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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 8,16-18: El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 8,16-18: El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy, aun siendo breve, -pocos versículos-, nos presenta tres máximas, la primera, nos habla de ser luz; en nuestro bautismo a nuestros padres y padrinos se les hizo entrega de una vela, y se les recordó que tenían que ser luz y acompañar al nuevo bautizado a iluminar su vida con la luz de Cristo, es decir, que todo bautizado, todo cristiano estamos llamados a convertirnos en luz para los demás, especialmente para aquellos que viven en tinieblas o les falta la esperanza en sus vidas. El Señor se nos presenta como la Luz del mundo, Él es quien nos ilumina.

En la segunda sentencia, nos habla que nada de lo que ahora queda escondido quedará sin manifestarse, la verdad terminará revelándose, tarde o temprano se impone, llamada a vivir en verdad, en transparencia, en autenticidad.

Y la tercera, al que tiene se le dará… suena como algo injusto, más a los que ya tienen, sin embargo, si lo entendemos en clave de la gracia nos resultará más fácil de entender, el hombre que se abre a la gracia, el que tiene, es decir el que se mantiene abierto ante el don de la vida que Cristo nos ofrece, recibirá más , en cambio aquel que se cierra a la vida de la gracia, terminará perdiendo incluso aquel don que tenía para acoger y crecer en el amor y seguimiento, en la vida de cada día tenemos muchos ejemplos de ello, aquel que es sociable sigue aumentando en conocidos, sin embargo el introvertido puede perder hasta los pocos cercanos que tiene. En definitiva, el estar abierto a la gracia o poniéndole obstáculos, quien nos podemos ver perjudicados somos nosotros mismos.

También hoy celebramos a San Pío de Pietrelcina, nació el 25 de mayo de 1887 en la provincia de Benevento, creció dentro de una familia humilde, San Juan Pablo II en la homilía de beatificación (2 mayo de 1999) dijo de él: “Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oración y a la escucha de sus hermanos.” Y en la homilía de canonización (16 junio de 2002): “La raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios la largas horas pasadas en oración y en el confesionario. Solía repetir: “Soy un pobre fraile que ora”… Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la “Casa de alivio del sufrimiento”. Oración y Caridad siempre van juntas en los grandes hombres de Dios. Pasaba muchas horas sentado en el confesionario, uno de los dones que más impresionaba es que podía leer los corazones. Murió el 23 de septiembre de 1968. Los funerales fueron impresionantes, se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo. El cuerpo incorrupto puede verse en San Giovanni Rotondo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 16,1-13: No podéis servir a Dios y al dinero.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 16,1-13: No podéis servir a Dios y al dinero.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
-¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
– ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió:
– Cien barriles de aceite.
El le dijo:
– Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
– Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó:
– Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
– Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará ?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presenta la parábola del administrador injusto, como en todas las parábolas el Señor toma como punto de partida sucesos de la vida cotidiana, -parece ser que esto de la corrupción lleva bastante tiempo entre nosotros- la parábola a la que nos remitimos es la de un administrador que esta a punto de ser despedido por su mala gestión, se le pide que presente el balance de sus operaciones, muchas veces se nos olvida que tenemos que responder ante Dios de nuestras palabras, acciones, omisiones. Nos ayudaría mucho vivir en su presencia, no por temor, sino por amor, por buscar siempre lo que le es grato, lo que entra dentro de su voluntad.

Otro punto para nuestra reflexión es la felicitación dada por el amo al administrador que resulta ser muy hábil labrándose su futuro, no es que el Señor alabe el mal, nada mas lejos, no aprueba la gestión mal hecha, es despedido por fraude, dicho administrador es alabado por su astucia, no por injusto. Los hijos de la luz deben aprender de los hijos de las tinieblas su agudeza, su sagacidad, su viveza. El empeño por conseguir los bienes y el trabajo por el Reino, el creyente debe imitar el esfuerzo, la dedicación que hacen los hombres de este mundo para alcanzar bienes pasajeros, objetivos terrenos, el creyente debe desvivirse para alcanzar los bienes eternos, la vida del cristiano exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó incluso al sacrificio de sí mismo en la cruz.

Otra llamada es que no se puede servir a dos amos. Llamada a analizarnos que amo es el que prima en mi vida, ¿soy yo?, ¿son mis intereses?, ¿son mis afectos?, ¿son los bienes materiales?, ¿es la idolatría del dinero, del sexo, del poder?. El creyente tiene que ir poniendo a Dios en el lugar del corazón que le corresponde: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu ser”. Este es el camino al que estamos llamados en progresar, es el camino que nos traerá la bienaventuranza a nuestras vidas y el que nos ayudará a amar a los otros como somos amados y con la misma fuerza del amor de Dios.

Es domingo, día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 9,9-13: Misericordia quiero.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 9,9-13: Misericordia quiero.

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
-Sígueme.
El se levantó y lo siguió.
Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
-¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús lo oyó y dijo:
-No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la fiesta del apóstol y evangelista San Mateo. Acudo a la homilia, del Papa Francisco, realizada en su viaje apostolico a Cuba, el 21 de septiembre de 2015: “Celebramos la historia de una conversión. Él mismo, en su evangelio, nos cuenta cómo fue el encuentro que marcó su vida, él nos introduce en un “juego de miradas” que es capaz de transformar la historia. Un día, como otro cualquiera, mientras estaba sentado en la mesa de recaudación de los impuestos, Jesús pasaba, lo vio, se acercó y le dijo: “Sigueme”. Y él, levantándose, lo siguió. Jesús lo miró. Qué fuerza de amor tuvo la mirada de Jesús para movilizar a Mateo como lo hizo; qué fuerza han de haber tenido esos ojos para levantarlo.[…] Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero […] Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. […] Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado.[…] Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús[…] dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida. Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: “Sigueme”. Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó.[…]Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira. Comportamos su ternura y su misericordia con los enfermos, los presos, los ancianos, las familias en dificultad. Una y otra vez somos llamados a aprender de Jesús que mira siempre lo más autentico que vive en cada persona, que es precisamente la imagen de su Padre”.

Otro acento que nos destaca el pasaje evangélico de hoy es su predilección por los necesitados, necesitados de toda índole, que ha venido a sanar a los enfermos, a todos los que tienen la necesidad de ser curados: “he venido a llamar a los pecadores”. Podemos contemplar como para Dios nadie se queda en la cuneta, no deja a nadie sin solución, y en la medida que nos acercamos a Él vamos descubriendo las graves heridas que el pecado nos esta provocando. Es verdad que todos andamos heridos por el mal, y todos tenemos necesidad de su ayuda, de su gracia, para poder enfrentarnos, luchar y combatir el mal en nosotros.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 8,1-3: Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 8,1-3: Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban.

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy comienza con la actividad que llenaba la vida del Señor: la predicación, la comunicación del Reino, la proclamación y el anuncio de la Buena Noticia. Esta labor era importante ya que nadie puede amar lo que desconoce, es importante mostrar el tesoro, la perla preciosa, lo que nos podemos perder, el bien que nos aporta, como diría el Papa Francisco: “No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón”. (Evangelii Gaudium, 266). Caer en lo más intimo de nuestro corazón que nos vemos privados de mucho, si Él nos falta, hacer todo lo posible para vivir en su presencia.

Otro de los temas para nuestra meditación es el papel de la mujer, al Señor también le acompañaban algunas mujeres e incluso se nos refieren los nombres de las mujeres que seguían a Jesús: María Magdalena, Juana, Susana…, ellas no tenían miedo de mostrarse seguidoras del Maestro y no les importaba el rechazo por parte de los líderes del pueblo. Estas mujeres estaban agradecidas con el Señor por el gran bien que habían recibido de Él. Una vez que se dejaron tocar por la gracia y por el amor redentor de Cristo se transformaron en auténticas apóstoles, en seguidoras valientes. Ellas permanecieron fieles al Señor aun cuando todos los apóstoles huyeron ante la sombra de la cruz. Toda una invitación a permanecer perseverando al lado del Señor. Sigamos llevando, como estas mujeres, el mensaje de Cristo. El mundo necesita discípulos de Cristo que no escatimen tiempo ni energía para servir al Evangelio. Se necesitan hombres y mujeres que respondan generosamente a la misión y compartan el tesoro precioso de la fe con todas las personas.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:
-Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.
Jesús tomó la palabra y le dijo:
-Simón, tengo algo que decirte.
El respondió:
-Dímelo, maestro.
Jesús le dijo:
-Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
Simón contestó:
-Supongo que aquel a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
-Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
-¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.
Y a ella le dijo:
-Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
-¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?
Pero Jesús dijo a la mujer:
-Tu fe te ha salvado, vete en paz.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy la mujer pecadora y el fariseo. Representan dos actitudes ante Dios. Uno con una actitud autosuficiente, eso le impide alcanzar el reino de Dios e incluso recibir el favor de Dios, que ya cree poseer; y la otra por su postura humilde, su arrepentimiento, su amor, le consigue el perdón y el don de Dios. El amor y el perdón se implican mutuamente, como nos recuerda la Sagrada Escritura: “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4,8).

Nadie estamos libres de acercarnos más a la actitud del fariseo que a la de la mujer, cuando perdemos la conciencia de ser pecadores. Ante Dios todos somos deudores y todos hemos recibido el perdón desde la gratuidad. Como vemos en muchos pasajes de encuentro con nuestro Señor, en este caso con la mujer pecadora, es la fuerza del amor la que nos regenera. Aquí una vez más, la mirada del Señor, llena de ternura, rescató una vida perdida.

Para lograr este perdón que impulsa al amor, o este amor que perdona, es necesario comenzar por reconocernos pecadores, necesitados y no merecedores del mismo. No es nuestro esfuerzo personal el que nos consigue la gracia de Dios, esto seria una postura cercana al fariseísmo, sino mas bien aceptando el amor y el perdón gratuitos de Dios. Aceptando, acogiendo, gustando, saboreando hasta donde llega el amor por mí. Comprender un poco, aunque solo sea un poco, es clamar con el Salmo 115: ¿Cómo pagare al Señor tanto bien? Aquí nace la respuesta a su amor y todo tiene sentido, y siempre andamos faltos de poner más amor.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,31-35: Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,31-35: Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.

En aquel tiempo, dijo el Señor:
-¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.»
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores».
Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta la comparación entre el proceder de Juan Bautista y el Señor, siendo ambos de estilos muy diferentes, distintos, diría que incluso opuestos, vemos como cuando uno no quiere abrirse a la gracia, busca cien mil excusas para justificarse y en definitiva no convertirse.

Juan el Bautista fue juzgado de modo erróneo por la gente. Pero él nunca se desanimó ante la dificultad o la oposición y no dejó de creer en el Señor. Su vida es fiel reflejo de innumerables virtudes. Nos enseña que lo más importante en nuestra existencia terrena es la fidelidad al Señor, aunque eso ponga en peligro nuestra misma fama entre las personas. Juan fue siempre coherente con el mensaje del Señor en pensamientos, palabras y obras. Juan Bautista nos da fuerzas para luchar contra toda forma de doblez en nuestra vida, comenzando por las cosas pequeñas. El Bautista señaló con su vida austera y radical cómo seguir al Señor.

Aprendamos en la virtud de la fortaleza, pues nos es necesaria para perseverar en la fe. Pidamos al Espíritu Santo que el Señor deje de ser un ideal y se convierta en una experiencia que transforme toda nuestra vida. El mundo necesita cristianos que sean testigos del Señor. Si seguimos al Señor con autenticidad es más fácil que arrastremos a muchos hacia Él.

El Papa Francisco comentando este pasaje evangélico nos resalta: “No os entiendo. Sois como esos niños: os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, os hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. ¿Qué queréis?. La respuesta sigue siendo: Queremos la salvación a nuestro modo. Por tanto, vuelve siempre esta cerrazón ante el modo de obrar de Dios. […] La palabra de la Cruz es siempre dura. Pero también es la única puerta de salvación […]El drama de la resistencia a la salvación lleva a no creer en la misericordia y en el perdón, sino en los sacrificios”. (Papa Francisco, 3 octubre de 2014, Misas matutinas en Santa Marta).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te digo, levántate!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te digo, levántate!

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda – y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
-No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
-¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
-Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece la compasión del Señor, siente lastima, condolencia y ternura por la viuda que ha perdido a su hijo y por eso quiere realizar el prodigio de devolver a la vida al muchacho. La compasión lleva a intervenir al Señor. Nosotros también como el hijo de la viuda de Naím podemos escuchar la voz de Cristo que nos invita a levantarnos de nuestras postraciones, abatimientos y desánimos. Si el corazón se deja tocar por Cristo, entonces su gracia se convierte en una fuerza transformante, que sana y restablece lo que estaba enfermo.

En la catequesis de la Audiencia General del 10 de agosto de 2016, el Papa Francisco profundiza en el pasaje evangélico: “Nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un chico. Y, sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la mamá de este chico. La misericordia toma aquí el nombre de gran compasión hacia una mujer que había perdido el marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una mamá que conmueve a Jesús y le inspira el milagro de la resurrección. […] Cuando Jesús vio a esta madre llorar, ¡ella entró en su corazón! […] El Señor se acerca para encontrarse con cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su potente palabra de consolación: “no llores”[…] Como al chico muerto, repite a todos: “Joven a ti te digo, ¡levántate! A cada uno de nosotros dice: ¡levántate! Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por eso, la compasión de Jesús lleva a ese gesto de la sanación, a sanarnos, cuya palabra clave es: “¡levántate! ¡ponte en pie como te ha creado Dios! De pie, “Pero, Padre, nosotros nos caemos muchas veces” – “¡Vamos, levántate!” Esta es la palabra de Jesús, siempre. La palabra potente de Jesús puede hacernos levantar y obrar en nosotros también el paso de la muerte a la vida. Su palabra nos hace revivir, regala esperanza, da sosiego a los corazones cansados, abre una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,1-10: Señor, no soy digno de que entres en mi casa.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,1-10: Señor, no soy digno de que entres en mi casa.

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oir hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
-Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
-Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
-Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos el poder de la oración de intercesión y el tesoro de la fe, el cual, es alabado por Ntro. Señor. Se resalta la humildad y la confianza. Presupuesto primero, la humildad: “no soy digno”, en cada eucaristía, antes de comulgar, repetimos estas palabras del centurión romano porque es toda una expresión profunda de fe.

El Papa San Juan Pablo II nos da toda una catequesis sobre este mismo pasaje evangélico, en la homilía del 4 de junio de 1989:

«Señor, no soy digno de que entres en mi casa».[…] Estas palabras nos resultan familiares. Las pronunciamos antes de la sagrada comunión cada vez que participamos en la Misa. […] Las palabras: «Señor, no soy digno» fueron pronunciadas por primera vez por un centurión romano, un hombre que militaba como soldado en la tierra de Israel. Aunque era extranjero y pagano, amaba al pueblo de Israel, y –como el Evangelio nos dice– incluso les había construido una sinagoga, una casa de oración. Por esta razón, los judíos apoyaron con gusto la petición que él quería hacer a Jesús de curar a su siervo.

En respuesta a la petición del centurión, Jesús parte hacia su casa. Pero en ese momento el centurión, queriendo ahorrar a Jesús el esfuerzo, le dijo: «Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres en mi casa; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano». Cristo accedió al deseo del centurión, pero al mismo tiempo «se admiró» de las palabras de él; y dijo a la muchedumbre que lo seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».

Si repetimos las palabras del centurión cuando nos acercamos a la sagrada comunión, lo hacemos precisamente porque estas palabras expresan una fe fuerte y profunda. Las palabras son sencillas, pero en cierto sentido contienen la verdad fundamental que expresa quién es Dios y quién es el hombre: Dios es el totalmente Santo, el Creador que nos da la vida y que hizo todo lo que existe en el universo. Nosotros somos creaturas y somos sus hijos, necesitados de curación a causa de nuestros pecados.

[…] Las palabras del centurión son la voz de la creatura que alaba al Creador por su generosidad y bondad. Efectivamente, estas palabras contienen el Evangelio entero: la entera Buena Nueva de nuestra salvación, y dan testimonio del maravilloso don de Dios mismo, expresado en la Palabra de vida. Dios regala a la humanidad un don totalmente libre: una participación en su naturaleza divina. Él dota a sus criaturas con la vida eterna en Cristo. El hombre ha sido adornado de gracia por Dios.

La fe del centurión romano era grande. Él era consciente de lo mucho que había sido «agraciado» por Cristo. Sabía que no era digno de tal don, y que este don iba más allá de todo lo que él, un mero hombre, podía alcanzar o incluso desear, pues el don es en verdad sobrenatural. Lo maravilloso de este don es que nos permite alcanzar el objeto de nuestros más profundos anhelos: vivir para siempre en íntima unión con Dios que es la fuente de todo bien.

En la Eucaristía participamos sacramentalmente en este mismo don. La Eucaristía es un memorial del sufrimiento y de la muerte de Jesús: nos llena de gracia y es una prenda de nuestra futura gloria. Mediante la fe debemos renovar constantemente nuestra gratitud por el don divino.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 15,1-32: Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 15,1-32: Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
-Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
-Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
-¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles:
-¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
También les dijo:
Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre:
-Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces se dijo:
-Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
-Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.
Pero el padre dijo a sus criados:
-Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó:
-Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.
El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
-Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo:
-Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta las parábolas de la misericordia, para la meditación del pasaje evangélico recurro al Papa Francisco, en el ángelus del 15 de septiembre de 2013 nos decía:

“En la liturgia de hoy se lee el capítulo 15 del Evangelio de Lucas, que contiene las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, la de la moneda extraviada y después la más larga de las parábolas, típica de san Lucas, la del padre y los dos hijos, el hijo «pródigo» y el hijo que se cree «justo», que se cree santo. […] la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del «cáncer» que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor llena los vacíos, las vorágines negativas que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y ésta es la alegría de Dios.
Jesús es todo misericordia, Jesús es todo amor: es Dios hecho hombre. Cada uno de nosotros, cada uno de nosotros, es esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros pecadores va a Él y pide su perdón.

¿El peligro cuál es? Es que presumamos de ser justos, y juzguemos a los demás. Juzguemos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarles a muerte, en lugar de perdonar. Entonces sí que nos arriesgamos a permanecer fuera de la casa del Padre. Como ese hermano mayor de la parábola, que en vez de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enfada con el padre que le ha acogido y hace fiesta. Si en nuestro corazón no hay la misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, aunque observemos todos los preceptos, porque es el amor lo que salva, no la sola práctica de los preceptos. Es el amor a Dios y al prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y éste es el amor de Dios, su alegría: perdonar. ¡Nos espera siempre! Tal vez alguno en su corazón tiene algo grave: «Pero he hecho esto, he hecho aquello…». ¡Él te espera! Él es padre: ¡siempre nos espera!

Si nosotros vivimos según la ley «ojo por ojo, diente por diente», nunca salimos de la espiral del mal. El Maligno es listo, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar el mundo. En realidad sólo la justicia de Dios nos puede salvar. Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo. ¿Pero cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez por todas al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso». Os pido algo, ahora. En silencio, todos, pensemos… que cada uno piense en una persona con la que no estamos bien, con la que estamos enfadados, a la que no queremos. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, oremos por esta persona y seamos misericordiosos con esta persona. [Silencio de oración]

Invoquemos ahora la intercesión de María, Madre de la Misericordia.”.

Es domingo, día del Señor, día consagrado a nuestro Dios, día para la alabanza, día para la alegría, día para el perdón. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
-«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos invita a poner nuestra mirada en la Cruz, concretamente en el crucificado, a darle el lugar que le corresponde en nuestra existencia, nos invita a elevar al Hijo del hombre. El Señor tiene que ocupar su puesto, tiene que ser glorificado.

Para adentrarnos en el misterio de la Cruz, acudo al Papa Francisco, que en el ángelus del 14 de septiembre de 2014 nos explica la fiesta que litúrgicamente celebramos:

“La iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Alguna persona no cristiana podría preguntarnos: ¿Por qué “exaltar” la cruz? Podemos responder que no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces: exaltamos la cruz de Jesús, porque en ella se reveló al máximo el amor de Dios por la humanidad. […] ¿Por qué fue necesaria la cruz? A causa de la gravedad del mal y toda la omnipotencia mansa de la misericordia de Dios. La cruz parece determinar el fracaso de Jesús, pero en realidad manifiesta su victoria. […] Y cuando dirigimos la mirada a la cruz donde Jesús estuvo clavado, contemplamos el signo de amor, del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De esa cruz brota la misericordia del Padre, que abraza al mundo entero. Por medio de la cruz de Cristo ha sido vencido el maligno, ha sido derrotada la muerte, se nos ha dado la vida, devuelto la esperanza. La cruz de Cristo es nuestra única esperanza verdadera”.

Al celebrar esta fiesta y clavar nuestra mirada en la Cruz, se nos invita a levantar con orgullo la Cruz Gloriosa para que el mundo vea hasta donde llega el Amor del Crucificado por los hombres, por todos los hombres. S. Juan de la Cruz, decía: “Si quieres llegar a poseer a Cristo, jamas lo busques sin la Cruz”, pues “el que no busca la Cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo”.

La Cruz nos muestra el valor del hombre a los ojos de Dios, Dios lo ha amado hasta el extremo, hasta entregar su vida. Quizá a ti Dios no te importa, ¡pero tú si le importas a Dios!. La Cruz nos recuerda que Dios nos habla en el silencio de nuestras propias cruces, en el silencio de la noche oscura de la fe. La Cruz de Cristo es la victoria de Dios. Desde la Cruz nos enseña el camino del amor que pasa por el perdón. Es toda una escuela de misericordia y de perdón. Desde el madero santo Jesús clamaba y mediaba e intercedia por sus verdugos: “No saben lo que hacen”. Es un camino de humildad, “aprended de mí que soy manso y humilde”. Exaltar la Cruz, es exaltar el amor de Dios por nosotros, es exaltar la victoria del amor y de la misericordia sobre el pecado, el egoísmo y la muerte. En la Cruz Jesús proclama la SED que tiene por nuestro amor, nos amó hasta el extremo, hasta dar la vida.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.