world-gc8a2769c9_1280

EVANGELIO DEL DÍA Mt 10, 1-7: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 10, 1-7: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos.

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la elección de los Doce. El Evangelista se detiene en decirnos como se llamaban, es importante, nos pone los nombres, la llamada no es genérica, no se diluye en el grupo. El Señor sigue llamando al seguimiento y su llamada sigue siendo personal. Él es el que los capacita o capacitará para la misión encomendada, no van solos, ni depende de sus fuerzas, sigue resonando las palabras dichas a S. Pablo: “Te basta mi gracia”. Es cuestión más que nada de dejarse hacer, de permitir a Dios obrar, de confiar, de fiarnos, de ser instrumentos, de estar disponibles. El Señor sigue llamando, sigue contando con corazones generosos que le permitan obrar en sus vidas.
Creo que nos puede ayudar en nuestra meditación las palabras del Papa Benedicto XVI, pronunciadas en la Audiencia General, del 22 de marzo de 2006, nos resalta la misión de los Apóstoles como testigos y enviados de Cristo:

“[…] la llamada de los Apóstoles marcó los primeros pasos del ministerio de Jesús. […] El destino de estos «llamados», de ahora en adelante, estará íntimamente unido al de Jesús. El apóstol es un enviado, pero, ante todo, es un «experto» de Jesús. […] La aventura de los Apóstoles comienza así, como un encuentro de personas que se abren recíprocamente. Para los discípulos comienza un conocimiento directo del Maestro. Ven dónde vive y empiezan a conocerlo. En efecto, no deberán ser anunciadores de una idea, sino testigos de una persona. Antes de ser enviados a evangelizar, deberán «estar» con Jesús, entablando con él una relación personal.[…]  «A estos Doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones:  «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel». […] De este modo, los Doce, elegidos para participar en la misma misión de Jesús, cooperan con el Pastor de los últimos tiempos, yendo ante todo también ellos a las ovejas perdidas de la casa de Israel, es decir, dirigiéndose al pueblo de la promesa, cuya reunión es el signo de salvación para todos los pueblos, el inicio de la universalización de la Alianza. […] Después de la pasión y la resurrección de Cristo, ese signo quedará esclarecido:  el carácter universal de la misión de los Apóstoles se hará explícito. Cristo enviará a los Apóstoles «a todo el mundo», a «todas las naciones», «hasta los confines de la tierra». Y esta misión continúa. Continúa siempre el mandato del Señor de congregar a los pueblos en la unidad de su amor. Esta es nuestra esperanza y este es también nuestro mandato:  contribuir a esta universalidad, a esta verdadera unidad en la riqueza de las culturas, en comunión con nuestro verdadero Señor Jesucristo.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

ireland-geb62c7ef4_1920

EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 32-38: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 32-38: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Estaban ellos todavía saliendo cuando le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos muestra la gran compasión por parte del Señor, esa manera de proceder nos revela el corazón de Dios, la compasión, no es solamente un atributo de Dios, es la misericordia de Dios la que toca el corazón del hombre, la que le lleva a dar la vida por amor. El Señor advierte de la gran carencia espiritual de la gente y la urgencia de alguien que les ayude y los guíe, pidamos porque no nos falten pastores con el mismo corazón del Señor. Las dos imágenes que emplea el Señor, ovejas y mies: “ovejas sin pastor”, y la imagen de la cosecha de la mies, viene a decirnos que hace falta pastores, hace falta segadores. El Señor nos pide trabajar por su Reino. Este mandato va dirigido a todos los cristianos. Todos los bautizados estamos llamados a extender el Reino de Cristo en el mundo. Hemos de oír el mandato misionero como dirigido a cada uno personalmente. Quien conoce a Cristo no puede guardarlo para sí, debe darlo a conocer a los demás. Quien ha recibido el don de la fe ha de transmitirla a quien está a su lado, pues la fe en Cristo es un tesoro que se ha de compartir. ¡Hay que predicar a Cristo! Vivamos una fe llena de fuerza evangelizadora. Finalizo recordando las palabras de la Constitución del Vaticano II en el capitulo primero de la G.S.: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.

Acudo una vez más a un texto del Papa Francisco, concretamente, el del ángelus del 19 de julio de 2015, en dicha catequesis, aborda el pasaje evangélico de hoy y se centra en Jesús como buen pastor, subrayando tres actitudes necesarias para el cristiano:

“El Evangelio de hoy nos dice que los Apóstoles, tras la experiencia de la misión, regresaron contentos pero también cansados. Y Jesús, lleno de comprensión, quiso darles un poco de alivio; y es así que los lleva a un lugar desierto, a un sitio apartado para que descansaran un poco. «Muchos los vieron marcharse y los reconocieron… y se les adelantaron». Y es así que el evangelista nos ofrece una imagen de Jesús de especial intensidad, «fotografiando», por decirlo así, sus ojos y captando los sentimientos de su corazón, y dice así el evangelista: «Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas».

Retomemos los tres verbos de este sugestivo fotograma: ver, tener compasión, enseñar. Los podemos llamar los verbos del Pastor. Ver, tener compasión, enseñar. El primero y el segundo, ver y tener compasión, están siempre asociados con la actitud de Jesús: su mirada, en efecto, no es la mirada de un sociólogo o de un reportero gráfico, porque Él mira siempre con «los ojos del corazón». Estos dos verbos, ver y tener compasión, configuran a Jesús como buen Pastor. Incluso su compasión, no es solamente un sentimiento humano, sino que es la conmoción del Mesías en quien se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de alimentar a la multitud con el pan de su Palabra, es decir enseñar la Palabra de Dios a la gente. Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús nos enseña. ¡Es hermoso esto!”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

cathopic_1484310089343123 (1)

EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 18-26: Tu fe te ha salvado.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 18-26: Tu fe te ha salvado.

En aquel tiempo, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El pasaje evangélico de hoy es comentado por el Papa Francisco en el ángelus del 28 junio del 2015, tenemos la dicha de contar con las pautas dadas por nuestro pastor, catequesis que comparto integra para nuestra meditación:

“El Evangelio de hoy presenta el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de uno de los jefes de la sinagoga, el cual se echa a los pies de Jesús y le ruega: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». En esta oración vemos la preocupación de todo padre por la vida y por el bien de sus hijos. Pero percibimos también la gran fe que ese hombre tiene en Jesús. Y cuando llega la noticia de que la niña ha muerto, Jesús le dice: «No temas, basta que tengas fe». Dan ánimo estas palabras de Jesús, y también nos las dice a nosotros muchas veces: «No temas, basta que tengas fe». Al entrar en la casa, el Señor echa a la gente que llora y grita y dirigiéndose a la niña muerta dice: «Contigo hablo, niña, levántate». Inmediatamente la niña se levantó y echó a andar. Aquí se ve el poder absoluto de Jesús sobre la muerte, que para Él es como un sueño del cual nos puede despertar.

En el seno de este relato, el evangelista introduce otro episodio: la curación de una mujer que desde hacía doce años padecía flujos de sangre. A causa de esta enfermedad que, según la cultura del tiempo, la hacía «impura», ella debía evitar todo contacto humano: pobrecilla, estaba condenada a una muerte civil. Esta mujer anónima, en medio de la multitud que sigue a Jesús, se dice a sí misma: «Con sólo tocarle el manto curaré». Y así fue: la necesidad de ser liberada la impulsó a probar y la fe «arranca», por así decir, la curación al Señor . Quien cree «toca» a Jesús y toma de Él la gracia que salva. La fe es esto: tocar a Jesús y recibir de Él la gracia que salva. Nos salva, nos salva la vida espiritual, nos salva de tantos problemas. Jesús se da cuenta, y en medio de la gente, busca el rostro de aquella mujer. Ella se adelanta temblorosa y Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado». Es la voz del Padre celestial que habla en Jesús: «¡Hija, no estás condenada, no estás excluida, eres mi hija!». Y cada vez que Jesús se acerca a nosotros, cuando vamos hacia Él con fe, escuchamos esto del Padre: «Hijo, tú eres mi hijo, tú eres mi hija. Tú te has curado, tú estás curada. Yo perdono a todos, todo. Yo curo a todos y todo».

Estos dos episodios —una curación y una resurrección— tienen un único centro: la fe. El mensaje es claro, y se puede resumir en una pregunta: ¿creemos que Jesús nos puede curar y nos puede despertar de la muerte? Todo el Evangelio está escrito a la luz de esta fe: Jesús ha resucitado, ha vencido la muerte, y por su victoria también nosotros resucitaremos. Esta fe, que para los primeros cristianos era segura, puede empañarse y hacerse incierta, hasta el punto que algunos confunden resurrección con reencarnación. La Palabra de Dios de este domingo nos invita a vivir en la certeza de la resurrección: Jesús es el Señor, Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, donde reina la vida. Y allí nos encontraremos todos, todos los que estamos aquí en la plaza hoy, nos encontraremos en la casa del Padre, en la vida que Jesús nos dará.

La Resurrección de Cristo actúa en la historia como principio de renovación y esperanza. Cualquier persona desesperada y cansada hasta la muerte, si confía en Jesús y en su amor puede volver a vivir. También recomenzar una nueva vida, cambiar de vida es un modo de resurgir, de resucitar. La fe es una fuerza de vida, da plenitud a nuestra humanidad; y quien cree en Cristo se debe reconocer porque promueve la vida en toda situación, para hacer experimentar a todos, especialmente a los más débiles, el amor de Dios que libera y salva.

Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, el don de una fe fuerte y valiente, que nos empuje a ser difusores de esperanza y de vida entre nuestros hermanos”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

jmaruiz-1550933621790-cathopic

EVANGELIO DEL DÍA Lc 10, 1-12.17-20: Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 10, 1-12.17-20: Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad. Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el envío a la misión. Después de la misión de los apóstoles, relata que el Señor envío además otros discípulos, el envío de los 72. Podríamos detenernos en las claves que les da para la misión:

Primeramente les hace mención que hay mucho trabajo por hacer, “la mies es mucha”, son muchos los que no lo conocen, bastantes los que tienen sed de plenitud y desconocen su mensaje, “si conocieras el don de Dios”, numerosos los que sin saberlo esperan que alguien les ayude a descubrir como saciar su corazón en la búsqueda de plenitud. Todo ser humano anhela ser feliz, desea amar, ser amado. Hay trabajo para todos.

Urge, apremia a todo el que haya acogido su invitación a la misión a ponerse en camino. A salir de su comodidad, a no cruzarse de brazos, cuando el reto es tan inmenso quedan tantos que necesitan descubrir este tesoro, anunciarles el kerigma, acoger el amor que Dios les tiene, experimentar la gratuidad con que somos amados. ¿No escuchas la propuesta? ¡Poneos en camino!

El Señor nos advierte que nos envía como ovejas en medio de lobos. En palabras del Papa Francisco comentando este pasaje evangélico en el ángelus del 3 de julio de 2016: “La hostilidad que está desde siempre, desde el comienzo de las persecuciones de los cristianos, porque Jesús sabe que la misión está obstaculizada por la obra del maligno. Por ello, el obrero del Evangelio se esforzará en estar libre de condicionamientos humanos de todo tipo, no llevando ni dinero, ni alforja, ni calzado, como ha recomendado Jesús, para confiar sólo en el poder de la Cruz de Cristo. Ello significa abandonar todo motivo de vanagloria personal, de arribismo, de fama, de poder, y ser instrumentos humildes de la salvación obrada por el sacrificio de Jesús.”

Tenemos que contar que si elegimos este camino se presentaran dificultades que hemos de aprovechar para crecer en el amor, que el maligno no descansa y no nos lo va a poner fácil, que él siempre generara división, separación, mentira… procuremos no caer en sus redes, luchar contra la tentación de tirar la toalla, y sacar todo el bien que podamos de los retos que se nos presentarán. Las armas para el combate deben ser siempre las del Señor, no venceremos nunca al mal dando una respuesta en la misma medida, el mal se vence poniendo más amor, el mal se vence a fuerza de bien, el mal se vence cuando se rompe la cadena de un mal mayor. ¡Animo! Queda mucho trabajo por hacer.

Entre las instrucciones que nos da para la misión, la primera el desprendimiento, no recuerdas, negarse uno a si mismo, vayan despegados de todo, sin alforjas, sin dinero… no poniendo la fuerza en los medios, con austeridad, sencillez y confiando que esto lo lleva el Señor, no es obra nuestra.

Importante siendo constructores de paz, es el mismo mensaje del resucitado: mi paz os doy , mi paz os dejo. Dichosos los que trabajan por la paz… en la casa que entréis desead la paz. El Señor nos envía a nosotros a llevar la paz de Cristo. Que podamos cumplir esa advertencia que santa Teresa de Calcuta recomendaba a sus hijas: “Procurad que todo el que entre en contacto con vosotras salga mejorado”.

El Papa Francisco insiste en el ángelus anteriormente citado: “Hay tanta necesidad de cristianos que testimonien con alegría el Evangelio en la vida de cada día. Los discípulos enviados por Jesús «volvieron llenos de alegría»..”

Y si alguien no os recibe, anunciadle el Evangelio y bendecir, no maldigáis, seguid siendo constructores de paz, que si no son hombres de paz, esa misma paz volverá a vosotros. Recuerda que sin el Señor no podemos construir nada perdurable, “sin Mí no podéis hacer nada” necesario encomendarle todo a Él: “la misión se basa en la oración.”

Y como nos recomienda el Papa Francisco, en el ángelus del 7 de julio de 2013: “estad alegres porque vuestros nombres están escritos en el cielo». No debemos gloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Nuestra alegría es sólo esta: ser sus discípulos, sus amigos.”

¡Animo, nos queda mucho por hacer!

Feliz domingo, feliz día del Señor. Que tengas un buen día.

J.A.M.(Chechu), sacerdote.

cathopic_1535593186941712

EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 14-17: A vino nuevo, odres nuevos.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 14-17: A vino nuevo, odres nuevos.

Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta un conflicto de los muchos que tuvo con sus contemporáneos, el conflicto gira en torno al ayuno. Criticaban a Jesús por no iniciar a sus discípulos en el ayuno, la cuestión era cumplir una serie de ritos, normas…, sin embargo, el Señor aprovecha para presentar la novedad que puede llenar, dar plenitud y transformar una vida, lo presenta como que no se puede estar de luto mientras el novio esta entre nosotros, les invita a dejarse sorprender por Dios, vivir la alegría de la fe, descubrir el tesoro: ¿No es Jesucristo el vino nuevo? “A vino nuevo, odres nuevos”, Ser cristianos significa dejarse renovar por Jesús con esta vida nueva.

En la homilía dada por el Papa Francisco a los movimientos eclesiales en la solemnidad de Pentecostés, 19 de mayo 2013, aborda el acontecimiento de Pentecostés, quien hace realidad “A vino nuevo, odres nuevos”: “Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: […] Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios». […] deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

La NOVEDAD nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad —Dios ofrece siempre novedad—, trasforma y pide confianza total en Él:[…] No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.

Una segunda idea: ARMONIA. El Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. […] Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia.

El último punto. LA MISIÓN. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión.”

Hoy es sábado, día donde se nos invita a vivirlo junto a nuestra Madre, junto a María. Mujer del Espíritu que se dejó sorprender por Él.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

jignacioheredia-1585003802423-cathopic

EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 9-13: Misericordia quiero.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 9-13: Misericordia quiero.

Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con un pasaje vocacional, con la invitación al seguimiento realizada a Mateo. El Señor pone su mirada en una persona que no está bien considerada entre los suyos, en un publicano. Para él nadie queda al margen, este modo de proceder despertará entre los que se creen buenos, la crítica y la intransigencia; aprovechará el Señor para corregir esa actitud y plantear dos temas cruciales para ser sus discípulos:

El primero, que ante el Señor todos andamos necesitados, todos estamos faltos de amor, de aquí la llamada a la conversión, “he venido a los enfermos” y cuando uno descubre ese amor tan inmenso de Dios, no merecido por nuestra parte, una vez acogido este inmenso regalo, quien lo recibe se siente pertenecer a Cristo y quiere corresponder con su vida, como pagaré al Señor tanto bien. Por eso la llamada a los que tienen necesidad de cambiar en su corazón y en su vida.

Y la segunda llamada nos la expresa con la petición: “misericordia quiero”, crucial para el discípulo adentrarse en la misericordia del Padre, tenemos que tener un corazón como el suyo, la misericordia es algo más que justicia. Es un amor comprensivo, dispuesto a perdonar, que acoge a todos, que está cerca del que más lo necesita, no da a nadie por perdido, ha venido a curar, a perdonar, a salvar.

Creo que nos puede enriquecer mucho la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 8 de junio 2008, donde profundiza sobre la petición del Señor: “Misericordia quiero y no sacrificios”: “una expresión del profeta Oseas, que Jesús retoma en el Evangelio: «Quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos». Se trata de una palabra clave, una de las palabras que nos introducen en el corazón de la Sagrada Escritura. El contexto, en el que Jesús la hace suya, es la vocación de Mateo, de profesión «publicano», es decir, recaudador de impuestos por cuenta de la autoridad imperial romana; por eso mismo, los judíos lo consideraban un pecador público. Después de llamarlo precisamente mientras estaba sentado en el banco de los impuestos —ilustra bien esta escena un celebérrimo cuadro de Caravaggio—, Jesús fue a su casa con los discípulos y se sentó a la mesa junto con otros publicanos. A los fariseos escandalizados, les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. […] No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». El evangelista san Mateo, siempre atento al nexo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, en este momento pone en los labios de Jesús la profecía de Oseas: «Id y aprended lo que significa:  «Misericordia quiero y no sacrificios”».

Es tal la importancia de esta expresión del profeta, que el Señor la cita nuevamente en otro contexto, a propósito de la observancia del sábado. También en este caso, Jesús asume la responsabilidad de la interpretación del precepto, revelándose como «Señor» de las mismas instituciones legales. Dirigiéndose a los fariseos, añade: «Si comprendierais lo que significa:  «Misericordia quiero y no sacrificios», no condenaríais a personas sin culpa». Por tanto, Jesús, el Verbo hecho hombre, «se reconoció», por decirlo así, plenamente en este oráculo de Oseas; lo hizo suyo con todo el corazón y lo realizó con su comportamiento, incluso a costa de herir la susceptibilidad de los jefes de su pueblo. Esta palabra de Dios nos ha llegado, a través de los Evangelios, como una de las síntesis de todo el mensaje cristiano:  la verdadera religión consiste en el amor a Dios y al prójimo. Esto es lo que da valor al culto y a la práctica de los preceptos.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

church-753815_1920

EVANGELIO DEL DÍA Mt 9, 1-8: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 9, 1-8: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”». Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un paralítico, un enfermo que no puede valerse por sí mismo, que necesita de los demás, que no puede moverse. De modo figurado esa parálisis es lo que hace el pecado en nosotros, nos paraliza, nos incapacita para el bien, termina pasándonos una alta factura, hasta lograr la muerte del pecador. Es de agradecer las personas que acercan al enfermo a Jesús, los que llevan al paralítico, los que son instrumento para el encuentro con quien les podía sanar, no pasa desapercibido para el Señor, “viendo la fe que tenían”, logran sacarle un milagro mayor, no solo la curación del cuerpo, sino algo más grande: “tus pecados te son perdonados”, la liberación de otro tipo de parálisis que termina matando.

Otro punto para nuestra reflexión es la corrección que les hace a los escribas: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?.” Pensar mal, tener una mirada dañina, deformativa de la realidad, una mirada juiciosa, una mirada que siempre acentúa lo malo, una mirada perjudicial, mirada nociva, mirada desfigurativa, mirada retorcida, mirada falsa… podríamos seguir añadiendo calificativos a dicha mirada, y en definitiva, seguiríamos señalando las características de quien no es movido por el espíritu del Señor, ya que la mirada movida por su espíritu, es una mirada limpia, honesta, pura, confiada, esperanzada, mirada de fe, de animo, de consuelo… en definitiva la mirada que es grata a Dios, la que nos lleva a percibir su presencia en los acontecimientos, en nuestro prójimo, a ver la belleza de su cercanía.

Una vez más acudo a la catequesis del Papa Benedicto XVI sobre este pasaje evangélico, dada en el ángelus del 19 de febrero de 2006: “un paralítico, al que cuatro personas llevan en una camilla a la presencia de Jesús, que, al ver su fe, dice al paralítico:  «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Al obrar así, muestra que quiere sanar, ante todo, el espíritu. El paralítico es imagen de todo ser humano al que el pecado impide moverse libremente, caminar por la senda del bien, dar lo mejor de sí.
En efecto, el mal, anidando en el alma, ata al hombre con los lazos de la mentira, la ira, la envidia y los demás pecados, y poco a poco lo paraliza. Por eso Jesús, suscitando el escándalo de los escribas presentes, dice primero:  «Tus pecados quedan perdonados», y sólo después, para demostrar la autoridad que le confirió Dios de perdonar los pecados, añade:  «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa», y lo sana completamente. El mensaje es claro:  el hombre, paralizado por el pecado, necesita la misericordia de Dios, que Cristo vino a darle, para que, sanado en el corazón, toda su existencia pueda renovarse. […] la palabra de Dios nos invita a tener una mirada de fe y a confiar, como las personas que llevaron al paralítico, a quien sólo Jesús puede curar verdaderamente. […] Sólo el amor de Dios puede renovar el corazón del hombre, y la humanidad paralizada sólo puede levantarse y caminar si sana en el corazón. El amor de Dios es la verdadera fuerza que renueva al mundo.”

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

animals-g6795d4c62_1920

EVANGELIO DEL DÍA Mt 8, 28-34: Mándanos a la piara.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 8, 28-34: Mándanos a la piara.

Llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?». A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara». Jesús les dijo: «Id». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En nuestra diócesis se adelanto al fin de semana anterior la solemnidad de San Pedro y San Pablo, con lo cual, litúrgicamente la hemos celebrado, hoy felicitaremos a todos los que celebran su santo y se encuentran bajo el patrocinio de estas dos grandes columnas de la iglesia. Por este motivo, el Evangelio propuesto a la meditación es el del miércoles de la decimotercera semana del tiempo ordinario.
En el Evangelio de hoy, todo el pasaje esta cargado de simbología: país pagano, posesión diabólica, cementerios como lugar de muerte, y traspaso de los demonios a los cerdos, los animales inmundos por excelencia para la cultura del tiempo. Parece como si quisiera acumular todos los grados del mal para recalcar después el poder del Señor, que es superior al mal, al maligno, y lo vence eficazmente.

Son muchos los pasajes de la Escritura que nos muestran cómo Nuestro Señor Jesucristo vence el poder del mal liberando a las personas de su influjo. Así pues, el demonio sólo puede afectarnos si libremente se lo permitimos. Dios nos llama al buen camino, pero respeta la libertad que nos ha dado, por eso, cuando damos lugar al pecado en nuestra vida somos los primeros responsables.

En nuestra vida como cristianos tenemos muchos medios para alejarnos del mal y permanecer cerca de Dios. Entre estos medios podemos señalar la oración, la amistad personal con Cristo, la mortificación, la frecuente recepción del sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, la protección de la Santísima Virgen María,…

Llama la atención como concluye el Evangelio, el Señor haciendo el bien y así se lo pagan, no solo no se lo agradecen, no valoran que ha sanado a dos paisanos suyos que estaban muy mal, solo se detienen en la perdida material, ven la desgracia, les molesta su presencia, como consecuencia, la comunidad rechaza al Señor.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

landscape-g8a4374888_1920

EVANGELIO DEL DÍA Mt 8, 23-27: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 8, 23-27: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Él les dice: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con la tempestad calmada. Y también con el reproche del Señor a sus discípulos: ¡hombres de poca fe!. El milagro de la barca azotada por las olas nos hace ver que la fe es la que nos salva.

Comentando este pasaje evangélico San Agustin se detiene en Jesús durmiendo y nos plantea un interrogante: “¿Duerme en ti Cristo? ¿Qué significa: duerme en ti Cristo? Te olvidaste de Cristo. Despierta, pues, a Cristo, acuérdate de Él, este despierto en ti: piensa en Él” (S. Agustin, Sermón 63).

Traigo aquí las palabras del Papa Benedicto XVI comentando este pasaje del Evangelio en el ángelus del 12 septiembre de 2006: “El milagro de la barca azotada por las olas nos hace ver que la fe es la que nos salva. La esperanza y la oración, la confianza y el abandono, tocan el corazón de Dios. Dios se hace presente, Dios da su paz, su compañía y su gracia a quien se la pide. […] Esta es la clave para afrontar las tempestades de la vida: tener cerca de nosotros a Jesús, llevarlo dentro de nosotros siempre.”

El Papa Francisco rezó con el texto del pasaje de hoy, el 27 de marzo de 2020, en un momento de oración en tiempos de epidemia: “« Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. […] Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos”, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.[…] «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». […] Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. […] El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. […] Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo». Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas”.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

fox-ga57d6b1cc_1920

EVANGELIO DEL DÍA Mt 8, 18-22: Tú, sígueme.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 8, 18-22: Tú, sígueme.

Viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de cruzar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le replicó: «Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con dos breves relatos vocacionales y resalta la llamada de Cristo y las exigencias del seguimiento. Propongo para la meditación el comentario realizado en la catequesis del ángelus por el Papa Benedicto XVI, el día 27 de junio de 2010: “El evangelista nos presenta a Jesús que, mientras va de camino a Jerusalén, se encuentra con algunos hombres, probablemente jóvenes, que prometen seguirlo dondequiera que vaya. Con ellos se muestra muy exigente, advirtiéndoles que «el Hijo del hombre —es decir él, el Mesías— no tiene donde reclinar su cabeza», es decir, no tiene una morada estable, y que quien elige trabajar con él en el campo de Dios ya no puede dar marcha atrás. A otro en cambio Cristo mismo le dice: «Sígueme», pidiéndole un corte radical con los vínculos familiares. Estas exigencias pueden parecer demasiado duras, pero en realidad expresan la novedad y la prioridad absoluta del reino de Dios, que se hace presente en la Persona misma de Jesucristo. En última instancia, se trata de la radicalidad debida al Amor de Dios, al cual Jesús mismo es el primero en obedecer. Quien renuncia a todo, incluso a sí mismo, para seguir a Jesús, entra en una nueva dimensión de la libertad, que san Pablo define como «caminar según el Espíritu». «Para ser libres nos libertó Cristo» —escribe el Apóstol— y explica que esta nueva forma de libertad que Cristo nos consiguió consiste en estar «los unos al servicio de los otros». Libertad y amor coinciden.”

La vida en Cristo es siempre nueva, la invitación al seguimiento, resalta lo que se encuentra, lo que se recibe, el tesoro por el que merece la pena dejarlo todo, nunca es en clave negativa, no se queda en la renuncia. El Papa Benedicto XVI en el mismo ángelus del 27 de junio de 2010, afirma que “Quien tiene la suerte de conocer a un joven o una chica que deja su familia de origen, los estudios o el trabajo para consagrarse a Dios, sabe bien de lo que se trata, porque tiene delante un ejemplo vivo de respuesta radical a la vocación divina. Esta es una de las experiencias más bellas que se hacen en la Iglesia: ver, palpar la acción del Señor en la vida de las personas; experimentar que Dios no es una entidad abstracta, sino una Realidad tan grande y fuerte que llena de modo sobreabundante el corazón del hombre, una Persona viva y cercana, que nos ama y pide ser amada.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.