Dios. Por su moderación, su humanidad y su sobrio discernimiento entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual, ha mantenido su fuerza iluminadora hasta hoy.
Pablo VI, al proclamar el 24 de octubre de 1964 a san Benito patrono de Europa, pretendía reconocer la admirable obra llevada a cabo por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea. Hoy Europa, recién salida de un siglo herido profundamente por dos guerras mundiales y después del derrumbe de las grandes ideologías que se han revelado trágicas utopías, se encuentra en búsqueda de su propia identidad.
Para crear una unidad nueva y duradera, […] es necesario también suscitar una renovación ética y espiritual que se inspire en las raíces cristianas del continente. De lo contrario no se puede reconstruir Europa. Sin esta savia vital, el hombre queda expuesto al peligro de sucumbir a la antigua tentación de querer redimirse por sí mismo, […] El gran monje sigue siendo un verdadero maestro que enseña el arte de vivir el verdadero humanismo.”

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 10,1-7: Jesús llamó a sus doce discípulos

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 10,1-7: Jesús llamó a sus doce discípulos.

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
-No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la elección de los Doce. El Evangelista se detiene en decirnos como se llamaban, es importante, nos pone los nombres, la llamada no es genérica, no se diluye en el grupo. El Señor sigue llamando al seguimiento y su llamada es personal. Él es el que los capacita o capacitará para la misión encomendada, no van solos, ni depende de sus fuerzas, sigue resonando las palabras dichas a S. Pablo: “Te basta mi gracia”. Es cuestión más que nada de dejarse hacer, de permitir a Dios obrar, de confiar, de fiarnos, de ser instrumentos, de estar disponibles. El Señor sigue llamando, sigue contando con corazones generosos que le permitan obrar en sus vidas.

Creo que nos puede ayudar en nuestra meditación las palabras del Papa Benedicto XVI, pronunciadas en la Audiencia General, del 22 de marzo de 2006, nos resalta la misión de los Apóstoles como testigos y enviados de Cristo:

“[…] la llamada de los Apóstoles marcó los primeros pasos del ministerio de Jesús. […] El destino de estos “llamados”, de ahora en adelante, estará íntimamente unido al de Jesús. El apóstol es un enviado, pero, ante todo, es un “experto” de Jesús. […] La aventura de los Apóstoles comienza así, como un encuentro de personas que se abren recíprocamente. Para los discípulos comienza un conocimiento directo del Maestro. Ven dónde vive y empiezan a conocerlo. En efecto, no deberán ser anunciadores de una idea, sino testigos de una persona. Antes de ser enviados a evangelizar, deberán “estar” con Jesús, entablando con él una relación personal.[…]  “A estos Doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones:  “No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. […] De este modo, los Doce, elegidos para participar en la misma misión de Jesús, cooperan con el Pastor de los últimos tiempos, yendo ante todo también ellos a las ovejas perdidas de la casa de Israel, es decir, dirigiéndose al pueblo de la promesa, cuya reunión es el signo de salvación para todos los pueblos, el inicio de la universalización de la Alianza. […] Después de la pasión y la resurrección de Cristo, ese signo quedará esclarecido:  el carácter universal de la misión de los Apóstoles se hará explícito. Cristo enviará a los Apóstoles “a todo el mundo”, a “todas las naciones”, “hasta los confines de la tierra”. Y esta misión continúa. Continúa siempre el mandato del Señor de congregar a los pueblos en la unidad de su amor. Esta es nuestra esperanza y este es también nuestro mandato:  contribuir a esta universalidad, a esta verdadera unidad en la riqueza de las culturas, en comunión con nuestro verdadero Señor Jesucristo.”

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 9,32-38: Como ovejas que no tienen pastor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 9,32-38: Como ovejas que no tienen pastor.

En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo.
Echó al demonio, y el mudo habló.
La gente decía admirada:
-Nunca se ha visto en Israel cosa igual.
En cambio, los fariseos decían:
-Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dijo a sus discípulos:
-La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos muestra la gran compasión por parte del Señor, esa manera de proceder nos revela el corazón de Dios, la compasión, no es solamente un atributo de Dios, es la misericordia de Dios la que toca el corazón del hombre, la que le lleva a dar la vida por amor. El Señor advierte de la gran carencia espiritual de la gente y la urgencia de alguien que les ayude y los guíe, pidamos porque no nos falten pastores con el mismo corazón del Señor. Las dos imágenes que emplea el Señor, ovejas y mies: “ovejas sin pastor”, y la imagen de la cosecha de la mies, viene a decirnos que hace falta pastores, hace falta segadores. El Señor nos pide trabajar por su Reino. Este mandato va dirigido a todos los cristianos. Todos los bautizados estamos llamados a extender el Reino de Cristo en el mundo. Hemos de oír el mandato misionero como dirigido a cada uno personalmente. Quien conoce a Cristo no puede guardarlo para sí, debe darlo a conocer a los demás. Quien ha recibido el don de la fe ha de transmitirla a quien está a su lado, pues la fe en Cristo es un tesoro que se ha de compartir. ¡Hay que predicar a Cristo! Vivamos una fe llena de fuerza evangelizadora. Finalizo recordando las palabras de la Constitución del Vaticano II en el capitulo primero de la G.S.: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.

Acudo una vez más a un texto del Papa Francisco, concretamente, el del ángelus del 19 de julio de 2015, en dicha catequesis, aborda el pasaje evangélico de hoy y se centra en Jesús como buen pastor, subrayando tres actitudes necesarias para el cristiano:

“El Evangelio de hoy nos dice que los Apóstoles, tras la experiencia de la misión, regresaron contentos pero también cansados. Y Jesús, lleno de comprensión, quiso darles un poco de alivio; y es así que los lleva a un lugar desierto, a un sitio apartado para que descansaran un poco. «Muchos los vieron marcharse y los reconocieron… y se les adelantaron». Y es así que el evangelista nos ofrece una imagen de Jesús de especial intensidad, «fotografiando», por decirlo así, sus ojos y captando los sentimientos de su corazón, y dice así el evangelista: «Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas».
Retomemos los tres verbos de este sugestivo fotograma: ver, tener compasión, enseñar. Los podemos llamar los verbos del Pastor. Ver, tener compasión, enseñar. El primero y el segundo, ver y tener compasión, están siempre asociados con la actitud de Jesús: su mirada, en efecto, no es la mirada de un sociólogo o de un reportero gráfico, porque Él mira siempre con «los ojos del corazón». Estos dos verbos, ver y tener compasión, configuran a Jesús como buen Pastor. Incluso su compasión, no es solamente un sentimiento humano, sino que es la conmoción del Mesías en quien se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de alimentar a la multitud con el pan de su Palabra, es decir enseñar la Palabra de Dios a la gente. Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús nos enseña. ¡Es hermoso esto!”
Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 9,18-26: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 9,18-26: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo:
-Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.
Jesús lo siguió con sus discípulos.
Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió, y al verla le dijo:
-¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
-¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El pasaje evangélico de hoy es comentado por el Papa Francisco en el ángelus del 28 junio del 2015, tenemos la dicha de contar con las pautas dadas por nuestro pastor, catequesis que comparto integra para nuestra meditación:

“El Evangelio de hoy presenta el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de uno de los jefes de la sinagoga, el cual se echa a los pies de Jesús y le ruega: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». En esta oración vemos la preocupación de todo padre por la vida y por el bien de sus hijos. Pero percibimos también la gran fe que ese hombre tiene en Jesús. Y cuando llega la noticia de que la niña ha muerto, Jesús le dice: «No temas, basta que tengas fe». Dan ánimo estas palabras de Jesús, y también nos las dice a nosotros muchas veces: «No temas, basta que tengas fe». Al entrar en la casa, el Señor echa a la gente que llora y grita y dirigiéndose a la niña muerta dice: «Contigo hablo, niña, levántate». Inmediatamente la niña se levantó y echó a andar. Aquí se ve el poder absoluto de Jesús sobre la muerte, que para Él es como un sueño del cual nos puede despertar.
En el seno de este relato, el evangelista introduce otro episodio: la curación de una mujer que desde hacía doce años padecía flujos de sangre. A causa de esta enfermedad que, según la cultura del tiempo, la hacía «impura», ella debía evitar todo contacto humano: pobrecilla, estaba condenada a una muerte civil. Esta mujer anónima, en medio de la multitud que sigue a Jesús, se dice a sí misma: «Con sólo tocarle el manto curaré». Y así fue: la necesidad de ser liberada la impulsó a probar y la fe «arranca», por así decir, la curación al Señor . Quien cree «toca» a Jesús y toma de Él la gracia que salva. La fe es esto: tocar a Jesús y recibir de Él la gracia que salva. Nos salva, nos salva la vida espiritual, nos salva de tantos problemas. Jesús se da cuenta, y en medio de la gente, busca el rostro de aquella mujer. Ella se adelanta temblorosa y Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado». Es la voz del Padre celestial que habla en Jesús: «¡Hija, no estás condenada, no estás excluida, eres mi hija!». Y cada vez que Jesús se acerca a nosotros, cuando vamos hacia Él con fe, escuchamos esto del Padre: «Hijo, tú eres mi hijo, tú eres mi hija. Tú te has curado, tú estás curada. Yo perdono a todos, todo. Yo curo a todos y todo».
Estos dos episodios —una curación y una resurrección— tienen un único centro: la fe. El mensaje es claro, y se puede resumir en una pregunta: ¿creemos que Jesús nos puede curar y nos puede despertar de la muerte? Todo el Evangelio está escrito a la luz de esta fe: Jesús ha resucitado, ha vencido la muerte, y por su victoria también nosotros resucitaremos. Esta fe, que para los primeros cristianos era segura, puede empañarse y hacerse incierta, hasta el punto que algunos confunden resurrección con reencarnación. La Palabra de Dios de este domingo nos invita a vivir en la certeza de la resurrección: Jesús es el Señor, Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, donde reina la vida. Y allí nos encontraremos todos, todos los que estamos aquí en la plaza hoy, nos encontraremos en la casa del Padre, en la vida que Jesús nos dará.
La Resurrección de Cristo actúa en la historia como principio de renovación y esperanza. Cualquier persona desesperada y cansada hasta la muerte, si confía en Jesús y en su amor puede volver a vivir. También recomenzar una nueva vida, cambiar de vida es un modo de resurgir, de resucitar. La fe es una fuerza de vida, da plenitud a nuestra humanidad; y quien cree en Cristo se debe reconocer porque promueve la vida en toda situación, para hacer experimentar a todos, especialmente a los más débiles, el amor de Dios que libera y salva.
Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, el don de una fe fuerte y valiente, que nos empuje a ser difusores de esperanza y de vida entre nuestros hermanos”.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,1-12.17-20: La mies es abundante y los obreros pocos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 10,1-12.17-20: La mies es abundante y los obreros pocos.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
-La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «está cerca de vosotros el Reino de Dios.»
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros.» «De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios.»
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
-Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
El les contestó:
-Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el envío a la misión. Después de la misión de los apóstoles, relata que el Señor envía además otros discípulos, el envío de los 72. El Señor implica en su misión, hay trabajo para todos. Podríamos detenernos en las claves que les da para la misión:

Primeramente les hace mención que hay mucho trabajo por hacer, “la mies es mucha”, son muchos los que no lo conocen, bastantes los que tienen sed de plenitud y desconocen su mensaje, “si conocieras el don de Dios”, numerosos los que sin saberlo esperan que alguien les ayude a descubrir como saciar su corazón en la búsqueda de plenitud. Todo ser humano anhela ser feliz, desea amar, ser amado.

Urge, apremia a todo el que haya acogido su invitación a la misión a ponerse en camino. A salir de su comodidad, a no cruzarse de brazos, cuando el reto es tan inmenso quedan tantos que necesitan descubrir este tesoro, anunciarles el kerigma, acoger el amor que Dios les tiene, experimentar la gratuidad con que somos amados. ¿No escuchas la propuesta? ¡Poneos en camino!

El Señor nos advierte que nos envía como ovejas en medio de lobos. Tenemos que contar que si elegimos este camino se presentaran dificultades que hemos de aprovechar para crecer en el amor, que el maligno no descansa y no nos lo va a poner fácil, que él siempre generara división, separación, mentira… procuremos no caer en sus redes, luchar contra la tentación de tirar la toalla, y sacar todo el bien que podamos de los retos que se nos presentarán. Las armas para el combate deben ser siempre las del Señor, no venceremos nunca al mal dando una respuesta en la misma medida, el mal se vence poniendo más amor, el mal se vence a fuerza de bien, el mal se vence cuando se rompe la cadena de un mal mayor. ¡Ánimo! Queda mucho trabajo por hacer.

Entre las instrucciones que nos da para la misión, la primera el desprendimiento, no recuerdas, negarse uno a si mismo, vayan despegados de todo, sin alforjas, sin dinero… no poniendo la fuerza en los medios, con austeridad, sencillez y confiando que esto lo lleva el Señor, no es obra nuestra.

Importante siendo constructores de paz, es el mismo mensaje del resucitado: mi paz os doy, mi paz os dejo. Dichosos los que trabajan por la paz… en la casa que entréis desead la paz. El Señor nos envía a nosotros a llevar la paz de Cristo. Que podamos cumplir esa advertencia que santa Teresa de Calcuta recomendaba a sus hijas: “Procurad que todo el que entre en contacto con vosotras salga mejorado”.

Y si alguien no os recibe, anunciadle el Evangelio y bendecir, no maldigáis, seguid siendo constructores de paz, que si no son hombres de paz, esa misma paz volverá a vosotros. ¡Ánimo, nos queda mucho por hacer!

Feliz domingo, feliz día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.