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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 11,19-27: ¿Crees esto?

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 11,19-27: ¿Crees esto?

Muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la fe de Marta. Ella fue la que acogió y sirvió al Señor, sin embargo, fue corregida por el agobio que llevaba, por quejarse que su hermana no le ayudaba, por afanarse por tantas cosas, el Señor le hace ver su corazón cargado de preocupaciones, activo, queriendo hacer, hacer… y le ayuda a poner prioridades, a valorar y saber escoger.

El pasaje evangélico que nos presenta la liturgia de hoy vemos al Señor ir a visitar a Marta y María ante la muerte de su hermano Lazaro, la muerte de un amigo, y ante la muerte de un ser querido son muchos los interrogantes que se suscitan, aprovechando el momento tan delicado, el Señor afronta una cuestión vital, la vida eterna, la resurrección de los muertos, e invita a Marta a creer, si crees veras la gloria de Dios. “¿Crees tú esto?” Esta es una pregunta que tarde o temprano tendremos que responder cada uno de nosotros. Dependiendo de la respuesta que demos, positiva o negativa, marcará nuestro estilo de vida, la concepción de la misma, nuestras opciones, nuestras respuestas ante los acontecimientos. ¿De verdad creemos y vivimos de acuerdo a nuestra fe? Creer en la resurrección y en la vida eterna nos lleva a vivir mas intensamente cada momento que se nos brinda, a percibir como un hermoso regalo cada día, el tiempo adquiere una repercusión de eternidad, no queremos desperdiciarlo o perderlo, los actos repercuten, tienen transcendencia, no podemos perder el tiempo, la paciencia de Dios nos posibilita nuestra salvación pero no podemos relajarnos en nuestra respuesta a su invitación, ya que el primero que sale perdiendo es uno mismo, no es lo mismo comenzar a vivir el cielo en la tierra, que no vivirlo, no es lo mismo vivir en la presencia del Dios vivo que no vivirlo, no es lo mismo acoger su amor y vivir de su amor que no descubrirlo, eso nos abre a interesarnos por la plenitud de los que amamos, no nos puede dar lo mismo que alcancen la salvación a que corran el riesgo de perderla, no es lo mismo vivir de tejas para abajo a vivir con la esperanza que nos libera de las ataduras de los bienes terrenos. La realidad de la resurrección y de la vida eterna nos impulsa hacia nuestros hermanos para que muchos más se encuentren con el Dios vivo, y muchos más acojan su Buena Nueva, su mensaje, su persona, su esperanza, su salvación, y el gusanillo por transmitir lo recibido, urge que no nos crucemos de brazos, mientras sigan quedando personas que no se han encontrado con tan inmenso amor, surge la cuestión: ¿Qué mas podemos hacer por la salvación de nuestros hermanos los hombres?

 En el Ángelus del 10 de abril de 2011, el Papa Benedicto XVI, comenta el pasaje evangélico para celebrar la memoria de Santa Marta: “En el Evangelio de hoy —la resurrección de Lázaro—, escuchamos la voz de la fe de labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Y Jesús replica: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá». Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño.

Pero hay otra muerte, que costó a Cristo la lucha más dura, incluso el precio de la cruz: se trata de la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con arruinar la existencia del hombre. Cristo murió para vencer esta muerte, y su resurrección no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura de una nueva realidad, una «nueva tierra», finalmente unida de nuevo con el cielo de Dios.”

El Papa Francisco, en la Audiencia General del 26 agosto 2015, nos destaca las visitas de Jesús a sus amigos y su relación con Marta: “La visita de Jesús, a quien querían mucho, era su fiesta. Pero un día Marta aprendió que el trabajo de la hospitalidad, incluso siendo importante, no lo es todo, sino que escuchar al Señor, como hacía María, era la cuestión verdaderamente esencial, la «parte mejor» del tiempo. La oración brota de la escucha de Jesús, de la lectura del Evangelio. No os olvidéis de leer todos los días un pasaje del Evangelio. La oración brota de la familiaridad con la Palabra de Dios. […] es Jesús quien viene entre nosotros, como iba a la familia de Marta, María y Lázaro.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13, 44-46: Lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13, 44-46: Lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene.

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor sigue hablando en parábolas y presentado el Reino de Dios, presenta la del tesoro escondido y la perla preciosa. Una vez más acudo a la reflexión del P. Francisco realizada en el Ángelus del 30 de julio de 2017: “En el primer caso se trata de un campesino que casualmente tropieza con un tesoro escondido en el campo donde está trabajando. No siendo el campo de su propiedad debe adquirirlo si quiere poseer el tesoro: por tanto decide arriesgar todos sus bienes para no perder esa ocasión realmente excepcional. En el segundo caso encontramos un mercader de perlas preciosas; él, experto conocedor, ha identificado una perla de gran valor. También él decide apostar todo a esa perla, hasta el punto de vender todas las demás. Estas similitudes destacan dos características respecto a la posesión del Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. Es verdad que el Reino de Dios es ofrecido a todos – es un don, es un regalo, es una gracia – …requiere dinamismo: se trata de buscar, caminar, trabajar. La actitud de la búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón queme desde el deseo de alcanzar el bien precioso, es decir el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida…La valoración del valor inestimable del tesoro, lleva a una decisión que implica también sacrificio, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubiertos, es decir cuando hemos encontrado al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificar por ello cualquier otra cosa… El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial, es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que solo el Señor puede donar…hoy somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma el corazón y nos abre a la necesidad y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles…”

En estas parábolas del tesoro y la perla preciosa, insiste mucho que lo dejaron todo, no se reservaron nada, es tan precioso lo encontrado que lo demás pierde su valor, resalta que lo hacen: “lleno de alegría”, no está planteado en clave de sacrificio, nos ilumina mucho la experiencia que tiene S. Pablo y nos narra en la carta a los Filipenses: “todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo.” (Filp. 3,8). Cuando habla de “perder”, desprenderse, hay que verlo en positivo, lo realizan llenos de alegría, no es tal perdida, no es tal desprendiendo , como muchas veces lo podemos entender, es que merece la pena dejarlo todo porque se sale ganando, nadie me llena como Él. A mí personalmente me ayuda compararlo con lo que ocurre cuando un chico o una chica se enamora, cuando conoce a la persona que le toca el corazón, cuando descubre al que le hace ver la realidad con otra luz, dicha persona que pasa por ese momento de enamoramiento no se plantea que tiene que “dejar” al resto de la humanidad por la que ha elegido, es que ni se lo plantea, sabe que como le llena la que ha tocado su corazón, el resto, pasan a estar en otra honda -podríamos decir-, no es que las considere basura, como decía S. Pablo, pero han perdido todo el interés, nadie te llena como la que amas y te ama, es la experiencia vivida con la relación con el Señor, nadie te ama como Él.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13, 36-43: Explícanos la parábola.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13, 36-43: Explícanos la parábola.

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy tenemos la gran dicha que sea el mismo Señor quien nos explique el significado de la parábola, agradecer a los discípulos su petición: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.».

Nada tenemos que añadir a las palabras de Ntro. Señor. Esta parábola nos hace ver la existencia del mal, que los que colaboran con la siembra del mal se hacen partidarios del Maligno, que tenemos que aprender a convivir con el mal pero no a aprobar el mal, que no nos corresponde a nosotros el juzgar, que tenemos mucho que aprender de la paciencia de Dios, que Dios sigue dándonos oportunidad para cambiar, que confía en que el mal no tiene la última palabra, que sigue esperando, que tiene que reinar en todos, que Él sigue llevando su obra, que necesitamos aprender a amar como somos amados por Él, que sigue siendo una obra de misericordia aceptar los defectos de nuestros prójimos, que esas mismas limitaciones de los que nos rodean se nos brinda para tener una oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos, para dejarnos podar, y que Dios obre en nosotros capacitándonos a amar lo que humanamente no nos atrae.

El Papa Francisco en las homilias diarias de Santa Marta, comentó este pasaje evangélico: “Los cristianos están llamados a ser como Jesús, que vino a nosotros para pacificar y reconciliar. Si una persona, durante su vida, no hace otra cosa que reconciliar y pacificar, se le puede canonizar: esa persona es santa. Pero, debemos crecer en esto, debemos convertirnos: nunca una palabra que sea para dividir, nunca. Nunca una palabra que traiga guerra, pequeñas guerras, nunca las habladurías… Cada vez que me viene a la boca decir algo que sea sembrar cizaña y división y hablar mal de otro… ¡morderse la lengua!…”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13,31-35: El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza … El reino de los cielos se parece a la levadura.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13,31-35: El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza … El reino de los cielos se parece a la levadura.

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con dos parábolas: la del grano de mostaza y levadura en la masa. Comparto la reflexión realizada por el P. Francisco en el Ángelus del 14 de junio de 2015: “A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la Palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza…En el lenguaje evangélico, la semilla es símbolo de la Palabra de Dios… como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así la Palabra actúa con el poder de Dios en el corazón de quien la escucha…con la imagen del grano de mostaza. Aun siendo la más pequeña de todas las semillas, está llena de vida y crece hasta hacerse “más alta que las demás hortalizas”. Y así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a formar parte de él es necesario ser pobres en el corazón; no confiar en las propias capacidades, sino en el poder del amor de Dios; no actuar para ser importantes ante los ojos del mundo, sino preciosos ante los ojos de Dios, que tiene predilección por los sencillos y humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que fermenta toda la masa del mundo y de la historia…”

Dios valora mucho, nada es pequeño para Él, su óptica no es la del mundo, ni su lenguaje es el de la eficacia, lo que lo hace grande es el amor que se ponga y eso si es transformador.

También hoy recordamos a los abuelos de Jesús. Una antigua tradición atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El nombre de Ana significa “gracia, amor, plegaria” y Joaquín el nombre significa “el hombre a quién Dios levanta”. Desde los primeros tiempos de la iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad. Todo lo que se conoce de ellos, incluso sus nombres, procede de la literatura apócrifa. Sufrieron mucho por no tener descendencia, suplicaron verse libres de las afrentas y que retirase de ellos la maldición de la esterilidad y prometiéndole dedicar su descendencia si Dios lo veía bien concederle entregársela a su servicio. Esta historia se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, se parece a la concepción de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 20,20-28: El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 20,20-28: El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy celebramos la fiesta de un apóstol, patrón de España, cuyo sepulcro se encuentra en Galicia. Según la tradición su afán por las almas le llevó hasta final de la tierra, del mundo conocido. Por esa misma tradición se dice que entro por nuestra diócesis por el puerto de Cartagena, experimento la dificultad de la aceptación del mensaje en sus oyentes y pidió la ayuda a la Virgen María, una noche cerca de los muros de la ciudad de Zaragoza, junto al rio Ebro, pidió luz para saber si debía quedarse o huir y de pronto se vio venir un resplandor del cielo, sobre la columna, se le apareció la Virgen María, cómo Nuestra Madre se le apareció en carne mortal para darle ánimos y recibió el aviso de erigir una iglesia en ese lugar, la actual Basílica del Pilar, consagrada a la Santísima Virgen María.

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la suplica de la madre de los hijos de Zebedeo (–Santiago y Juan-) le pidió al Señor lo más grande que se puede desear: el cielo. Como cualquier madre le pidió para sus hijos lo más grande, lo mejor. Le solicitó los mejores puestos, los de honor, en su futuro reino, un hijo a su derecha y el otro a su izquierda. Y vemos como es corregida por el Señor: “No sabéis lo que pedís”, cuantas veces creemos que nuestras suplicas no han sido acogidas, y quizás, deberíamos analizar que es lo que le estamos solicitando al Señor, no sé, es posible que nuestras peticiones se encuentren impregnadas del espíritu de nuestro mundo y también nos diga a nosotros, “no sabéis lo que pedís”. Sin embargo, al ver la reacción de los discípulos, que podemos intuir que fue fruto que en su interior también querían lo que la madre de los Zebedeos le había demandado al Señor, en ese momento aprovecha el Señor para proclamarles que el espíritu que debe movernos no es el del mundo, debemos aspirar al espíritu que mueve a Jesús, según el ejemplo de Cristo que no vino a ser servido sino a servir. Esto implica el entregarse en servicio desinteresado al prójimo, buscando el bien del otro, sirviendo a todos con verdadero amor.

El Papa Benedicto XVI dedicó unas catequesis a los apóstoles y en la Audiencia General del 21 junio del 2006, la dedico a Santiago el Mayor: “El nombre Santiago es la traducción de Iákobos, trasliteración griega del nombre del célebre patriarca Jacob. El apóstol así llamado es hermano de Juan, […] Este Santiago, juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos importantes de su vida.

[…] Santiago pudo participar, juntamente con Pedro y Juan, en el momento de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración de Jesús. Se trata, por tanto, de situaciones muy diversas entre sí:  en un caso, Santiago, con los otros dos Apóstoles, experimenta la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, y ve cómo se trasluce el esplendor divino en Jesús; en el otro, se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, ve con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla haciéndose obediente hasta la muerte.

Ciertamente, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión de maduración en la fe, para corregir la interpretación unilateral, triunfalista, de la primera:  tuvo que vislumbrar que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no sólo estaba rodeado de honor y de gloria, sino también de sufrimientos y debilidad. La gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando en nuestros sufrimientos.

Esta maduración de la fe fue llevada a cabo en plenitud por el Espíritu Santo en Pentecostés, de forma que Santiago, cuando llegó el momento del testimonio supremo, no se echó atrás. Al inicio de los años 40 del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, como nos informa san Lucas, «por aquel tiempo echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan”.[…]

Una tradición sucesiva, que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla, habla de una estancia suya en España para evangelizar esa importante región del imperio romano. En cambio, según otra tradición, su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela.

[…] Por consiguiente, de Santiago podemos aprender muchas cosas:  la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la «barca» de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los Apóstoles el martirio.

Y al final, resumiendo todo, podemos decir que el camino no sólo exterior sino sobre todo interior, desde el monte de la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, como dice el concilio Vaticano II. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13,24-30: El reino de los cielos se parece…

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13,24-30: El reino de los cielos se parece…

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos revela la gran paciencia de Dios para con todos, “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”, la paciencia de Dios es nuestra salvación. El Señor en la parábola de la cizaña nos revela el proceder de Dios, sigue esperando la conversión del pecador, nos revela hasta donde es capaz de llegar la paciencia, llega a soportar el daño de la cizaña antes del riesgo de poder destruir algún grano bueno. Se nos invita a imitar el proceder de Dios, a crecer en paciencia, pero nunca, a aliarnos con el mal.

El Papa Francisco en el Ángelus del 20 de julio de 2014 abordó este pasaje evangélico: “La parábola del trigo y la cizaña afrontan el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios…La enseñanza de la parábola es doble. Ante todo dice que el mal que hay en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el Maligno. Es curioso, el maligno va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión; él va donde no hay luz para sembrar la cizaña. Este enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de tal modo que es imposible a nosotros los hombres separarlos claramente; pero Dios, al final, podrá hacerlo.

…segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los servidores y la paciente espera del propietario del campo, que representa a Dios. Nosotros a veces tenemos una gran prisa por juzgar, clasificar, poner de este lado a los buenos y del otro a los malos… Dios en cambio sabe esperar. Él mira el “campo” de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también los brotes de bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. Que hermoso es esto: nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos. Él nos perdona siempre si vamos a Él. La actitud del propietario es la actitud de la esperanza fundada en la certeza de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra.

… Pero atención: la paciencia evangélica no es indiferencia al mal; no se puede crear confusión entre el bien y el mal. Ante la cizaña presente en el mundo, el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, alimentar la esperanza con el apoyo de una firme confianza en la victoria final del bien, es decir de Dios…”

Que tengas un buen día. Es sábado, día especialmente consagrado a la Bienaventurada Virgen María, nuestra Madre, encomendémonos a Ella para que nos ayude a crecer en paciencia, esperanza y no nos falte la misericordia, que nuestra medida para con los demás sea generosa, y recordemos siempre que la medida que utilicemos con los otros, será la que Dios utilizará con nosotros.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Jn 15, 1-8: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 15, 1-8: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy celebramos la festividad de una santa, proclamada por San Juan Pablo II en el año 2000 copatrona de Europa, fue viuda y también fundadora, nos referimos a Santa Brigida. En la Audencia del 27 octubre de 2010 el papa Benedicto XVI nos ensalza su figura y su mensaje porque tiene mucho que enseñar –todavía hoy- a la Iglesia y al mundo. Estuvo casada y nos ayuda a apreciar una autentica “espiritualidad conyugal”: los esposos cristianos pueden recorrer un camino de santidad. Y el segundo periodo es cuando queda viuda donde intensifico su unión con el Señor a través de la oración, la penitencia y las obras de caridad.

En el Evangelio de hoy, nos resalta el permanecer, se nos invita a permanecer en el Señor, ya que el que esta unido a Él puede dar fruto, recuerda que sin Él no podemos nada, todo lo que podamos llegar a hacer es poco más que ruido, sin embargo, unidos a Él, experimentaremos tantas maravillas, la fuerza de su gracia, nos sorprenderemos de lo que podremos llegar a realizar, de su presencia, de su espíritu, de sus acciones en nosotros, tantas y tantas cosas. Todo don. Muchos motivos para el agradecimiento y la esperanza.

En la homilia del 3 de mayo de 2015, el Papa Francisco profundiza en este pasaje evangélico: “Esta es la vida cristiana: permanecer en Jesús. Y Jesús, para explicarnos bien qué es lo que quiere decir con esto, usa esta hermosa imagen de la vid: “Yo soy la vid verdadera, vosotros los sarmientos…”Sencilla, sencilla la imagen. Permanecer en Jesús significa estar unido a Él para recibir de Él la vida, de Él el amor, de Él el Espíritu Santo. Es verdad, todos somos pecadores, pero si permanecemos en Jesús, como los sarmientos en la vid, el Señor viene, nos poda un poco, para que podamos dar más fruto. Él siempre nos cuida. Pero si nosotros nos separamos de ahí, no permanecemos en el Señor, somos cristianos de palabra nada mas, pero no de vida; somos cristianos, pero muertos, porque no damos fruto, como los sarmientos separados de la vid. Permanecer en Jesús quiere decir tener la voluntad de recibir de Él la vida, también el perdón, incluso la podada, pero recibirla de Él. Permanecer en Jesús significa buscar a Jesús, orar, la oración. Permanecer en Jesús significa acercarse a los sacramentos: la Eucaristía, la Reconciliación. Permanecer en Jesús -y esto es lo más dificil- significa hacer lo que hizo Jesús, tener la misma actitud de Jesús…Permanecer en Jesús es hacer lo mismo que Él hacia: hacer el bien, ayudar a los demás, orar al Padre, curar a los enfermos, ayudar a los pobres, tener la alegría del Espíritu Santo.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: JUAN 20,1-2.11-18: He visto al Señor y ha dicho esto.

EVANGELIO DEL DÍA:

JUAN 20,1-2.11-18: He visto al Señor y ha dicho esto.

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece el Señor consolando a María, le da un mensaje para los Apóstoles, la hace apóstol de los apóstoles. Y fue María Magdalena y anunció a los discípulos: ¡He visto al Señor!, y a continuación les contó todo lo que había sucedido. Nos imaginamos la alegría con que María pronunciaría estas palabras: ¡He visto al Señor! Todos estamos llamados a comunicar lo grande que el Señor actúa y hace por nosotros. No podemos, ni debemos acallar su obra en nosotros, tenemos que reconocer su paso en nuestras vidas y ser agradecidos.

El Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 22 de julio de 2012, profundiza sobre la figura de María Magdalena: “hay también una mujer de nombre María, originaria de la aldea de Magdala, en el lago de Galilea, y llamada por ello Magdalena. Hoy es su memoria litúrgica en el calendario de la Iglesia. Dice el evangelista Lucas que Jesús expulsó de ella siete demonios, o sea, la salvó de un total sometimiento al maligno. ¿En qué consiste esta curación profunda que Dios obra mediante Jesús? Consiste en una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona en ella misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación. El maligno siembra guerra; Dios crea paz. […] María Magdalena, ha experimentado a Dios en la propia vida y conoce su paz”.

También contamos con una catequesis impartida en la Audiencia General, por el Papa Francisco, sobre Santa María Magdalena, la realizada el 17 de mayo del 2017: “la primera en ver a Jesús resucitado: María Magdalena. […] El Evangelio describe a la Magdalena destacando enseguida que no era una mujer de entusiasmos fáciles. De hecho, después de la primera visita al sepulcro, ella vuelve decepcionada al lugar donde los discípulos se escondían; cuenta que la piedra fue movida de la entrada al sepulcro, y su primera hipótesis es la más sencilla que se puede formular: alguien ha robado el cuerpo de Jesús. Así el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino un robo que alguien desconocido ha perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía.

Después los Evangelios cuentan un segundo viaje de Magdalena hacia el sepulcro de Jesús. ¡Era cabezota! Fue, volvió… ¡porque no se convencía! Esta vez su paso es lento, muy pesado. María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y después por la inexplicable desaparición de su cuerpo.

Es mientras ella se arrodilla cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, que Dios la sorprende de la forma más inesperada. El evangelista Juan subraya cuánto es persistente su ceguera: no se da cuenta de la presencia de dos ángeles que le preguntan, y tampoco sospecha viendo al hombre a sus espaldas, que ella pensaba que era el guardián del jardín. Y sin embargo descubre el acontecimiento más asombroso de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: «¡María!». […] Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros Dios nos llama por el propio nombre: nos conoce por el nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. […] Y Jesús la llama, «¡María!»: la revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de cada hombre y mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vacío. […] hay un Dios cercano a nosotros que nos llama por nuestro nombre y nos dice: “¡Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!”. Esto es bonito.

[…] ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y así esa mujer, que antes de encontrar a Jesús estaba a merced del maligno, ahora se ha convertido en apóstola de la nueva y más grande esperanza. Su intercesión nos ayude a vivir también a nosotros esta experiencia: en la hora del llanto y del abandono, escuchar a Jesús Resucitado que nos llama por nuestro nombre, y con el corazón lleno de alegría ir y anunciar: «¡He visto al Señor!». ¡He cambiado de vida porque he visto al Señor! Ahora soy distinto que antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Señor. Esta es nuestra fuerza y esta es nuestra esperanza.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13 1-9: Les habló muchas cosas en parábolas.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13 1-9: Les habló muchas cosas en parábolas.

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece un genero literario: las parábolas. Al utilizar este estilo el Señor nos da ejemplo optando por la sencillez, así es asequible para todos, por los más doctos y también por los menos sabios, lo importante, hacer llegar el mensaje.

Comienza el pasaje de hoy con el gran poder de convocatoria que tenía Ntro. Señor, “acudió a él tanta gente”, que le llevo a tener que adecuarse para hacerse oír por todos, remediaron el problema subiéndose a una barca. No se cansaban de oírle, no le abandonaron, permanecieron, -nos dice el texto-, que “les habló mucho rato”, se acercaban a Él sin prisas, tendremos que advertir que cuando uno esta bien se suele olvidar del reloj, el tiempo parece que pasa más de prisa, algo no funciona cuando lo que nos ocurre es lo contrario, cuando quitamos nuestro tiempo a la oración, meditación, al contacto con su Palabra, a nuestras celebraciones…

La parábola que nos ofrece es la del sembrador, será el mismo Señor quien nos la explique, tendremos que agradecérselo a la sinceridad de los discípulos, al reconocer que no sabían, eso facilito que el Señor se detenga a explicarnos cada uno de los detalles de la misma. (lo veremos en días sucesivos con la “lectio” continua). Sin entrar en la explicación de la parábola, simplemente poner unos acentos e invitar a llevar a nuestra meditación, dos detalles que los ofrezco porque a mí me ayudan:
El primero, que el sembrador no selecciona el terreno de la siembra que no excluye ninguno, incluso para los que aparentemente no son terreno, los del borde del camino, también para ellos llega la semilla.

Y el segundo punto, tampoco exige la misma productividad a todos y tampoco se plantea que el que no rinda se elimina, ni tienen que dar todos lo mismo, y seleccionamos los que más den, resalta que “unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta”, lo importante es dar lo que cada uno pueda dar, recuerda el pasaje del evangelio que el Señor resaltó lo entregado por aquella pobre viuda, y dijo, que aunque aparentemente eran unas pocas monedas, pero había sido la que más había dado porque lo había dado todo. La mirada del Señor no es la mirada del mundo, no es cuestión de eficacia sino de entrega , de darse, de no reservarse nada, de entregarnos en totalidad.

Tal día como hoy, hace ya unos cuantos años, en el año 1990 recibía de manos de mi Obispo, -fue D. Javier Azagra Labiano- (Dios lo tenga en su gloria), quien con la imposición de manos y la oración consacratoria me hacia entrega del gran regalo, y el gran don, del sacerdocio ministerial. Me faltan palabras para dar gracias a Dios por su inmenso amor, por hacerme instrumento para el perdón de los pecados, habiendo sido adquirido como vehículo donde se derrama su gracia, y testigo privilegiado del milagro de la Santa Misa, de su presencia real en la eucaristía. Con el ministerio recibido resuena la llamada a ser “alter Christus”. Actuando en persona Cristo, al pertenecer y configurarse con Cristo, ya deja uno de pertenecerse, y pasa a ser solo de Cristo, y su vida es un servicio por Él a la comunidad, a los hermanos, a todas las gentes. Estoy convencido que quien ha estado grande y sigue estando es Ntro Señor, he podido experimentar que quien ha sido fiel, quien me ha protegido, quien me ha consolado, quien me ha sostenido, ha sido siempre Él. El mérito de mi perseverancia es suyo. A mí solo me toca darle gracias, seguir confiando en que la obra es suya, aprender a abandonarme en Él y a no fiarme de mis fuerzas. Te invito a dar gracias al Señor porque sigue llamando e invitando al seguimiento en esta vocación, y para que nos bendiga con santas y buenas vocaciones al sacerdocio.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA Mt 12, 46-50: El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 12, 46-50: El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor propone algo esencial para la vida de un cristiano, hacer la voluntad de Dios. Buscar lo que Dios quiere. En la oración que el Señor enseñó a los discípulos, una de las peticiones es: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Éste es camino de la santidad, del cristiano – dice el P. Francisco en la homilía de S. Marta- que el plan de Dios sea realizado, que la salvación de Dios se cumpla. Nadie como la Bienaventurada Virgen María realizó el plan de Dios en su vida, toda su existencia fue un HAGASE, que se cumpla en mí tu Palabra. Sin embargo, no es fácil. Repitió varias veces el Papa. No fue fácil para Jesús que sobre esto fue tentado en el desierto y también en el Huerto de los Olivos, sin embargo nos dio el testimonio: “No se haga mi voluntad sino la tuya”, No lo que yo quiero sino lo que quieres Tú. No es fácil para el cristiano, no es fácil para nosotros, desde el momento que “cada día nos presenta tantas opciones sobre una bandeja”. De ahí que se haya preguntado: ¿Cómo hago para hacer la voluntad de Dios?. Pidiendo la gracia de querer hacerla. Desde la oración, y con una disponibilidad a dejarnos sorprender por Dios, no es cuestión de lo que a mí me parece sino de escuchar lo que Dios quiere, importante solicitar que sea el Señor el que nos ilumine en el discernimiento y que no nos dejemos llevar por lo que nos gusta, sino buscar lo que agrada a Dios.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.